¿Paralización Efectiva?

viernes, 11 de julio de 2008

El paro convocado por la CGTP y otras organizaciones gremiales llevado a cabo el último 9 de julio tuvo como punta de lanza los derechos laborales, sin embargo, como toda huelga política tiene el objetivo de desestabilizar a los gobiernos de turno.

Huelguismo Utópico

Era una época utópica para los gremios de trabajadores, dirigidos por la izquierda de entonces. Parecía algo irreal, la última huelga cuyos impactos llevarían a que el gobierno militar de Morales Bermudez considerara regresar el poder a lo civiles.

Es verdad, fue una de esas movilizaciones “nacionales”, masivas y con una sola consigna. Pero esos fueron los tiempos añejos, aquellos que ya no volverán. Por muchas razones:

Tras esto el Perú vivió un proceso de violencia política por parte de un parte que pertenecía a la casta izquierdista “Sendero Luminoso”. Con esto vino la eventual timidez de la izquierda formal y sus gremios de denunciar las acciones de SL. Sumado a eso, las huelgas fueron reprimidas por el gobierno de Fujimori y Montesinos. Eso por un lado.

Otro punto. La sociedad peruana, junto con la mundial ha cambiado de visión y las huelgas ya no son bien vistas, en tanto los pocos resultados que han producido en los últimos 18 años (o algo más acaso) Sumado a eso, se debe tener en cuenta que estas marchas, totalmente legales dicho sea de paso, son vistas por la población con actos de violencia, bloqueo de carreteras, ataque a aquellos que desean trabajar, etc.

También es necesario remarcar que las organizaciones que convocan las mentadas marchas nacionales son siempre las mismas, las cuales no tienen ni mucha aceptación ni mucha representación en la población. Los tiempos han cambiado, buena parte de la izquierda mundial ha reformulado postulados en base a la realidad objetiva contemporánea, pero estas agrupaciones no, se han quedado desfasadas con discursos cuasi jurásicos de tiempos guerrilleros que por más románticos que sean ya nadie anhela ni desea, en especial en un país asolado por el romanticismo mesiánico de Sendero Luminoso y su abismo ideológico.

¿Incendiar la pradera?

Pero esas huelgas quedaron en el pasado. La última que se recuerda en lo que va del siglo XXI en nuestro país fue la de julio del 2004 que tuvo un impacto relativo. Esta, sin embargo, la del pasado 9 de julio no se sintió en lo más mínimo. Quizás por la crítica que la prensa liberal masiva hizo a esta manifestación. Pero también por la poca cogida que tienen la CGTP y demás organizaciones que convocaron al paro.

Las palabras del señor Huamán, secretario general de la mencionada organización gremial expresó que esta huelga sería pacífica, y en buena medida cumplió su palabra, en la capital (salvo algunos episodios aislados de violencia) sin embargo, en el interior del país la situación fue muy distinta, la violencia vino por ambos lados, provocada por los huelguistas y por las fuerzas policiales. Esto, por un lado era previsible.

Existe también otro Huamán, aquél que en las bases de su gremio insta a derrotar al gobierno, a tumbarlo, palabras incendiarias por demás decirlo pero carentes de objetividad.

El ojo del que no ve la realidad

Apelaré a esto mis viejas lecturas marxistas y también al uso del sentido común respecto a estas declaraciones del señor Huamán.

Con esos postulados el señor Huamán, en los hechos, no podría tumbarse no un gobierno local, y que esto no produzca risa porque no es una exageración, es totalmente real pues, para eso debiera haber una situación de descontento generalizado no un movimiento espontáneo dado que todo lo espontáneo está predestinado a fracasar parafraseando un poco a Lenin.

Segundo; por lo mismo que no hay una situación revolucionaria o de descontento en ebullición no pueden aprovechar con sus predicas para ganarse a la población porque, sea como sea la gente vive cada vez mejor (aunque es verdad que los índices de pobreza y pobreza extrema siguen siendo elevados) y esto reduce mucho más que las predicas “revolucionarias” (revolucionarios no existen ya) sean acogidas por un pueblo cuya nivel de vida es medianamente cómodo.

Tercero; que el pueblo peruano, teniendo en cuenta lo sucedido con Sendero Luminoso, es precavido y temeroso de palabras que se asemejen al mensaje que en los años 80 y parte de los 90 SL propalaba para expandir su denominad “Guerra Popular”.

Cuarto; y esencial para entender porque las actuales huelgas realizadas casi todas por estos grupos, es que las máximas que declaman, sus planes, sus nombres y hasta sus actitudes (de partido y organización) no son compatibles con las aspiraciones de una sociedad peruana que aspira a la modernidad. Este discurso ha encontrado simpatía entre aquellos que añoran el pasado romántico del ideal del socialismo, personas, intelectuales con una tradición vertical y con pensamientos encasillados en los utópicos años 70 cuando estas organizaciones tenían un alto nivel de aceptación por la coherencia de sus ideas y acciones (en aquella época) Pero fue hace 30 años, los tiempos han cambiado con ella la población generando temor, rechazo al escuchar esos mensajes.

Encrucijada

Resulta un poco inquietante, desde mi punto de vista y de aquellos quienes se consideren o anhelen una izquierda renovada, que muchas organizaciones jóvenes, con postulados novedosos que desean alejarse de aquellos viejos estigmas y taras del socialismo peruano hayan salido a las calles de la mano de la CGTP, organización que por más histórica y revolucionaria que fuera en sus tiempos (es decir, los de Mariátegui y los años 70) hoy por hoy es una organización vertical que no aspira a reformular sus viejas ideas.

Preferible fuera que estas organizaciones nuevas con mucho que aportar al proceso peruano hubieran deslindado de este gremio y otros PCP`s tan solo para marcar distancias y para que la izquierda no fuera vista como “la misma chola” por los medios y la población, demostrando que hay un espíritu joven de renovación y revaloración dentro de estos novísimos movimientos.

A seguir es el ejemplo, y alejándome de cualquier tipo de apología, de SL al no querer participar en ninguna huelga convocada por movimientos y gremios de izquierda o como el rechazo rotundo a participar en la elecciones, con el fin de marcar su propia línea, su camino, distinto al de los demás. Eso es (haciendo las distancias obvias) lo que la “Nueva Izquierda” debe hacer respecto a la “Vieja Izquierda”.

¿Izquierda + Inversión?

El espíritu joven de una nueva izquierda no está en la edad, sino en las ideas. En ese sentido, alguien que es parte de esta minoría es Yehude Simon quien, con mucha lucidez expresa que la izquierda debe reformularse o de lo contrario más que ayudar al progreso del país lo está traicionando al encerrarse en vieja posiciones, sobre la interpretación de la realidad que no resulta acorde a los cánones contemporáneos.

En el mundo moderno, según Simon, y concuerdo con él la inversión es necesaria para el desarrollo de pueblos como los de Latinoamérica, y cita a dos mandatarios como ejemplos de esa nueva izquierda. Lula Da Silva en Brasil y Tavaré Vásquez en el Uruguay, quienes promueven la inversión pues entienden que esta es fundamental para el desarrollo pero con la diferencia que se trata de hacer una empresa social que genere no solo empleo sino desarrollo en aquellas poblaciones donde se encuentra funcionando, aquello de lo que nuestro país carece.

La izquierda renovada debe presentar una preocupación con el tema del medio ambiente, no tan solo por un ámbito de respeto a la vida, la preservación de nuestra especie y la generación de conciencia al respecto, sino, porque el tema ambiental puede generar grandes beneficios a los Estado, si es que estos saben mover sus fichas. En ese sentido se mueve la empresa social, un doble sentido, un plus al tema meramente comercial.

Si la izquierda no entiende que la inversión es un punto esencial, aquellos partidos que lleguen al poder con estas ideas estará condenando a sus países a retroceder mucho y caer de nuevo en viejos sistemas decadentes de varias décadas.

¿Paralización Efectiva?

La evaluación del gobierno acerca del paro fue la correcta, SIN MAYOR IMPACTO. Ahora la CGTP y compañía parecen salir el próximo jueves a las calles nuevamente a hacer sentir la ínfima voz que poseen en el pueblo.

La verdad es que al gobierno no le preocupa las repercusiones de esta u otras huelgas, porque no son una fuerza que pueda hacer una oposición real sino fantasmal, son como esos perros que ladran y ladran no llegando a morder nunca y ¿por qué? Pues porque el pueblo no les presta la menor atención, eso el APRA y el gobierno lo saben. La única cuestión que les preocupa es dar la impresión que pueden hacer todas las marchas que deseen, aunque está más que claro que les incomoda las marchas, de lo contrario no hubieran sacado spots en los diversos medios para combatir esta movilización.

El balance, en tanto de la CGTP es de positivo, pero creo que están un poco alejados de “su realidad”, pues no son una organización fuerte, la población mira con apatía y hasta desprecio a estos personajes, a ellos, sus huelgas, y eso es un hecho. Se supone que en política si los actos no tienen el visto bueno del pueblo no tienen ningún fruto. Eso, se supone lo saben, pero ese triunfalismo incoherente con los hechos solo demuestra que están desconectados en sus alrededores, asumiéndose en un papel que ya no juegan porque simplemente ese papel, el de vanguardia, no existe o no tienen la capacidad coercitiva, política, social e ideológica para hacerlo.

La violencia es uno de los tantos medios para conseguir el poder, pero ese medio en el Perú se ve desprestigiado y las huelgas, aunque no lo sean implícitamente, en el imaginario de la población tienen ese componente, el gobierno lo sabe y lo aprovecha al máximo. Otra huelga más no traerá sino mayor descrédito para la CGTP junto a las nuevos movimientos de izquierda y el afianzamiento del régimen actual.
Más que manifestaciones sin sentido, sin ningún apoyo salvo el partidario, es momento que estas organizaciones se sienten a la mesa comenzando a hablar puntos de vital importancia para nuestro país, entre ellos el viraje que darán para hacer de este país mucho mejor, pero eso, siempre y cuando acepten el desafío de avanzar y no quedarse treinta años atrás.

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