Mitos y verdades sobre el imperio de los Incas

domingo, 29 de junio de 2008

Cuando niño, recuerdo que hablar de los Incas era como rememorar una época de ensueño en el Perú, donde los hombres eran solidarios entre si, donde no habían pobres ni los males de los cuales si sufrían otras civilizaciones como la occidental.

La historia del Perú escolar se encargó de mostrarnos el rostro utópico que a mediados de 1532 uno barbones invasores provenientes de la lejana península Ibérica se encargaron de destruir para imponer su rudimentario sistema feudal cuya decadencia ya era latente en el Viejo Mundo.

Pero la realidad con respecto a la última cultura de toda la tradición andina es mucho menos romántica y, por el contrario, es mucho más cruda y consecuente con las ambiciones de todo Estado imperial aquí y en todas las partes del mundo.

La verdad del origen

Lo común es escuchar el origen de los incas en dos tradiciones orales conocidas por todos: las de Manco Capac y Mama Ocllo; y las de los hermanos Ayar.

Dejando de lado el mito, la verdad es que la etnia Inca tiene su antecedente próximo en el reino Puquina, conocido también como Tiahuanaco, cuya capital Taipicala fue arrasada por tribus aymaras de la actual Bolivia en el siglo XIV obligando a esta población a migrar hacia el norte ante el avance incontenible e indestructible de estas hordas, asentándose en el valle del Cusco rodeado de una variedad de pequeños reinos, todos hostiles a los advenedizos.

Las tradiciones arriba mencionadas, sirvieron como propaganda política para el ambicioso y cada vez creciente poder Inca en la región, para justificar su anhelo expansionista y el hecho que fueron designados por el dios Sol (Inti) para civilizar al mundo andino que se encontraba sumido en la guerra, la depravación y la barbarie.

Complejos milenarios

Otro mito es que en el Tahuantinsuyo no existía la discrimnación. Cosa que es muy alejada de la realidad. Lo cierto es que la etnia Inca era una casta clasista y racista.

Es común que cuando un Estado conquista a otro el vencedor se crea superior. En nuestros antepasados Incas esto no fue la excepción, y sumado a eso se encargaban de convencer a los curacas de las naciones conquistadas que ellos venían con un fin civilizador para el cual se encargaron de demostrarlo por medio de mitos y leyendas concebidos para su beneficio en el donde el Sapainca (emperador o rey de reyes) quien, como hijo del Sol, garantizaba el orden de las cosas en la Tierra como único intermediario entre el hombre y los dioses.

Marginó a muchos pueblos por considerarlos peor que animales a los cuales desterraron en masa para hacerlos comer las sobras de los sacrificios que hacían a los dioses. Un pueblo que tuvo que soportar este destino fueron los Uros, ubicados en la sierra central del Perú, quienes fueron dispersados en masa a zonas alejadas sufriendo este destino.

Para la élite Inca era inconcebible que un aristócrata se mezclara con alguien de menos estatus. Era una deshonra hacerlo, tan grande que para evitar la vergüenza muchos optaron por quitarse la vida.

Organización y tecnologías inalterables

En el mundo andino siempre han existido, desde que se tiene recuento de civilización alguna (Caral-Chavin) formas de organización milenarias así como técnicas agrícolas que perduran en nuestros tiempos incluso hasta hoy.

En ese sentido lo civilización Inca no se preocupó por innovar, esta lo hacía siempre y cuando beneficiaria al Estado, en sus réditos. Los andenes y demás sistemas de regadío son métodos desde hace siglos. El ayllu, organización comunal se la puede rastrear desde Huari y Puquina, del mismo modo que utilizaron la visión dual de esta última: Urin y Anan.

Quizás la única innovación de la etnia Inca fueron los caminos, aunque estos ya existían anteriormente, fueron los tahuantinsuyanos quienes perfeccionaron su elaboración y la expandieron por todo su territorio. Pero, que se sepa que esto no tenía un fin social, ni mucho menos. La intención del Estado era comunicar a las llactas (ciudades), el transporte de comunicaciones por medio de chasquis y el desplazamiento de las tropas para reprimir y conquistar. Es más, los jantunrunas (pobladores) estaban impedidos de transitar por dichas vías.

La realidad de los Vencidos

Uno de los aspectos desconocidos sobre el imperio de los Incas es que fueron grandes opresores y represores. Para mantener su “pax” recurrieron a comprar la subordinación de las naciones conquistadas por medio de regalos y demás. Sin embargo, hubo pueblos que a pesar de dichos obsequios no quisieron ceder su libertad y en más de una ocasión se levantaron contra el poder imperial, siendo contenidos con una brutalidad paternal. Cuando esto sucedía y para garantizar que no se volviesen a insubordinar se optaba por desplazar a pueblos enteros con dirección a lugares tan distantes; como sucedió con los Chachapoyas que en más de tres oportunidades se alzaron en armas siendo deportados a lugares tan diversos como las costas de Ica o a las riveras del lago Titicaca, llamado en aquél entonces Puquina Cocha.

Muchos profesionales en los Incas han argumentado en el pasado que en el Tahuantinsuyo no existió la esclavitud cayendo en una verdad a media pues, si hubo esclavitud, pero no de modo sistemático y organizado como en Europa y Asia.

Los “pinas” eran aquellos desafortunados (ladrones reincidentes, rebeldes, lacras sociales, etc.) que eran condenados a trabajar en los cocales de ceja de selva para el Estado en uso ritual. Las condiciones de vida sumamente extremas en dichas zonas y el trato que recibían argumentan que existió esclavismo, pero es verdad que esto no era algo de lo que el incanato se basara como modo de producción, Inclusive algunas leyendas y notas de cronistas españoles dan a conocer que el uso de pinas no se acrecentaba, por el contrario se mantenía estático.

Una reflexión Final

La civilización incaica fue el último aliento de toda la tradición andina milenaria en el Perú que se vio truncada con le llegada de los españoles. Muchos historiadores señalan que se estaba gestando una especie de sistema feudal muy primario que quizás sin la llegada de los colonizadores se hubiera llegado a concretar. Pero, al final de todo, esas son solo teorías.

No podemos negar que el Perú antiguo tuvo muchos reinos e imperios que nacieron, desfallecieron y emergieron otros más. Los Incas fueron una síntesis de sus antecesores, tomaron lo mejor de ellos y lo adaptaron a sus intereses de Estado en franca expansión. Dominaron pueblos mucho más refinados y sabios que ellos (como los Chincha y los Chimú) adaptando sus modos, posturas no por eso viéndolos como sus iguales. Se centraron en tener una nación fuerte, con una capital centralizada y divinizada para no repetir el amargo episodio de la destrucción de Taipicala.

Sus emperadores dominaron la tierra que conocían con mano dura y un despotismo propio de una mentalidad vertical donde no había cabida al reclamo, las ordenes del sapainca por muy draconianas que fueran se tenía que obedecer, pues pensaban que el hijo del dios Sol no podía tener una visión propensa el error.

Al discernir sobre la importancia de esta cultura no podemos más que aprender de ella, de sus logros, sus errores y también poder entender a nuestro amado Perú que desde en esas épocas la unidad no existía. Una prueba de ello la encontramos al momento de llegar Pizarro y sus hombres al Perú las naciones conquistadas se levantaron de inmediato contra el poder Incaico. Esa fue una de las razones por la cual la etnia Inca sucumbió tan rápido.

Las lecciones que nos deja la historia no son las de retomar viejas glorias que son incompatibles en nuestros días, sino las de entenderlas y tratar de ser una nación mucho más unida y eso empieza por compartir el orgullo de un glorioso pasado histórico que ha tenido episodios sangrientos, brutales y a su vez ha desarrollado lo mejor del ingenio humano ante la adversidad como lo hicieron nuestros antepasados. Eso que nos sirva para nosotros ser creativos una vez más y construir nuestro propio progreso.

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