Canción de un recuerdo fragmentado (no es un verso)

miércoles, 30 de noviembre de 2011




Hoy se despierta el día lleno de un sol ansioso, agrio, dulzón y poco feliz. Hoy es cuando el viento frío se congestiona, se torna húmedo, meloso, infructuoso, portador de ese pavor que abraza al cuerpo, que engulle los sentimientos.

Esta es una mañana donde todo es ambivalencia, donde el sol inclemente resulta un espantoso hedor de gélida nostalgia, como esas mañanas de agosto cuando los pies cruzan las calles repletas de frondosas neblinas, donde una luz matinal artificial resulta perdida, insuficiente con lo gris y turbio de su amanecer.

II (hermosa)

Es una mañana hermosa donde todos los pensamientos fluyen insuflados por esos instrumentos repletos de sin sabores, repletos de sentidos, inconscientes de su poder, cuando todo ritmo se vuelve un compás fúnebre yo tan solo pienso que esta es una mañana hermosa para morir; desfallecer en los brazos de alguien que no existe, en los brazos de alguien que no es, no fue y nunca será porque, en mañanas bellas como esta, uno entiende que, de vez en cuando, uno está vetado por algo superior a ciertas emociones, ciertas experiencias, ciertos amores.


III (muerte)

Morir, morir, morir en la punta de mi boca un cigarro suicida, de esos que aún no logro discernir, porque todo vuelve a su sitio en este desorden ordenado; la vida es nada cuando esta se cierne desierta, negada en sus expresiones naturales; oh, cuánto he llorado en días como estos, cuánto me ha pesado el pecho sentir algo, cuán flagelante puede resultar despertar y sentir los ojos tan pesados que ni siquiera el propio Atlas pudiese soportarlo.

Como si fuera todo, como si fuera nada es esta existencia penosa; no entiendo de poemas, no entiendo de versos cargados, solo entiendo de prosas y sensaciones desmenuzadas, no suelo reducir las cosas que emanan, que me irradian, mas que fatal es ser víctima de los resúmenes sentimentales de tus verdugos del corazón.

IV (Sabia)

Pero la vida es sabia, más cruenta y lúcida que toda la humanidad en su esplendor y crueldad, que los hombres bobos y las mujeres sufridas, que los machos cariñosos y las hembras furtivas, no puedo negar que en todo acto hay demasiada sabiduría contenida, que en cada hoja, raíz o fruto se encuentra la semilla del conocimiento, donde el amor mismo no puede llegar siquiera. No, no estoy unido a nadie, ni a la tierra, ni a mis pares, ni siquiera a mi mismo, porque me odio como a nadie he odiado en este universo y me amo como he amado y amo a esas mujeres que me dieron la vida, a las que dieron tanto y cuanto por mí, a las que hice sufrir, a las que me hacen sufrir, a las que me ignoran caídas en su rampante egoísmo.


V (Suenas linda)

Hoy suena cerca a mis oídos un piano lleno de melancólica naturalidad, al fondo un violín austero, muy certero que despliega su mutismo hermoso. Yo no se, no lo se. Es que todo es tan inmenso que no puedo contenerlo, que no cabe ninguna emoción en mi pecho, que ni mi cuerpo es espacio suficiente para ello, quiere reventar, explosionar todo mi ser. Quizás ser esencia y no forma sea el destino de la vida para mi, quizás hoy esta materia no baste para coexistir conmigo mismo, quizás amar y querer sepan mucho mejor dejando de lado toda norma de peso y gravedad.

VI (a media mañana)

Hoy ya es media mañana, y sigue siendo una hermosa para morir, ¿a quién le importa existir si una caricia no puedo palpar tu (mi) rostro? ¿Qué sentido tiene “ser” cuando nada sustenta tus propias emociones? ¿Cuál es la razón para caminar a tu lado si no puedes ver quien soy en realidad? Ninguna. Todo es fatuo, todo cae en un eterno “oblivion”.

VII (cuando desaparezco)

Morir, morir, morir con cada respiro, con cada estimulación espontánea, desvanecerse en esa frondosa capa de dolor que se pliega a todos tus miembros, a todos tus órganos, que exuda con cada mirada, que sonríe con cada respiro, que se mofa con cada aliento. Hay vida en la muerte y hay muerte en la vida. No es una contradicción, es una concesión que por ley natural nos toca a todos sentir y a muchos negar.


VIII (lejos de este mundo)

No quiero al mundo, a pesar que el mundo me quiere a mí; ¿es malo el nihilismo que yo decanto y siento desde que mi mundo es mi mundo? Es como esas tomas típicas en otoño; atraviesas un portón antiguo que da paso a un sendero rodeado a ambos lados por frondosos árboles cuyo camino se encuentra revestido de hojas magras de sonidos chispeantes cuando pases y las ves aplastarse. Es como si en su crujir contuviera toda la fuerza del mundo, todo el dolor, toda la alegría de saberse marchitas, extintas, pero tan hermosas como el hecho de no saber si algo durará por siempre, porque en la duda está el gusto de vivir, la certeza de que algo es, que algo se extenderá hasta la eternidad desplaza el espíritu del hombre, lo vuelve tonto, bobo; la vida no tiene sentido cuando todo está dicho. La eternidad, lo eterno son ilusiones que las personas crean para sentirse aliviadas por la incertidumbre misma de la existencia, la incertidumbre si esto durará, si mañana vivirás, si mañana morirás ¿moriré?

IX (escaso de amor)

No quiero que alguien se voltee hacia mí y me vea con ojos que no deseo; nada es peor que tener tu corazón apartado de alguien a quien nunca le podrás obsequiar la intensidad de su sentimiento (ahora entiendo el otro lado de la moneda). Por eso, mueran, mueran, lo siento, es difícil entender aquello, pero no soy un tipo de pertenencias, pues tan solo siento que pertenezco a mí mismo.

X (con la esperanza desvanecerse al regresar ".")

Hoy es una mañana de primavera ¿sabes? Y la detesto porque me hace sentir mal. Es hermoso pasar por este gris fantasmal de la ciudad y ver a su lado, solitario, las flores menear sus hojas de colores vida al ritmo que el viento les ose retar; cuán maravilloso es andar como un muerto en vida al lado de otros muertos cuyos ojos nunca se preocupan por los demás y ver el rostro de una criatura, un infante sonreír, hacer un puchero, o simplemente, mirarte lindo con curiosidad; qué hermoso es cerrar los ojos y pensar en ese cielo celeste infinito (ese que no es de acá) lleno de esas nubes blancas cristalinas como si fueran copos de nieve, la noche oscura con luna eterna y seductora rodeada de un sinfín de estrellas como eternos acompañantes luminosos que algún morirán, explotarán creando muchas más. Qué trágico es llegar a casa y sentir que todo ello es fugaz.


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