Amarillo y Chicha

martes, 24 de febrero de 2009

Pocas veces suelo hablar sobre periodismo en “Manifiesto Bizantino” no es que no sienta pasión por mi carrera, todo lo contrario, esta me genera mucha emoción, sobre todo en el tipo de temas que realizo.

No está demás decir que mi estilo es resueltamente atemporado a lo noticioso, pero creo tocar algunos temas de interés.

Mi renuencia a hablar de temas periodísticos se debe a la coordinación de mis puntos de vista como tales. En tal sentido, dejo eso a los debates académicos los cuales nutren esta profesión maravillosa de aquello que se llama teorización, tan necesaria en le periodismo peruano donde abunda tanto empirismo malsano que lleva a cualquier “hijo de vecino” a dedicarse al oficio de informar, interpretar y analizar.

Una delgada línea roja

En esta ocasión quiero tocar un tema que es muy debatible dentro de la profesión periodística, no solo en el ámbito académico, también en la opinión pública: Me refiero al derecho de la privacidad de la personas públicas, ya sea del espectáculo, las artes, la política, etc.

Es verdad que la vida pública está limitada por ciertos patrones en los cuales los ojos de los periodistas no deberían inmiscuirse.

¿Por qué no inmiscuirse en la vida íntima de un personaje público? La razón yace en el respeto de la privacidad de toda persona por muy conocida que esta sea. De tal modo, la vida de los artistas, políticos y demás interesa siempre y cuando esta genere una noticia de interés dentro de su desempeño público.

En el Perú el referente obligado de lo que el periodismo de cloaca hace con la intimidad de los famosos es el archiconocido programa de Magaly Medina, “Magaly TV”.

Esta señora lleva más de diez años en la televisión peruana dedicada a una sola cosa: entrometerse en la vida íntima de la gente de la farándula. De este modo se institucionalizó el famoso “ampay” que se refería a capturar infraganti a una de estas personas en una situación comprometedora (ya sea ebrio, teniendo una relación impropia, entre otras) para luego ser divulgado.

Este modo de hacer periodismo en el Perú marcó todo un estilo en el sensacionalismo capitalino. Si bien es cierto que empezó en los años 80 con “Ojo” nada se comparó a lo que la señora Medina y sus esbirros, los llamados “diarios chichas” hicieron en los 90, década del Fujimorismo.

Chisme = ¿Noticia?

Así, la prensa “seria” vio una competencia mayor y barata (0.50 céntimos cada diario) donde los titulares ya no eran sobre el quehacer político nacional o internacional, ahora las portadas se veían recubiertas con mujeres de grandes proporciones en sugestivas poses, escasas de ropa; la última borrachera o escándalo de un afamado futbolista o la “bronquita” entre dos personajes de “Chollywood”.

Pero cabe la pregunta ¿Esto es en verdad noticia? Para saberlo definamos, primero, qué es noticia.

Noticia es todo hecho periodístico de actualidad que tiene cierta relevancia social. Entre sus características debe poseer objetividad, veracidad, claridad, novedad, prominencia, interés humano, etc.

Dicho esto y mencionada algunas de sus particularidades, los ampays al estilo diario chicha y Magaly TV es probable que lo único que posean es novedad pues, la objetividad en ellos así como la veracidad son muy dudosas. Ya está comprobado que muchos ampays han sido arreglados o cuyo realismo es dudoso. En lo relativo a la prominencia genera un interés por ser estos personajes conocidos. Sin embargo, no es noticia aquello que hagan en su vida íntima (no tiene importancia si estos se emborrachan, tienen amantes, son homosexuales, etc.) En tanto que el interés humano de dicha noticia se ve nublado por el deseo morboso de indagar en los lados oscuros y negativos de la vida personal.

El negocio de la chismería se hizo popular en el Perú, apareciendo en pantalla chica versiones que solo intentaron imitar el estilo impuesto por la Medina. Está de sobra decir que todos estos fracasaron.

Caso, EL TROME

Eso en lo que consta a la televisión. Caso contrario a la prensa chicha que, una vez caído el régimen de Fujimori (gestor de este tipo de publicaciones como órganos distractores y de represión política) siguieron en pie y, si bien muchas de estas cerraron muchas otras aparecieron, incluso, el Grupo El Comercio, afamados de ser todos unos señorones comprendieron la importancia de este nuevo tipo de prensa. Es así como aparece “El Trome”, el cual mucho más mesurado que sus pares chichas sigue esa formula de explotar el lado farandulero de la noticia, haciendo uso a la vieja pero efectiva receta de poner mujeres de grandes proporciones en sus hojas. Aunque aquí las noticias de interés nacional tienen un espacio importante, su lenguaje es mucho más sencillo y corto. Para no aburrir.

Es un poco irónico que sea esta publicación amarilla aquella que más dinero recauda para el grupo El Comercio, y sea la que hace posible que otros diarios como El Comercio y Perú.21 se mantengan todavía.


¿Qué Hacer?

Aún los dueños que dirigen estos medios no se han dado cuenta lo que podrían hacer si dejaran de lado las fórmulas embrutecedoras de la mayoría de sus publicaciones.

Muchos abogan por un cambio en el manejo de la información de estos medios. Y es verdad que deberían hacerlo, pues lo único que hace es generar desinterés por los problemas que el Perú sufre.

De otro lado, la farándula se ha visto expuesta por cientos de colones que solo buscan un protagonismo antes los medios sin medir sus acciones provocando así que el arte y todo lo relativo a ello, la creación de algo para el deleite de un público, quede relegado ante los escándalos personales y demás mofleterías que tanto perjudican el desarrollo del arte nacional, como tal.

Así mismo, es posible hacer periodismo popular, y este es un postulado que sostengo, haciendo de un lenguaje sencillo y conciso. Quizás el que remotamente se acerque a esto es “El Trome”, pero cae al final de cuentas en lo mismo. Y es que la delgada línea divisoria entre un diario popular y uno chicha no está bien definida, por el contrario, se suele pensar de ambas como sinónimos. Criterio errado, dicho sea de paso.

No cabe duda que entre tantas razones, la existencia de este periodismo “chicha” ha contribuido a la mala imagen, al descrédito que dicha profesión (como si no fuera ya sintomático que en el Perú actual todo carezca de confiabilidad y respeto) siendo percibida esta como acomodada, mentirosa, chismosa, entre otros adjetivos más.

Un compromiso ideal

Este cambio de rumbo editorial de estos diarios y programas, obviamente, les traería sobre todo pérdidas financieras. Y es que eso es lo que prima. Los medios dejaron de ser aquellos entes en los cuales la sociedad podía confiar para recibir buena información. Si bien es cierto que toda empresa tiene un fin lucrativo, y los medios de comunicación, son eso ante todo, se ha llegado a un punto de simplemente hacer de lado el sentido informativo, la responsabilidad social de estas empresas para enfocarse prioritariamente en un contenido que produzca réditos económicos. Eso, sin duda alguna a equívoco ha contribuido a lo que sucedió a partir de los años noventa con buena parte estaciones, diarios y emisoras de carácter periodístico o con espacios de esta índole.

Por eso, los periodistas, incluyéndome tienen una gran responsabilidad en un país como el nuestro, donde prácticamente toda institución estatal, privada o social se encuentra contra el desmedro de una sociedad desganada apática, idiotizada por los mass media.

Muchos de los líderes de opinión del gremio periodístico hablan de la política, pero es necesario cambiar radicalmente los contenidos que los medios de comunicación vienen difundiendo actualmente. Quizás ellos no puedan hacerlo ya, pero para eso toda una nueva generación joven, con visión de futuro y emprendedora puede revitalizar la calidad informativa de los distintos medios nacionales para así promover un cambio no solo en las estructuras del poder, también en las bases de la sociedad peruana misma.

La Teta Aclamada

domingo, 15 de febrero de 2009

La película peruana “La Teta Asustada” ganó el Oso de Oro a la mejor película en festival de cine de Berlín, conocido internacionalmente como “La Berlinale”, la cual obtuvo el premio de la crítica internacional del certamen.

El film es una obra de la cineasta peruana, Claudia Llosa, sobrina del peruano más universal, Mario Vargas Llosa. Llosa, ya tiene en su haber una producción anterior que llamó mucho la atención en la crítica internacional y que, sin embargo, fue duramente criticada por la prensa especializada nacional: Made in Usa, a la que se tildó de racista, fantasiosa, entre otros calificativos.

La Teta Asustada, es la segunda obra de esta joven cineasta que cuenta con tan solo 32 años y en ella relata la historia Fausta (interpretada por Magaly Solier), una niña que vive en las serranías del Perú. Ella sufre de un extraño mal; tienen un miedo inimaginable que la hace muy callada, inexpresiva y hasta fría.

Según la tradición, esta enfermedad la transmiten las madres a través de la leche materna quienes han sufrido de una violación y cuyo trauma es heredado a los hijos. En el caso de la película, la mamá de Fausta sufrió de violación en la época en que la subversión de Sendero Luminoso asolaba de muerte y depravación la sierra peruana donde, sumado a ello, la bestialidad de la policía y el ejército arremetía teniendo a la población rural en el fuego cruzado.

Así es La Teta Asustada, aquella que relata alejada de los típicos estereotipos al mundo andino, su cosmovisión, su manera de ser, esa eterna melancolía que parece estremecer el alma del poblador del ande se grafica en las escenas, en la trama, en el guión de esta película. Y eso fue lo que le valió para llevarse el Oso de Oro de la Berlinale, por encima de otras producciones, extranjeras, y los comerciales filmes estadounidenses quienes tienen detrás suyo la fuerte publicidad que los grandes estudios manejan. Aquí eso no valió, primó sobre todo la estructura y la visión de un buen film.

Es verdad, que el Perú es un país de modas, con una moral baja, llena de derrotas, una sociedad ávida de logros y, en este contexto, esta película insufla los ánimos y primeras planas.

Eso es ya sabido en nuestro país. A esta cuestión de moda, de momento, de hecho noticioso, hay que anteponer, pasada la euforia ¿Cómo apoyar al cine peruano? Ya no es novedad que la calidad del cine peruano de a pocos está mejorando, no solo en argumento, sino también en el tema estético, fílmico, etc. Pero es otra verdad, que hacer una buena película de calidad como lo es esta o “El Acuarelista” necesitan de apoyo económico que cuesta mucho trabajo conseguir para jóvenes cineastas (y no tan jóvenes también) con futuro pues el apoyo del Estado representado en instituciones como el CONACINE se hace efímero o insuficiente.

En este sentido el apoyo de la empresa privada es vital para apoyar el prometedor futuro del cine peruano, que permita que nuestro séptimo arte alcance niveles de calidad, primeramente, como los líderes cinematográficos a nivel Sudamericano como son Argentina y Brasil.

Sin embargo, esto depende del grado de conciencia que las instituciones respectivas del Estado y la empresa privada tomen respecto al tema pues, un país necesita del arte para desarrollarse, no todo es libre comercio, TLC`s, tratados internacionales. Un país mide su desarrollo no solo a nivel económico, sino también a nivel intelectual, a nivel cultural, no nos conformemos con este chispazo de fama que hoy nos toca, porque, SI, eso es, UN CHISPAZO. Solo con la promoción y fomento de nuestras artes estaremos compitiendo en todos los lugares y al mismo tiempo enriquecer nuestra identidad y nuestro orgullo de ser peruanos.

Recordando la importancia de leer a Mario

miércoles, 11 de febrero de 2009

Los primeros pasos antes de llegar a ti


Mi vida como lector empezó oficialmente al terminar la educación secundaria. Recuerdo que antes de finalizar el año 2002 me encontré curiosamente parado en frente del puesto de periódicos de la esquina de mi casa. No es algo que hiciera con frecuencia dados mis 17 años en aquél entonces.

Recuerdo que vi un libro que el diario “El Comercio” publicaba cada semana sobre autores peruanos. El título me pareció llamativo, “Yawar Fiesta” el escritor, José María Arguedas. De alguna manera y otra ese nombre me atrapó haciendo que corriera a mi casa a tratar de sacar esos 10 soles a m
i mamá y poder comprármelo.

Y así lo hice.

Antes de aquello yo era un lector colegial, por obligación. A la memoria me vienen El Príncipe y el
Mendigo, Paco Yunque y Corazón, que es la que más me gustó en la infancia.

Cuando mi vida universitaria en los estudios de periodismo hubo empezado (2004) ya poseía una colección de más de 20 libros, muchos de ellos los devoré, me marcaron como es el caso de “1984” de George Orwell.

Un dulce descubrimiento

Sin embargo, para cuando el 2006 se acercaba a su mitad y yo me encontraba en el sexto ciclo de mi carrera llevé una asignatura llamada Periodismo y Literatura. Dado mi gusto por la lectura asumí que me divertiría de lo lindo en dicho curso. Y, efectivamente, así fue.

Fue entonces, cuando el profesor de la asignatura nos mandó a leer a un
autor ampliamente reconocido en el Perú (su país de origen) y el resto del mundo, Mario Vargas Llosa, con “El Pez en el Agua”. Debo decir que siempre tuve reticencias de leerlo por mis sesgos ideológicos de ese entonces que, obviamente, obstaculizaron mi posterior deleite intelectual.

Cuando hube comprado dicho libro, mis pensamiento acerca del mismo de confundían, cuestionaba si la compra hecha valdría la pena. P
ara mi, Vargas Llosa era un “burgués liberal apestoso” y el simple hecho de comprar una novela suya implicaba en mi obtusa mentalidad dogmática una ALTA TRAICION.


Temeroso abrí la tapa, comencé a leer con ese recelo de que alguna de sus ideas capitalistas fueran a envenenar mi santa concepción izquierdosa de la realidad. Y, así como los vientos del invierno limeño traen consigo un aire fresco y vivificador, El Pez en el Agua no hizo sino conmover mi sentido estético y estructural de lo que era la literatura. Entonces cambié.

ACLARACION: no dejé de ser en ese entonces izquierdoso, eso vendría, posteriormente en el 2008.

Cambié mi manera de ver las cosas, aprendí a distanciar las ideologías de lo artístico en todo ámbito pues, en el
pasado, mi noción del arte tenía que servir a un fin social determinado por una cierta ideología de la realidad. Está claro que esa “ideología” comprendía exclusivamente un ideario político, quedándose enmarcado en un dogmatismo que, con el tiempo, comprendí era demasiado subversivo (es decir dañino) para una persona de mis características.

Ese es el legado que Mario Vargas Llosa dejó en mi persona. Pero allí acaba todo.

Vargasllosiano


Tras terminar la jugosa lectura de El Pez en el Agua en cual relataba los hechos de cómo “Varguitas” decidió involucrarse en la política peruana en 1987 a raíz de la gran “estupidez” como fue la estatizació
n de la Banca por parte del entonces presidente del Perú, Alan García Pérez, sobre su candidatura a la presidencia en 1990 y su posterior derrota contra el infame Alberto Fujimori, no me resignaba a dejar a este increíble escritor en este libro. Fue allí cuando descubrí parte del universo Vargasllosiano.

Y no tuve mejor secuela que leyendo la obra cumbre de este, “Conversación en la Catedral” ambientada en la época cuando el Perú era gobernado por la mano de hierro de Manuel Apolinario Odría.

No lo negaré, es lo mejor que he leído hasta ahora. Recordar ese período no me hace sino reflexionar lo que implica el sabor de degustar un buen libro (cosa que pocos tienen el privilegio, porque, seamos francos, las personas de mi generación se sienten aburridos de los libros o solo lo hacen para dar la imagen de no ser huecos o intelectualotes, a ellos les digo en palabras de las leyendas de Immortal, YOU ARE REALLY BENEATH US!!!!!) Una época idílica, de descubrimiento de miles de cosas nuevas ¡Tiempos aquellos!

Posteriormente, vendrían a mis manos obras maestras como “Lituma en los Andes” y “La Fiesta del Chivo” con la que Vargas Llosa dejó otro gran legado no solo para la literatura universal sino también mundial.

Así mismo, como periodista, admiro el trabajo de Vargas Llosa, como columnista, particularmente, porque desarrolla espléndidamente sus ideas, aunque no necesariamente las comparta (el neoliberalismo a ultranza no es lo mío, a pesar que yo haya dejado ya de ser un izquierdoso) ¿por qué me gusta Vargas Llosa como columnista? Primero por el enfoque y la organización que crea y segundo, en el plano periodístico siempre sentí que lo mío era la interpretación, el análisis; sintiéndome harto cómodo con el artículo, la columna, la editorial.

¿Escritor a los estrados?

Mencioné escuetamente que sus ideas políticas nunca fueron de mi agrado al cuando lo descubrí, eso era blasfemia, ahora, sin embargo, no las comparto, pero veo que muchas dadas las condiciones del mundo actual son necesarias añadiendo a las mismas un enfoque social que no haga de ellas las típicas del neoliberalismo que solo piensa en el mercado dejando del lado el interés humano que es el principio básico de todo sistema político económico que se respete.

Para lo que condenen a
Vargas Llosa el político les doy cierto grado de afirmación a sus proclamas pero remontémonos un poco en la historia. Todo empezó a mediados de los años 70 cuando la crisis en Estados Unidos comenzó a mellar al Estado de Bienestar de la teoría Keynesiana vigente desde los años de la Gran Depresión en la década de los treinta del siglo pasado. Sucedió que la inflación, antes impensable comenzó a campear, primero (como siempre) en los países desarrollados e industriales, para luego continuar en los países tercer mundistas o en “vías de desarrollo”. Este proceso se sintió con timidez en el Perú en los útimos años del gobierno militar (1968-1980) que se asentuó cuando el civilismo volvió al poder con Fernando Belaúnde como presidente (19802-1985).

Contrariamente a lo que mucho
s creen, la inflación ya era alta en el segundo gobierno del arquitecto Belaúnde, alrededor del 200 por ciento, lo que ya había golpeado los bolsillos de las familias peruanas quienes ya se las ingeniaban para hacer maravillas con el dinero, en especial con lo relacionado al alimento del día a día.

Sin embargo no sería sino hasta que sucesor de Belaúnde Terry, Alan García Pérez del antiquísimo partido aprista llevado por un elevado sentido populista optó por medidas que fueron aplaudidas por la población pero que tuvieron su desilusión con la hiperinflación que dejaría en la banca rota al Perú. En ese contexto se decide estatizar la Banca para detener los efectos de la crisis, pero esto no haría más que as
entarla.

Eso lo sabían los neo liberales peruanos liderados en nuestro país por Mario Vargas Llosa y el renombrado economista Hernando De Soto, quienes consideraron que el Estado de Bienestar en el Perú se jugaba su última carta antes de perecer como en el resto del mundo, asumiendo que era “su momento” para traer las ideas liberales al Perú de un Estado moderno y promotor.

De tal manera se llevó a cabo el famoso mitin en la Plaza San Martín en el cual denunció la estatización. Es en esta primera manifest
ación del novísimo movimiento neoliberal peruano que nace el Movimiento Libertad en coalición con dos partidos de viaja guardia como Acción Popular y el Partido Popular Cristiano.

El FREDEMO (Frente Democrático) nace de esta alianza con miras a las presidenciales de 1990 tuvo como resultado el fracaso de este ante el desconocido candidato de estirpe japonesa, Alberto Fujimori.

Mucho se dice sobre este fracaso, pero se pueden delinear algunos puntos a considerar:

Primero, la alianza con AP y el PPC vistos como partidos tradicionales, lo que dio la sens
ación que el FREDEMO implicaría el continuismo de esa vieja receta política que no había logrado resolver los problemas de la ciudadanía, al contrario, los asentuó.

Segundo, la sobre exposición debido a tres largos años de
campaña lo que hizo dar una sensación de ser una candidatura elitista, como se dice en el argot limeños, un partido de “pitucos para pitucos” (así se dice a la clase acomodada en el Perú)

Y tercero, el hecho que el entonces partido de gobierno, el APRA, anteponiendo odios personales contra Vargas Llosa desde el mitin realizado en la Plaza San Martín en 1987 deciden apoyar la candidatura d
el desconocido Alberto Fujimori con su partido “Cambio 90” que hasta hace seis de los comicios generales ni figuraba entres los primeros lugares de opción de voto.

Esta derrota tuvo un componente positivo pues, de haber sido elegido presidente Vargas Llosa, su actividad literaria que tanto nos apasiona se hubiera visto relegada por las tareas que en un Estado como el peruano demanda.

Por otro lado, la historia demostró que al final el neo liberalismo triunfó sin su figura más importante política e ideológicamente pues, al tener la victoria en las manos Fujimori este, hizo una alianza con los empresarios para que estos pudiesen implantar su modelo y llevar a cabo las regulaciones laborales y estructurales para desbaratas el Estado de Bienestar peruano con el
advenimiento del neoliberalismo.

A pesar de ello, el joven neoliberalismo tuvo un mal comienzo en nuestro país ya q
ue a la vez que Fujimori pactaba con los empresarios, hacía lo mismo con los militares con quienes compartiría el poder político lo que llevaría a que las ideas neo liberales traídas por Vargas Llosa tuviesen un trasfondo autoritario que dejó a lo largo de diez años de Fujimorismo un mal precedente para lo que actualmente se trata de hacer, siendo un tanto difícil salir de esa receta que el “chinito” impuso en su sistema autoritario neoliberal.

Por eso, demos gracias que un intelectual no sea corrompido por la maleza que es el acto de política, e imploremos que su actividad como literato y político de columnas siga siendo fructífera para
deleitarnos al ver cada título nuevo de su producción.


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