En los últimos años, las discotecas más exclusivas de Lima se ven invadidas por un fenómeno musical y cultural que desde los años 70 era visto como referente de gente de los estratos sociales bajos y de mal vivir. Me refiero a la cumbia que a punta de pegajosos ritmos ha logrado romper esas marcadas barreras sociales de nuestra sociedad.
Sin embargo (y esta es una observación personal) esto no se debe, necesariamente, a que la sociedad, en este caso la limeña, tan acomplejada, con tantos tabúes y estigmas se esté abriendo repentinamente.
Puede considerarse, claro, un paso, o mejor dicho un paso a medias.
Ante todo, porque esta expansión de la música popular a sectores “pitucos” de centra en lo referido a la moda. A eso que está en boga, a lo ultimito, el one wonder hit del momento, y muchas aristas más.
Algunos pioneros
Si bien, para los primeros años del 2000 la cumbia norteña comenzó a sonar con fuerza, hasta entonces no experimentada, en Lima. Bandas como Aguamarina, Armonía 10 empiezan a quebrar el reinado aparentemente infranqueable de la salsa en las radios de música comercial, con un ritmo pegajoso, sencillo, con melodías muchas de las cuales podrían encajar a la perfección en una balada más.

Pronto, los managers y representes vieron el potencial comercial que esta poseía, solo faltaba hacer unos retoques a la imagen de sus estrellas. Es así como nace la fiebre de la “Technocumbia” una fusión con bases en la cumbia tradicional mezclada con ciertos sonidos modernos que le daban el componente necesario para hacerlo accesible a otro público: los jóvenes. De este modo aparecen grupos como Escándalo, la Joven Sensación, un especie Backstreet Boys o N`Sync lorchos cuyo objetivo eran, sobre todo, las jovencitas, ávidas de ídolos propios a quienes admirar.
Mas aún, la novísima industria cumbiambera, conciente de la cada vez creciente demanda saca grupos conformados exclusivamente por mujeres. De este modo, destacan grupos como Agua Bella y Alma Bella.
Un embrujo difícil de romper

Entrada la segunda mitad de la década las bandas más sonadas eran Grupo 5, Caribeños, Grupo América, Hermanos Yaipén, entre otros.
En este período, la incursión de lo que yo llamo la “Nueva Cumbia” se había colado en los sectores populares de Lima, escaló muy coquetamente los espacios de la llamada “clase media” limeña cuya acogida fue más jubilosa. De pronto, la clase media, que demostró a lo largo de su historia tender más hacia ritmos tropicales foráneos, daba cabida a un ritmo considerado como “marginal”, hasta entonces exclusivo para “cholos y provincianos”.

Los grupos antes mencionados comienzan a tener una incursión menor en sectores acomodados en ciertas discotecas, pero sin mucho repunte en audiencia.
Un despunte “Cool”

Hay que tener en cuenta que el programa del autor de “No se lo digas a nadie” tiene mucha acogida en

Esto, sin duda alguna, fue lo que produjo que los “pitucos” se interesaran en esa musiquita llamada cumbia. En tal sentido, el primer beneficiado con todo, fue nada más que Tongo, quien derepente empezó a ser llamado para tocar en las discos más “chik” de la capital, entre ellas las del boulevard de Asia.
Todo esto, trajo consigo, el consiguiente interés de este sector por otros grupos de mucho más caché que Tongo, como los ya mencionados Grupo 5 y Caribeños.
¿Rescatando o Colgándose de Juaneco?

El grupo capitalino, obviamente no aportó nada a este género. Solo recogió las canciones de las leyendas y volverlos a reeditar con un sonido más actual, pero en esencia. ERA LA MISMA CHOLA.

Un destino mortal
Pero, esto no responde más que a un síntoma de monería modistas que, como toda moda, está destinada a pasar, al menos en las discos pitucas de los barrios más “de la wich” de Lima.
No me parece mal escuchar cumbia, creo que, siendo una música creada en el Perú debe tener un amplio espacio de difusión que, ciertamente, se lo merece. Lo que si me parece repugnante y hasta estúpido, es que de la noche a la mañana una música víctima de los apelativos más discriminatorios y racistas se encuentre como si nada en estas fiestas burguesas. Obviamente, este fenómeno carece de comprensión cultural por parte de este sector, lo cual demuestra que el componente social de su origen no es asimilado, sino por el contrario, es desechado quedando únicamente una melodía pegajosa y un coro peligrosamente pegajoso.

No es que el Perú se esté abriendo culturalmente, es que dejamos claro que en nuestro afán de consumo, de estar a la moda con lo ultimito, prima por sobre el entendimiento de este suceso.
Al final, por lamentable que suene, este fenómeno de la cumbia como moda se encuentra destinado a perecer como el reggaeton, como la salsa juvenil de los noventa, como la technocumbia. Pronto, Baretto dejará de asistir a las fiestas más “In” buscando un nuevo ritmo con el cual pegar. La industria de la música es así: lasciva, maldita, un puta que todo lo sano insiste en profanar con su viejo rollo de la fama mundial destruyendo lo único verdaderamente auténtico que nos queda en un mundo sin novedad: La verdadera música que, conforme pasan los días suena a extinta ya.