Pregunta de difícil de respuesta ¿Fujimori?

domingo, 28 de febrero de 2010

Al pensar en Alberto Fujimori siempre invaden mi mente muchas interrogantes (las mismas que me formulo desde hace ya unos buenos años) ¿Qué hacer con él? ¿De qué manera debemos juzgarlo los peruanos? ¿Debemos dejar que lo negativo nuble los hechos (que existieron, quien lo niegue es un felón) positivos?


¿Qué hacer con Fujimori?

Haciendo memoria

Era un sábado y me encontraba en un bus con dirección a mi casa en Breña regresando del trabajo. Eran casi las 5 de la tarde. Un sujeto de con pantalón y camisa de vestir se sienta a mi costado, noto que su corbata blanco y celeste no está ajustada, es más, la lleva colgando coqueta ella del cuello de la camisa.

El viaje era largo, así que decidí sumergirme en la lectura de un diario que en horas de la mañana había comprado en el quiosco de la esquina de mi casa.

El sujeto vio que leía el periódico con avidez. Se le veía algo inquieto, como ansioso, no dejaba de mirar los titulares con una curiosidad que ya comenzaba a producirme cierto escozor.

Pronto, tras terminar de leer las noticas que me interesaban, el hombre me dijo muy agitado él, si le podía prestar el periódico, petición a la cual accedí.

Recuerdo que todo comenzó cuando leyó la noticia relacionada a los niños que Sendero Luminoso raptaba para adoctrinarlos con la finalidad de convertirlos en niños soldados.

Conversamos al respecto, un bonito diálogo, intercambio de ideas, hasta que llegamos al punto en que se redujo a Sendero, lo que fue el período de los 80 y los 90.

Fue entonces cuando el hombre (un tipo muy instruido, se notaba) plasmó en la conversación la importancia de Alberto Fujimori como artífice del fin del terrorismo y la pacificación del país. Es a raíz de dicho episodio que surge este post.

Recuerdo un fragmento de la conversación que puedo, prácticamente, citarlo textualmente:

“No es posible que el Perú le pague así a un hombre (Alberto Fujimori) que ha hecho tanto bien al Perú. En todo caso, el mismo trato deberán dárselo a García al culminar su mandato por las matanzas de los penales, Cayara y otros más”

Reflexión visceral

Esto me hizo pensar mucho en este punto: si es que Alberto Fujimori le hizo, en realidad, un bien al país, fue todo negativo o, simplemente fue una mezcla de los dos derivado de sus modos de gobernar a un Perú con terrorismo, hiperinflación, desempleo, inseguridad social, entre otros.


La opinión vertida por esta persona ha perdido popularidad, es vista con malos ojos, con desprecio. Sin embargo, este un punto de vista generalizado entre diversos sectores de la población que se vieron beneficiados (y a esto no me refiero con poder de cualquier tipo) durante el mandato del ex presidente, dictador, llámenle como quieran.

Desde mi perspectiva, puedo entender ciertos aspectos y otros no.

¿La Salvación de la economía nacional?

A mi modo de ver, lo que se hizo en materia de terrorismo y el repunte de la economía peruana fue muy bueno el primer mandato fujimorista, pero tomemos en cuenta que este no fue un ideario concebido cuando el “chinito” era candidato; es sabido que esto se debió producto de la migración que hicieron los tecnócratas de Vargas Llosa al quedar este desaforado en la contienda electoral del año 90.


En ese sentido, entre una solución populista que nos iba a traer muchas mayores complicaciones, Fujimori optó por una solución neo liberal, plan que de haber ganado el escritor de “Conversación en la Catedral” habría aplicado de la misma manera.

¿Victoria sobre el terrorismo?

Cuando en setiembre del 92 se da la captura del líder máximo del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, la propaganda oficialista hizo ver que este fue un logro del gobierno, restándole el crédito real a la gente que conformaba el GEIN.

Para los entendidos, es un hecho que fue la Policía Nacional y no las Fuerzas Armadas las que a partir de la segunda mitad de la década de los 80 empiezan a dar duros golpes a los mandos de la organización senderista, al Comité Central Metropolitano, los organismos de prensa y propaganda, así como a los organismos generados de SL.

Es verdad que la política contrasubversiva de las Fuerzas Armadas había cambiado de la represión indiscriminada hacia métodos más selectivos (esto confirmado por el informe de la CVR) sin embargo, estas no lograron golpear significativamente a Sendero. Como dije líneas arriba, fue la inteligencia policial y, sumado a ello, los comités de autodefensa que fueron los responsables directos y reales de detener el avance militar de la “Guerra Popular” que Guzmán y su cúpula le plantearon al Perú de los años 80.

¿Autogolpe?

El 5 de abril de 1992 significó un quiebre entre el Estado populista de entonces y el comienzo del nuevo sistema neo liberal.

El llamado “autogolpe de Estado” tomó como excusa las trabas que el Congreso ponía a las legislaciones antiterroristas surgidas del Ejecutivo. Ahora, tampoco creo, como si lo hacen muchos antifujimoristas, DDHH`s a ultranza, que este haya sido un plan maquiavélico para reprimir, asesinar y demás.

Es verdad que la mayoría de golpes de Estado ha tenido tras de si a los más importantes grupos de poder económico del país (incluso extranjeros, nótese el caso de Chile en el golpe militar de 1973 apoyado por los Estados Unidos)

El 5 de abril fue distinto. No había una clase económica marginada, excluida ni mucho menos nacionalizada. Todo lo contrario. El proceso se daba a la inversa.

Los mercados se desregularizaban, así como las infinitas empresas nacionales se privatizaban, pasando a manos del gran capital, extranjero mayoritariamente. La decisión de este golpe, en mi criterio tuvo, primordialmente, intereses políticos secundados de los económicos pues la economía neo liberal estaba a toda marcha y no había oposición a ella (coherente o bien agrupada)


Había una necesidad por parte del gobierno y las Fuerzas Armadas (esta alianza se dio cuando Fujimori fue elegido presidente, aún sin asumir el cargo) de tomar las riendas de una nación que se les estaba yendo de las manos, además de institucionalizar sus acciones y visiones de país. Una visión que, hoy por hoy, todavía sigue latente en el desarrollo nacional.

Constitución

Si hay algo que Fujimori nos ha dejado como su mayor legado, es la Constitución de 1993. La Constitución Neo Liberal del Perú, aquella que en la actualidad todos los partidos critican, abuchean, pero ninguno se atreve a cambiar y/o reestructurar en sus bases.

Corrupción

Solo un iluso se atrevería a decir que fue el Fujimorato el causante de la corrupción en el Perú, esa plaga que hoy ya no es un hábito, sino una costumbre.

Aquél que sea un observador de la historia se dará cuenta que la sociedad peruana y sus representantes han estado infectados de este mal desde la fundación de la República misma. Hacer un repaso del nefasto gobierno de Echenique, o de la gestión del Oncenio de Leguía, los cuestionamientos en materia de drogas al gobierno de las Fuerzas Armadas (1968-1980)

Lo que cambia el panorama es que, mientras estos gobiernos realizaban sus corruptelas de manera clandestina, más underground de lo que dicho término quiere decir, el Fujimorato se encargo, vía Vladimiro Montesinos, de hacerlo una práctica común, necesaria sin alguna justificación, llevado al paroxismo, la corrupción no se institucionalizó, se expandió, que es muy diferente.

Lamentablemente, esa tara, ha corroído a la sociedad peruana, hasta tal punto que es poco probable que el peruano de a pie se sorprenda por una coima; es más, me atrevo a decir, que muchos las desean, la anhelan. Que la sociedad tenga esa visión sobre este tema si da pie a pensar que la corrupción, efectivamente, se está "institucionalizando”.


¿Políticos?

Junto con la corrupción y la Constitución de 1993, otra perlita es la que adorna la importancia del gobierno de Alberto Fujimori. La destrucción del sistema partidario nacional, la representatividad.

Hace unos días leí una columna de un diario nacional en la que planteaba la crisis de la política, los partidos, etc, que los jóvenes no se sentían atraídos por esta, ni tampoco había líderes que los representaran. Además, el texto daba a entender que el último gran proyecto colectivo, masivo que tuvo el Perú fue, precisamente, la figura del Alberto Fujimori, justamente, fue él quien se encargó de eliminar tales aspiraciones en nuestro país.

Fue el “chinito” quien dio origen a la racha de “outsiders” ahora tan comunes, esperables, desbalanceadores del juego de poder, pues fue el mismo Fujimori un outsider.


Con poco carisma, conocido tan solo para su círculo de profesores universitarios de la Universidad Agraria, carente de un plan de gobierno, nadie apostaba medio pelo por este hijo de migrantes japoneses.

Sin embargo, ganó la presidencia y resultó aplicando todas las medidas liberalizadoras que el candidato con una propuesta ideológica como Vargas Llosa planteaba al Perú. El resto, es historia.

Por eso, creo firmemente que los políticos actuales (fujimoristas, izquierda o derecha) son el legado que este señor nos dejó. De ese modo, vemos la infinidad de partidos, renace el caudillismo, sustentado en el carisma del líder, obviando las propuestas. La creación de partidos clientelistas que se constituyen para las elecciones, aglutinan gente y una vez pasado los comicios entran en decadencia, se disuelven.

O ver la falta de principios en los políticos que, como quien se cambiara de prendas interiores, saltan de un partido a otro, tocan la puerta a diferentes agrupaciones, abismalmente diferentes en planteamientos y “propuestas”. Los tan mentados “tránsfugas” esos políticos al servicio de sus bolsillos y de la elite a la que sirven.

La caída

Mientras planeaba estructurar y redactar este post me había puesto como finalidad no caer en los típicos extremos: la crítica ciega, carente de “objetividad” y la apología barata, provista de mucha mentira.

Tampoco quise caer en hacer un recuento de lo que pasó, pues eso sería tonto, hacer lo que todos hacen. No era esa mi intención. Por esa razón, este post ha sido, en buena medida, escrito y reescrito para ajustarlo a mis expectativas y, espero a las suyas también.

Como se habrán dado cuenta, lo que he expuesto líneas arriba es mi opinión muy personal, llena de influencias, documentos, artículos, columnas, así como la reflexión del día a día de la política en la época que me ha tocado vivir, de la cual mi generación es la heredera directa y su desidia, pusilanimidad y demás son una consecuencia, en buena medida, de este período.


Al inicio de estas líneas me preguntaba ¿Qué hacer con Fujimori? Y creo que sigue siendo una respuesta difícil de dar, y honestamente, no me siento en la capacidad objetiva de darla.

Tan solo vale decir que estamos viviendo el período post Fujimori del cual pareciera no podemos, o no queremos salir, porque los peruanos somos así, sufrimos, pasamos momentos a ciegas, nos quitamos la venda, nos admiramos, nos da repulsión, hacemos puchero, botamos la basura y siempre creemos que con eso basta (lo mismo que sucede con la barbarie del terrorismo, ya todos lo ven como algo lejano, ajeno, obsoleto, digno del GRAN OLVIDO NACIONAL) Ese olvido, esa indiferencia es la que hace que hoy por hoy la sociedad peruana se encuentre sumida en una decadencia abismal.

Eso no cambiará a no ser que formemos, nuevamente, una conciencia colectiva, un ideario nacional, el que ahora vemos como algo abstracto, utópico, sin valor.

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