El Método de Alain

martes, 29 de junio de 2010


Esto ha sido todo un descubrimiento para mí.

Alain de Benoist es un pensador filosófico y político francés que se encuentra al margen de las ideologías imperantes, ni derechas, izquierdas o falaces social democracias.

Criticado por la izquierda como derechista, denominado como neo fascista y criticado por los liberales.

A pesar de tales calificativos, lo único necesario es escucharle hablar de manera muy miscelánica para entender que los apelativos increpados por ambos lados del “mainstream” político no son sino absurdas patrañas ante la satisfacción de saberse un pensador independiente.

Puede que Chomsky sea el pensador más lúcido de la oficialidad de la izquierda internacional, pero De Benoist es el más underground de los pensadores actuales, quizás el menos correcto, el menos conocido, el menos escuchado, pero sin duda, el más sincero.

La no creencia en el igualitarismo (lo que no quiere decir que esté en contra de la igualdad) y la promulgación de cultura de las diferencias, de las diversidades culturales hacen, a mi parecer, una postura mucho más coherente.

Es increíble escuchar decir que la sociedad mundial no es pluricultural, sino pluriétnica (cosas muy distintas) siendo esta una sociedad monocultural donde se trata de homogenizar y asemejar a todos.

Por eso, quiero compartir estos 6 videos en los que la televisión española hace una extensa entrevista a este gran pensador underground. Espero la disfruten y reflexionen sobre algunas ideas.


















La Idiosincrasia del “Mal Menor”



¿Desde cuando, desde qué años los peruanos no van a las urnas para dar su voto a un candidato para el que muchas veces se considera el peor de todos, al que muchos juegan un yan-ken-po mental para decidirse por una u otra opción que sienten no es la más óptima, pero, dadas las condiciones, es lo que queda por elegir?

Bajo esta premisa, los peruanos resultan los más el viejo dicho “Más vale ladrón conocido que ladrón por conocer”. A primera vista parece algo bastante risible, y lo es, pero demuestra la idiosincrasia política y social que el ciudadano de a pie tiene respecto a la representatividad por parte de sus autoridades, la desconfianza y apatía en relación a este tema.

Las nuevas generaciones, como he escrito en post anteriores, adolecen de una falta de compromiso e interés por los sucesos de su sociedad, adoleciendo de la más grande apatía y desidia. Ya saben lo que viene, sociedad consumista, valores alienados, preocupaciones banales.

Sin embargo, hay otro punto que podemos agregar a estos factores generales: la falta de representatividad, la orfandad respecto a “en quién se puede creer” con una clase política desprestigiada, partidos políticos que están copados de una gerontocracia que no renueva rostros, ni tampoco cuenta con cuadros de jóvenes activos. Y esto, creo, no pasa únicamente en el Perú.

Síntomas

El caso peruano tiene todo esto, pero tiene otras particularidades que derivaron en lo que llamo la “Idiosincrasia del Mal Menor”.

La primera de ellas fue la aparición de los grupos subversivos a principios y mediados de los 80 como Sendero Luminoso y el MRTA respectivamente, quienes por más de quince años desataron una guerra genocida con una respuesta de similar magnitud por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.

El segundo factor interno fue la hiperinflación y la estatización de la Banca durante el primer gobierno de Alan García.

La tercera es ascensión al poder de Alberto Fujimori producto del desprestigio de la clase política tradicional y la aparición de los actuales actores políticos.

La consecuencia del primero y el segundo caso fue que la gente llegó a la nueva década cansada de la subversión, con una idea que la clase dirigente no era capaz de inmovilizar a los subversivos, que no había un “mea culpa” al respecto; sumado a ello las penuria de la vida diaria cuando el dinero abundaba pero todo costaba tanto que hacía falta miles de soles para comprar un kilo de arroz o una bolsa de pan.

Deméritos políticos

Todo esto llevó a un hartazgo social que desembocó en la radicalización de la sociedad respecto a las personas que las representan. En ese sentido, Fujimori, un tipo desconocido, sin un background político, sin un antecedente partidario, un tipo normal, un “profe” que se mostraba como un civil lejos de esa aristocracia política decidido a hacer el trabajo que otros no tuvieron las ganas de hacer.

Una vez que la intensidad terrorista bajara exponencialmente, la sociedad peruana estaba lista para entrar al olvido, al anquilosamiento político, a la inmersión dentro de los problemas cotidianos, mientras la nueva clase política, tristes reflejos de personajes como Fujimori o Ricardo Belmont saltaban a la palestra con más cháchara que propuestas. En tal, fue una consecuencia lógica que terminado el Fujimorato y bloqueado el desarrollo de los antiguos partidos de masas con base ideológica, el escenario político se hallara tan huérfano como la población terminado el gobierno del APRA a finales de los 80.

Esto provocó que las opciones políticas, iniciado el nuevo milenio, más que propuestas se vuelvan modas de campañas y elecciones, cogiéndose de algunas heridas abiertas en ciertos sectores, de algunos miedos, de alguna cara sonriente y carismática que, una vez terminado los comicios pierden presencia, impacto y demuestran que tan solo fueron agrupaciones efímeras, sin base alguna, sin planteamientos serios, sin trabajo que las consolide.

¿Yan-ken-Po?

Eso tiene que ver mucho con la Idiosincrasia del Mal Menor y esta no refleja en otro lado que en las elecciones.

Todos los peruanos sienten que no están representados. Aquí dos ejemplos, muy frescos aún en la memoria colectiva.

Elecciones presidenciales 2001. Llegan a la segunda vuelta Alan García por al APRA y Alejandro Toledo por Perú Posible. Si bien Toledo se hizo con un nombre tras la marcha de los Cuatro Suyos, su estela se había apagado notablemente tras ello y tras superar a Lourdes Flores en las preferencias, un gran número de electores prefirieron votar por este personajillo que por García, pues todos temían que, una vez más, nos llenara de colas y precios disparados por todos lados. Al final Toledo ganó, y gobernó medianamente “bien”.

Elecciones presidenciales 2006. A segunda vuelta llegan nuevamente, Alan García por el APRA y Ollanta Humala por el Partido Nacionalista. Los medios se había encargado de hacer un carga montón contra este ex comandante, acusándolo de tener vínculos con Hugo Chávez, que llevaría al país a la ruina. El pánico crispó a toda la población que preferían a un García a quien ya conocían (y al que la gran mayoría no terminaba de aceptar) que al vapuleado Humala. El resultado, pues que García el próximo año termina su mandato.

El panorama para las próximas elecciones no es muy diferente. Basta hacer unas cuantas preguntas a cualquier persona, sin importar edad para darse cuenta que no encuentran en los hasta ahora probables candidatos alguien que los pueda representar, y me atrevo a decir que sucederá que en las dos últimas elecciones pasadas.

Un atisbo general

¿Qué se puede hacer para contrarrestar esto? Creo que dos o tres cosas.

La clase política debe re inventarse desde dentro, permitir y dar cabida a la formación de nuevos cuadros, jóvenes en su mayoría, así como la formación de nuevas agrupaciones que vayan mucho más allá de los planteamientos y debates típicos, los mismo que logren tocar en las inquietudes no de la gente adulta, sino de los jóvenes. Solo así podremos esperar procesos electorales de calidad con opciones diversas, variadas pero a la vez con seriedad y con una amplia visión, representada por personas que lo ameriten.

¡Ah, Los Periodistas! Son varios, pero sirven para bien poco

domingo, 6 de junio de 2010


El día a día

No hay un solo día, en cualquier rincón del país, en el que abrir un diario, encender la radio o mirar el noticiero de las 10 y no se encuentre uno con una andanada brutal de noticias sin mucho sentido, de poca importancia, carentes de explicación.

No puedo evitar preguntarme ¿así estaría yo de haber conseguido entrar a un medio de comunicación? Es decir, redactando notas al azar, escribiendo sobre el farandulero de moda y su nuevo ropa “exclusiva”, sobre el pelotero que más goles anotó, sobre la balacera del día de ayer. Informes fugaces que al día siguiente nadie recordará porque en verdad a nadie le suelen interesar pasado el morbo y comenzado el nuevo día.

Es verdad, el avance tecnológico ha repercutido en los modos de hacer y difundir la información, cada vez más ágil, veloz, como nunca antes visto en la historia de la humanidad. En otras palabras, hay mucha más información a la mano.

Pero la cantidad no implica, necesariamente, calidad. Y es allí donde el flujo actual de información palidece, languidece, convirtiéndose indecente.

¿Periodista (s)? ¿Yo?

Cuando escogí esta carrera, el periodismo, lo hice de una manera bastante utópica. Yo soñaba (y sigo soñando, debo admitir) con ser articulista, columnista, escribir ensayos y hacer algo de literatura; así como hacer audiovisuales que fue otra de las pasiones que descubrí en el transcurso de la carrera, especialidad para la que creo tener bastante pasta y futuro.

En blogs anteriores hice mención que la juventud estaba enferma de desidia, escapismo y falta de compromiso; del mismo modo, el periodista peruano, en la actualidad, sufre de una dolencia que se ha vuelto una pose en él: la soberbia.

La soberbia se manifiesta en el periodista que transita por los medios de comunicación. Reluce en él esa pose altiva del que cree conocer mucho, y sin embargo entender poco o nada de lo que escribe. Aún recuerdo esa pedantería con la que muchos “colegas” que se encontraban en medios miraban a los que no, como si fueran la “elite” cuando en verdad son simples obreros del jefe del canal, radio, diario o revista.

Por experiencia y por cuentos de algunos conocidos, comprendí que muchos circulan en el ámbito periodístico por pura monería, por pura pose, por no dejar de sentirse importantes; gente de hartos contactos, sujetos bien nombrados, muchachones que no aman su profesión sino tan solo la impronta que esta les significa.

El Neo Periodista

El periodista de ahora está en un nivel al que el intelectualismo del “Intelectual Grumoso” nunca podría llegar porque no tienen la arrogancia ni la pose soberbia del primero. Son seres parecidos (en ciertos aspectos) pero diametralmente distintos.

Yo les llamo los “Neo Periodistas”, pero hago un paréntesis para decir que no todos los actuales amigos de la información, merecen este calificativo. Aquellos que merecen el título con todas sus letras son pocos, sin embargo, estos personajillos cada día son más y se esparcen como la plaga volviéndose el “mainstream” periodístico del mañana.

El “Neo Periodista” es un sujeto de conocimientos empíricos y algo de teoría fundida en las aulas universitarias. No se puede decir que es un profesional cuya calidad para redactar y plantear sus notas sea la correcta dado que está imbuido de la mediocre inmediatez frugal de los medios actuales. Se preocupa más por terminar que por entregar un producto de calidad.

No se puede negar que el “Neo Periodista” sea un hombre que no conoce de actualidad, pues lo es, y está al tanto de todo, su capacidad radica en que sabe de todo un poco respecto a la información del día a día. No les quitemos méritos. Sin embargo ¿Qué se puede esperar del “Neo Periodista” cuando conoce tanto de presente sin poder procesarlo, sin poder explicarlo, cuando ignora todo sobre el pasado? ¿O es que la actividad del periodista ha sido siempre la de informar y nada más?

¿Alguien tiene la culpa?

Recuerdo que hasta hace poco los diarios y las revistas (quizás aún lo sigan siendo) eran el bastión de una información extendida, completa, detallada y explicada de las cosas, de los sucesos con verdaderos recuentos y datos que ayudaban a complementar lo sucedido. Hoy eso ya no sucede.

Las razones podrían encontrarse en los nuevos medios de hacer y difundir la información, sobre todo de la decisión de los directivos de dichos medios respecto al tipo de información que desean difundir. Es allí donde nacen los “Neo Periodistas” y su fecha de nacimiento la encontramos en los años 90 cuando la prensa se vulgarizó hasta el extremo de banalizarse.


Pero ¿es el Neo Periodista un simple fenómeno surgido de la mediocridad de la enseñanza universitaria? Pues NO. Pensar que el Neo Periodista es un fenómeno explicable por las decisiones políticas y los cambios tecnológicos no explica este fenómeno. Falta un elemento más.

Hay otro factor que, obviarlo, sería imprudente: me refiero al hecho que los medios de comunicación en pos de aminorar costos, de entrar en la competencia y los contenidos ligeros para que mucha más gente los pueda leer, han decidido bajar la calidad de las redacciones al llenar dichas salas de principiantes que, en la mayoría de casos, no conocen el medio, no conocen la técnica y son influenciados por un entorno en el que la rapidez cuenta más que la veracidad y “objetividad”.


Es otro hecho que los medios prefieren cada vez más a practicantes por simples razones: carecen de experiencia (y por tal moldeables a las necesidades mercantiles del medio), escasos de calidad como periodistas, no tienen la conciencia para juzgar la línea del diario (cuando estos son medios modistas) y sobre todo, son baratos pues, en muchos casos cuestan menos de lo que la ley establece como el “sueldo mínimo” y en otras, simplemente, no cuestan nada, bloqueando el ingreso y desarrollo para los periodistas que tienen el talento, la capacidad y las ideas para proponer cosas nuevas, enfoques distintos, necesarios para atraer el interés real de los lectores.

A modo de remate

Por tal razón, puede concluirse expresando lo siguiente: mientras los periodistas (antiguos o jóvenes) son una especie en decadencia, el neo periodista es una raza decadente por naturaleza, y no soy fatalista cuando digo que lo más probable es que la primera se encuentre por un amplísimo tiempo relegada (no quiero pensar que llegue a ser extinta), subyugada, relegada ante la comercialización desmedida que ha invadido a los medios de comunicación. En ese sentido, y mientras esto se mantenga inamovible, la segunda se convertirá el “mainstream” lleno de periodistas escasos de nociones, incapaces de analizar lo que escriben, lo que emiten y, sin embargo, con la arrogancia y la pose boba del que sabe lo que acontece en el día a día informativo mientras desconoce las causas y probables consecuencias de ello.

Decir que depende del neo periodista dar el viro a la situación sería iluso, utópico, pues esto no pasará (no se puede esperar que la casta entronizada por los dueños haga un mea culpa cuando tiene todas las condiciones a su favor para asentarse); no sucede lo mismo con los periodistas que deben mantener, por decirlo así, firme la resistencia (que sería lo único que pueden hacer) y cuando hablo de resistencia me refiero al hecho de propugnar abiertamente por una revaloración del periodismo y su relación con los medios de comunicación. Así mismo, dependerá que los directores y empresarios comprendan la situación en la que han colocado a esta profesión y sepan compensar la calidad, la veracidad, el respeto junto a los intereses propios del medio.

Es una tarea que comprende a ambos lados, más, y reitero, esto tomará varias décadas hasta poder cristalizarse. A pesar de ello, podemos hacer la diferencia usando los medios alternativos para marcar la diferencia. Uno de ellos son los blogs, donde la libertad que brinda la basta red permite y admite que la calidad, análisis y enfoques distintos desde las canteras del periodismo puedan mantenerse y desarrollar de manera underground, independiente.

Y eso ya es un buen comienzo.


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