¿Debe o no debe transmitirse el juicio a Fujimori por canal 7?

miércoles, 16 de abril de 2008

Se que en uno de los primeros post que publiqué en relación al juicio a Fujimori, Martin Rivas y la lucha política de 20 años expresé el deseo o casi el pedido que este fuera televisado por el canal del Estado para que el público pudiese seguir con detenimiento este caso, cuya trascendencia histórica es innegable.

La razón de este post es para rectificar esa postura. Creo que no es posible (pero si factible) que se transmita el juicio al ex presidente, no por razones de señal o programación de canal estatal (que debería ser más que todo televisión pública, pero eso es otro tema) Todo lo contrario. Creo que no es conveniente transmitir este proceso en señal abierta por la simple razón que no hay alguien que guíe o explique lo que allí sucede.

Con esto, mi intención no es la de desmerecer la capacidad intelectual de la población. Pero tengamos en cuenta ciertas cosas.

Los 90 fueron años políticamente interesantes, donde el populismo llegó a niveles increíbles. Es verdad que en la siempre insoportable capital, cuyos habitantes creen que Lima es el Perú y el interior del país anexos que deben sostener su civilización, la mayoría conoce las artimañas y trucos de politiquería barata de los que se valió el ingeniero para gobernar y mantener sosegada a los sectores populares que eran en el poder su soporte y en tanto que ahora son su fuerza motriz y militante.

Eso sucede en nuestra capital. Pero en el interior la situación es distinta. Sépase que el soporte vital y el mayor hacia el fujimorismo y lo que significó proviene del interior del país. En ese contexto y teniendo en cuenta que las barreras económicas del cable en las regiones no se han acortado como sucede en Lima, la transmisión de este juicio no haría más que ayudar a la defensa del ex presidente.

Y eso lo sabe su abogado de cabecera César Nakasaki, quienes ahora están a favor de la transmisión a nivel nacional porque este proceso no solo les sirve para demostrar que su defendido es inocente, sino como un medio de propaganda política en el cual “el chinito” queda como un ser caído en mala suerte siendo juzgado por cosas que él no sabía, la culpa siempre fue de Montesinos quien por lo bajo solucionaba los problemas sucios mientras este personaje se dedicaba a solucionar los problemas del país. Y claro, preparar los cimientos para lo que serán las elecciones para el 2011, donde claramente los fujimorista quieren llevarse el gran pedazo de la torta del poder, y por supuesto, otorgarle la impunidad a su líder.

No me parece raro que en la país pase esto, siempre hemos sido una sociedad con marcados rasgo autoritarios. No podemos negar que dentro de la mentalidad del peruano ha estado y sigue estando esa mentalidad que un tipo duro en el poder solucionará las cosas y pondrá orden donde haya desorden social, político o de cualquier índole. Es verdad que la mayoría vio en Fujimori esas cualidades y no dudó en respaldarlo. Sumado a eso los regalitos efímeros que este daba a los sectores populares, ejemplo sean esos colegios que se inauguraban a modo descomunal pero que al poco tiempo se caían e incluso muchos no contaban con un solo profesor.

Esa tradición autoritaria que hemos conservado y la seguimos generando ha llevado a otro fenómeno que está ligado al anterior: El caudillismo. Este existió desde que la República peruana tiene vida, desde los militares incompetentes que no hicieron mas que saquear las arcas de la nación, hasta los civiles como Piérola. En el siglo XX la situación no fue diferente, solo que finalizó su constitución en diversos “partidillos” que se formaban en torno a la figura o acción de un solo hombre, ejemplos claros (aparte de Piérola) están Sanchez Cerro, el partido Odriista de Manuel A. Odría por mencionar algunos. Incluso, tras el desastroso primer gobierno de Alan García (1985-1990) este número de partidos caudillistas, curacales, basados en la imagen de una sola persona aumentaron.

Sumado a esto que el discurso político articulado se había perdido. La población había terminado hastiada de los pensamientos y las doctrinas políticas, pero esto estaba complementado con el hecho que los partidos políticos parecían no renovarse. Así lo percibió la población y cuando llegó el momento de elegir decidieron por alguien nuevo, un rostro distinto, que decía lo que la gente, en ese momento, quería escuchar; que habría un cambio en el país, que la gente nueva haría lo que los “políticos tradicionales” no habían logrado hasta ahora (nótese que el término “políticos tradicionales” ya lo usaba Fujimori en la campaña presidencial del 90. Es un error atribuirle esta a Ollante Humala, dicho sea de paso, otro caudillo) Este nuevo discurso, sin mucho contenido de fondo, es verdad, pero con mucha audacia fue uno de los factores que posibilitaron que Kenya Fujimori llegara al sillón presidencial.

Desde el principio del gobierno la imagen del “chinito” fue engrandecida, aduciendo que este era un hombre capaz, que no le temblaba la mano a la hora de tomar decisiones importar para reactivar el país, para luchar y vencer al terrorismo. Este mito fue complementado con la idea que era un gobierno para los más pobres donde, ciertamente, caló muy fuerte a pesar que dicha ayuda tenía un fin de político muy marcado y trascendental para el gobierno.

En un partido caudillista no es de sorprender que tras la huída del líder dicho movimiento se fraccione, entre en disputas de contenido y/o por último desaparezca. Todo esto (salvo lo último) ha sucedido en el movimiento fujimorista: surgieron las escisiones, disputas de poder, quién secundaría al jefe y que el nivel de aceptación entre la población cayera considerablemente. Todo esto sucedió. Sin embargo, y dado que el Perú es un país de gente un poco extraña, cuando el caudillo llega a Chile, el movimiento se vuelve a cimentar bajo la promesa (con matices religiosos, dicho sea de paso) de que pronto regresaría al Perú para decir “su verdad”, como la promesa de la venida del hijo del hombre para volver a imponer el orden y la paz que durante su mandato todos los peruanos disfrutamos.

Esto es un síntoma penoso en nuestro país, y no hace más que demostrar que tal vez nos falte mucho para tornarnos en una sociedad democrática, pues la democracia y su juego no es que cualquiera hable lo que quiera, la libertad de expresión y todas esas cosas. Sino, y esto es algo muy personal, de saber diferenciar entre lo bueno y lo malo, reconocer la virtud, los errores de dicho líder, de aprender de los errores del pasado, de no dejarnos endulzar con discursos llenos de formas bonitas bien condimentadas con todo eso que al peruano le gusta escuchar para luego ir a votar totalmente banalizado, por el contrario, saber diferenciar esa incosistencia de fondo y exigir una verdadera plataforma de ideas estructuradas y coherentes.

Por eso, creo que el Perú no está preparado ver en señal abierta el juicio al ex presidente, de suceder esto debería haber un panel especializado que guiara y explique lo que se está hablando, interpretando. Pero surgiría otro dilema, desde mi punto de vista, si se interpreta a favor de quien (pues interpretar representa una valoración a favor o en contra de algo) Si lo hacemos en contra de Fujimori, entonces se dirá que se quiere parcializar a la opinión pública y desmerecer a la persona de Fujimori; y si por el contrario se hace la interpretación pro Fujimori entonces la prensa, las ONG`s, víctimas de los excesos del gobierno y buena parte de la sociedad civil diría que el gobierno está en alianza con el fujimorismo.

Entonces, es un problema complicado y no creo que se pueda ser imparcial en este respecto, o a lo mejor me esté equivocando. Podemos ver también que el canal 5 “Panamericana Televisión”, si el canal de Genaro, transmite unas cuantas horas el proceso mientras un par de presentadores trata de explicar (más no interpretar) lo que sucede, pero más allá de eso no pueden porque no son las personas indicadas y porque es una postura dificil, políticamente, la que los medios que lo hagan deben asumir. Claro, en el cable lo transmite Canal N, es verdad que todas las sesiones completas, pero se quedan allí en la simple transmisión. En tal, el espectador queda a diestra para caer en confusiones porque, seamos sinceros, es un juicio tedioso, anquilosante a muchas veces y los testimonios son tan diversos que uno no sabe a quién creer.

No me queda para terminar decir que en lo que a mí respecta la culpabilidad de este señor es más que evidente, lo creo de manera militante y debemos aprender de este episodio de nuestra historia para no cometer el mismo error, pero eso no es solo el rollo o el floro de los que gobiernan y administran el poder, sino de la población en general, porque los excesos los aprobamos tácitamente, así como con nuestro particular desentendimiento permitimos que Sendero Luminoso se extendiera causando tanto daño y horror. PARA QUE NO SE REPITA……….

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