Un judío en Auschwitz ¿sucedió o no sucedió?

domingo, 5 de febrero de 2012


Es mucho lo que se ha escrito en relación a lo que muchos denominan el “Holocausto judío” elcuál argumentan fue perpetrado por la Alemania Nazi en tiempos de guerra lo que condujo a la aniquilación de 6 millones de seres procedentes de esta cultura. Desde entonces el tema se ha dado por clausurado, no apto para el debate sino es para reafirmar que en verdad sucedió y la crueldad diabólico de quienes argumentan lo propiciaron.

Sin embargo, el mundo entero y la ley del hombre ha cerrado la posibilidad al hecho de argüir cuestionar este suceso, muchos menos negarlo llegando incluso a condenar con la restricción de la libertad a aquellos quienes se han atrevido a re debatir desde un punto de vista “revisionista” y bastante crítico respecto a la opinión oficial de dicho acontecimiento. ¿por qué sucede esto? ¿por qué si se dice haber espacio para debatir y contradebatir casi todo lo existente, hasta la existencia de Dios, no se puede hacer lo mismo con la supuesta eliminación de 6 millones de judíos en el lapso de 4 años en campos de concentración, cámaras de gas, hornos crematorios, así como el uso para experimentos macabros y de más vesanias?

Quienes me conocen saben mi posición respecto a este tema y debo admitirlo: yo no creo que el tal “holocausto” haya sido tal como las fuentes oficiales lo mencionan, ¿por qué? muchos factores del llamado “revisionismo”, entre ellos el hecho de los hornos crematorios que se ha demostrado que muchos de estos fueron puestos por americanos y rusos después de la guerra y en la postrimerías de los juicios de Núremberg; que es mentira, una falacia que en dichos hornos se hubiese calcinado gente viva, primero porque los hornos eran demasiado pequeños como para poner cuerpos (sino solo prendas de vestir, acaso) y la tecnología crematoria de la época no era tal para que se incineraran personas a la magnitud que se dice a nivel mundial; el hecho que en 1941 habían en Europa alrededor de 15 millones 600 mil judíos mientras que para 1948 el número no se había movido mucho, ¿cómo es esto posible si perecieron 6 millones, no deberían restar 9 millones?; dicen que fueron unos cuatro millones gaseados con Zyklon B, que los judíos entraban y salían de las cámaras de gas, sin embargo, el efecto del zyklon B tarda alrededor de 8 horas en disipar su mortífero efecto, ¿cómo es posible, entonces que teniendo esto en cuenta parecieran tantos en esos cuatro años?; sumado a ello, no hay rastros en las famosas cámara de gas de presencia de este agente que, definitivamente, quedaba impregnado en donde se exparciera; ast mismo; por otro lado, estas “cámaras de la muerte”, necesariamente debía de contar con chimeneas de una enorme altura por las cuales el zyklon B pudiera salir. Se descubrió POR FOTOGRAFÍAS ALIADAS tomadas mientras sobrevalaban Auschwitz y otros campos que estas chimeneas no estaban presentes y que en ellas no se vislumbra ese interminable tela de gas en el aire que se delata en la “historias” de los sobrevivientes; así mismo, verdaderos constructores de cámaras de gas en los Estados Unidos determinaron que dichos recintos no cubrían las condiciones mínimas para que tal proyecto se hubiera llevado acabo; si esto sucedió realmente ¿por qué las cifras a lo largo del tiempo han variado tanto de los 6 millones, a 8, luego a 6 para irse a los 4, luego los 2, millón y medio, el millón, 500 mil, 300 mil y últimamente, 75 mil?; por qué algunos “sobrevivientes” cuentan una historia una vez y años después argumentar una totalmente contraria en el mismo período, muchas veces en otro lugar muy distante? Entre otras interrogantes más.

Bien, el siguiente es un material videográfico bastante peculiar, se hace una especie de intro de un supuesto muchacho de procedencia judía que visita Auschwitz con un punto de vista totalmente crítico desde su posición de ser judío de sangre mas no de práctica y cuestiona con entrevistas y demás lo que se dice ocurrió en Auschwitz a raíz de la famosa “Solución Final” que se dice el Tercer Reich ideó para eliminar a los judíos de Europa.

No es la intención de quien escribe presentar esto como LA VERDAD, pues la red es muy engañosa y existe harto material tendencioso hasta la médula; sin embargo, reúne si una serie de elementos de los estudios investigadores revisionistas del llamado “Holocausto judío” como los mencionados líneas arriba y otros adicionales. Aparece una entrevista a uno de los encargados de hoy del campo de concentración y algunas declaraciones bastante polémicas para quienes las consideren así.

Así mismo, se coloca a quienes enseñan sobre lo ocurrido en Auschwitz como personas que saben de una verdad y que, sin embargo, les hacen repetir algo totalmente distinto para todos los turistas quienes son una especie de guía karmico que van aumentando la intensidad del “espanto” hasta su punto más álgido que vendrían a ser las “cámaras de la muerte” sin dejar de resaltar ese aberrante gusto de la Globalización de hacer de todo un producto vendible y Auschwitz no es la excepción. Un recinto que se ha vuelto un lugar de “peregrinaje” con una exaltación de mal gusto de la muerte y lo horroroso que fornica bien con todo la parafernalia y el merchandising que se hace gala en dicho lugar.

Sin más, aquí el documento.




















Los peruanos de estantería y su patriotería de dos ferros


¿La polémica?

El Perú está en boca de todos, eso es un hecho, es algo que nadie lo puede negar y que a ninguno de los 30 millones de peruanos molesta, y ¿a quién no? Que la patria de uno resuene en todas las partes del globo es algo bonito, algo que te hace sentir feliz. Una de esas cosas, una de las primeras cosas del Perú que está dando tanto de qué hablar es la gastronomía. Si, claro, todos sabemos que esta es deliciosa, pero ¿desde cuando somos conscientes de ello? ¿Acaso la gastronomía representa o es parte de ese sentimiento nacional al podríamos definir como “nacionalismo”?

Hace poco, un escritor de origen peruano llamado Iván Thays publicó en su blog de un diario español una reseña sobre un libro en relación a la gastronomía peruana. Este escrito hubiera pasado desapercibido si es que el personaje en mención no se hubiese atrevido a escribir unas líneas controvertidas en relación a este ítem dentro de nuestro país al calificarla de “indigesta”, “poco saludable” y demás adjetivos que, en resonancia en nuestro suelo, no hizo mucha gracia crispando los nervios a esos que hoy se sienten “orgullosos de ser peruanos”.

Un escritor fuera de foco

Primero que todo, en mi opinión, Iván Thays es un escritor snob, no se puede esperar algo sesudo respecto a lo que podría decirse la nacionalidad y sus elementos (y con esto no intento decir que se construya nacionalidad en base a un tema como la gastronomía), por tal, comentarios así no me sorprenden ni me extrañan. Segundo es que el artículo, aunque burdamente, tiene un par de verdades que es menester señalar.

Por ejemplo: “Cada vez que alguien habla de la fama de la comida peruana en el mundo, pienso en las carencias de un país necesitado del reconocimiento extranjero para sentir respeto por sí mismo” y es algo totalmente cierto. En un país sin una identidad propia, menos aún bien definida es algo casi natural que se necesite del reconocimiento y la aprobación de otro, en este caso, del resto del mundo, para sentirnos orgullosos y solemnes respecto a algo, así esto sea de la menor importancia para el espíritu nacional. Thays no miente en eso, sin embargo, su análisis viene, paradójicamente, de su incomprensión acerca del Perú.

Y esto queda mucho más claro en la respuesta que dio días después de todo el revuelo hecho en el Perú tras lo publicado en su blog donde dice: "Si hay algo más indigesto que la comida peruana es el patriotismo de parroquia. Esta bulla mediática demuestra que el llamado "boom" gastronómico peruano no es ese elemento unificador de halo místico, generoso, sentimental y mestizo que se nos ha querido vender sino, al contrario, un elemento marginador, que exacerba el peor nacionalismo y las reacciones intolerantes, machistas, homofóbicas y chauvinistas de los peruanos que firman sus comentarios como "cholo soy"" Tahys, muestra un enojo por las críticas, las cuáles han sido todo menos alturadas y muy huachafas, dicho sea de paso, pero también es cierto que con este párrafo el escritor deja en claro que no cree en la nacionalidad ni mucho menos en la identidad nacional de los pueblos, que existe y persiste, muestra de ello es que la palabra “nacionalismo” la asocia a una serie de adjetivos negativos tales como “intolerante”, “machistas”, “homofóbicas” e, inclusive, llega a la confusión al hacer ver como iguales conceptos el nacionalismo y el chauvinismo. Nada más alejado de la realidad.

Sin embargo, y en otro párrafo de su respuesta, el novelista vuelve a escribir algo interesante y en lo cual, el redactor de este post asiente con total claridad, aunque claro, mientras él hacer ver el nacionalismo igual chauvinismo, quien escribe lo entiende a su modo y segmenta y cita como un ataque a esa patrioterismo peruano de dos ferros con lo siguiente: "Disentir de ese símbolo patrio recién parido que es la comida peruana merece el repudio y el amedrentamiento verbal, como solo se supone que debería ocurrir cuando uno arremete contra los símbolos patrios o religiosos en las dictaduras fascistas o el islamismo. ¿Es de eso de lo que los peruanos se sienten orgullosos? ¿De haber convertido al anticucho en nuestra esvástica?" pero, una vez más asocia, erróneamente, estos elementos de chauvinismo más fofo y marketero asemejándolos con palabras como “fascistas” o “islamismo”. Thays, vuelve a confundir criterios dejando en claro su desprecio hacia todo lo que simbolice nacionalidad considerándolo algo reprochable y siempre emparentándolo con acepciones consideradas como “negativas”.

Peruanos de estantería

Pero lo de Thays no pasa por ser un punto menor porque, al final de cuentas, es una opinión de muchas tantas, no por haber nacido en este suelo está obligado a que le guste y decante la comida preparada en su país de origen, si apelamos al dicho de “para gustos y colores no han escrito los autores” entonces uno puede entender mejor las cosas, es simplemente eso, gustos y nada más, ellos no representan una totalidad porque están al criterio de quien así los quiera aceptar como que no. Visto desde ese punto, lo escrito por el novelista resulta solo algo digno de una breve mención. Lo peor es la reacción tan pacata y rastrera de la mayoría de las personas en este país.

Esos son los “peruanos de estantería”, esos sujetos que, sin una identidad propia, sustentan su nacionalismo en cosas superfluas como la gastronomía, algún logro en el extranjero, un Grammy otorgado a algún peruano, etc., entonces estas cosas se convierten en íconos, vacas sagradas que no se pueden tocar, que no se pueden juzgar ¿por qué? porque están avaladas por personas de una debilidad y poca fortaleza moral que no aceptan un cuestionamiento sintiendo un enojo en lo que ellos creen refleja su “peruanidad”, pero eso es solo el reflejo de su lado más inestable e inseguro el cuál busca mantener intocable su interior status quo, un status quo interior levantado sobre premisas falsas, sonsas, sin una tradición ni una idea fuerza que las solvente pues estas son parte de esa gran ramera que es la globalización que, en su afán por destruir toda identidad nacional, busca poner todo en boga, de moda y venderlo al mejor precio deformando así todo la tradición, historia y cultura de nuestros pueblos reduciéndolo todo a un mero estante de tienda comercial, un producto consumible, y nada más.

Ese es el “nacionalismo” de los que mucho se sienten orgullosos y amplia desfachatez salen a defender, lo muestran sin tapujos como una constatación de que ello los hace más peruanos, más blanquirrojos, que portar un polo con el logo de la “MARCA PERÚ” los hará más peruchos, que esto es una prueba de su patriotismo, de su amor por su patria, cuando no entienden que son solo una demostración de modistas que son al sumarse a ese carro que está haciendo que el Perú sea vendible así como se comercia con una banda de rock, una ropa costosa en una Passarella, no se dan cuenta que su patriotería es más la actitud de un consumidor ansioso y desesperado que la actitud del nacionalista menos convencido.

Las dos caras de una misma moneda

Este impasse ocurrido entre el patrioterismo de dos ferros de los peruanos de estantería contra Iván Thays demuestra dos tipos de pensamientos dentro de la sociedad burguesa globalizada:

Por un lado, Thays podría, perfectamente, representar ese sector de la sociedad (sin mezclar clases sociales, hablamos de ideas y pensamientos) que ve como algo negativo al nacionalismo como un ente negativo, del pasado, de retroceso dentro de la comodidad del pensamiento burgués globalizado y muchas veces seudo revolucionario, de la aldea global, de la idea de la condición igualitaria de todos los seres humanos, donde todo lo que represente un esbozo vehemente (válido o no) de nacionalismo es repudiable; y el otro que, calza inequívocamente dentro de esas personas que, instintivamente, ansiosas de encontrar una identidad se aferran a cualquier tótem, por más absurdo que este sea, para, a partir de allí construir algo con lo que puedan sentirse identificados creando, sin embargo, y sin darse cuenta de una aberración de todo aquello de lo que signifique una identificación con algo más grande y supremo que nosotros mismos. Esa exacerbación amorfa de la nacionalidad bien podría llamarse chauvinismo, pero también le sentaría excelente algo como “mercantilismo nacionalista”.

En todo caso, ambos espectros antes mencionados no son más parte del mismo sistema que hoy impera, que hoy nos quiere hacer creer que las identidades naturales de los pueblos son cosa del pasado, que las naciones no existen pues son, únicamente, líneas imaginarias creadas por el hombre pero, cuán errados están pues el nacionalismo es lo más natural e inherente a todo ser vivo, es la base de toda persona en su formación y crecimiento espiritual - cognitivo, es el sentido de pertenencia, de territorialidad, de defender y sustentar su propio espacio, sus particularidades y aquello que lo configura como “su espacio”, pues hasta los animales lo sienten: solo basta ver como estos demarcan su territorio y como lo defienden de cualquier invasor sea de su misma especie o no. ¿Cómo negar, cómo querer destruir algo tan implícito al ser humano como el acto sencillo y crucial de respirar?

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