Esperantía

miércoles, 6 de agosto de 2008

(Aquel lugar que siempre veo y nunca recuerdo)

A veces, cuando me siento sobre mi ordenador y quiero hacer algo, ya sea un trabajo, alguna otra diablada por la red me es imposible concentrarme, realizar algo sin poder escuchar un poco de música.

Últimamente he vuelto a escuchar esas viejas canciones grunge que tanto han marcado mi vida, mis ideas y tantas cosas más. Sentir la voz de Andrew Word gritar con delicadeza e ímpetu es sin duda una de las experiencias más placenteras a mis oídos.

Pasando, haciendo un recuento de cuanto soy, veo mi espacio, este ambiente cutre que desde un chavo compartí, del cual siempre he visto los amaneceres más hermosos, de cuya estancia salí alguna vez en un agosto del 2001 con la neblina baja sobre las calles, los postes de luz conservaban encima esa luz amarillenta horrible que, sin embargo, aquel amanecer parecían los más hermosos que vez alguna vi.

Mientras mis dedos trigueños aprietan las teclas del teclado suena Filter con “Where do we go from here” que me llena de tantas emociones encontradas, me pone melancólico, quizás nostálgico; no es que sea necesariamente una canción lenta, pues posee esos estallidos típicos del rock alternativo de los años 90 (aquella época en la que me hubiera gustado ser joven. Cuando la música parecía ser el último estandarte de honestidad y rebelión en una generación X que se quedó replegada cuando todo esto terminó) de pronto, ya no siento lo anterior, sino tristeza, en la voz rasposa y alcoholizada de Patrick existe una desesperación, una duda, que la puedo sentir: entonces me siento inerme, vacío de toda emoción ajena a esta, que la verdad no es la verdad, sino que la voz de este pobre borracho me quiere triste como él, que, exactamente, no sabe a donde ir, buscando una respuesta en mí, en ti, en todos aquellos que le escuchen su sentir, sus sueños rotos, que no es el único que pueda sufrir así, que las emociones son tan universales como particulares, a la vez…. Y todo lo demás, se hace del universo y del individuo.

Hablando con mi enamorada sobre el rock, comentamos del impacto de este en nosotros: a manera personal, yo admito que iba a la deriva como ese balsero perdido en pleno océano sin saber por que dirección decidirse a remar rodeado por cientos de arrecifes algunos suntuosos pero llenos de basura por dentro y otros los cuales todos los peces del extenso mar devoran no dejando nada por disfrutar hasta que por fin encontré a lo lejos y basto arrecife de coral, de un brillo modesto pero con una belleza que podía apreciarse y que siempre ofrecía nuevos recursos a los peces. En ese camino estuve yo; la música popular o “pop” nunca me llenó, no aliviaba mis sentidos. Hastiado de escuchar de la sublimación (en la mayoría de los casos) innecesaria del amor, descubrí al hijo negado y los demás bastardos del rock.

Este espectro llegó a mí para darle sentido a muchas cosas que en mi ser necesitaban un hábitat para morar: en mis demonios, mis locuras, mis deseos, el amor en un sentido real y humano, mis ideas políticas, mis alegrías, mis odios, mis ánimos enfermos y morbosos. Fue mi salvación en una época de transición y de la búsqueda de algo verdadero que me sacara de esos hoyos que pronto se harían más constantes en mi vida, en parte provocados por mi mismo sin que yo mismo lo advirtiera.

Ahora me veo, y tengo ya 23 años, apunto de concluir mi carrera pareciera que el mundo se me abre al finalizar esta etapa de mi desarrollo, sin embargo miro en pocas oportunidades el pasado sin poder evitar sentir pena o algo de nostalgia por lo que fue ayer una época de juegos, diversión, desencantos tontos y otras cosas más. Claro, madurar es “chévere” pero debo admitir que es algo complejo, complicado, bizarro cuando las cosas meditadas diluyen por mi cerebro de manera racional.

Por alguna razón que no entiendo sigo sumergiéndome con la voz de Patrick hasta decir no más y aún no acabo este post…. Es que en verdad no se como acabar aquello que empiezo, quizás esa sea la razón por la que escriba tanto en cada post, o aquella por la cual vea el horizonte y el ocaso como algo sobrenatural, majestuoso y sensacional, porque parecer no tener cuando acabar. No es que sea voluble, es solo que mi cerebro tiende a racionalizar demasiado las medidas mías y las que me expresan otros.

Cuando niño e incluso de adolescente, recuerdo que en mi casa mucho me decían que era inseguro. Ahora, cuando ya me siento cuasi adulto me doy cuenta que fue un error de criterio y percepción por parte de muchos de mis familiares. No soy un tío inseguro, al contrario, la mayoría de las veces se lo que quiero o en todo caso se lo que no quiero, pocas veces he dudado de mi, de mi mente, de mis acciones, siempre he sabido cuando soy tosco, ofensivo, hiriente y todo lo contrario a eso. Hoy, a mi lozana edad, no he vuelto a escuchar dichas falacias, y eso me alegra.

Me siento casi ebrio, algo alcohólico melancólico, un loco solitario, esta música me hace sentir mas que elevado, mas que drogado, mas que borracho, soy yo quien se embriaga y se droga con esta cutre melodía de porquería. La gente no entiende cuando les digo esto, quizás porque hablo de una manera que se les hace imposible entender, no lo se, es una posibilidad.

Veo a mi viejita durmiendo, la pobre siempre regresa cansada después de sacarse la mierda de tanto trabajar. Muchas veces me siento una shit porque no puedo hacer mucho para revertir la situación actual de su condición que cada día empeora más. Se cuales son las soluciones, pero por razones de mi taimadez estas me producen acérrimo escozor, y eso me pone como todo un cabronazo, lo admito.

Veo a mis amigos de Judeh como grandes chicos que he conocido en este año el 2008, y se que en ellos hay aquello que mucha de la juventud necesita para cambiar muchas cosas en este cute país. Y eso me alegra de haberme topado con ellos porque, es verdad, les he cogido un cariño muy especial a cada uno de ellos, todos somos tan jóvenes, como esas cerámicas en pleno proceso de elaboración y moldeado, se que podríamos armar una revolución en unos pocos días y si aún así fracasáramos lo volveríamos a intentar una vez más.

Se que en lo que me quede en este mundo, en verdad no se cuanto de eso será, quiero hacer de mi existencia una que tome sentido, no es el mero hecho de irme de parranda, tomar, embriagarme como un tarado, bailar la última estupidez de moda o que diablos se yo. Quiero disfrutar con jovialidad el cielo abierto, el poder contemplar el ocaso, ver un bello amanecer resplandeciendo tras las cortinas entre cerradas (NO NAME) aún saber que la voz de Patrick o de Word me pueden hacer llegar a una explosión de emociones siderales sin poder controlar lo que a ello conlleve las multiplicidad de la música tan humana en tanto universal como personal.

Saber que un día podré despertar en esta Niebla Limeña y ver que el mañana en verdad se percibe diferente, donde un caricia no sea un mendrugo sino un obsequio, un aprecio, una muestra, un deseo, un amor. Poder mirar en frente mío y ver un ser humano, no un autómata que camine de frente, indolente ante su alrededor consumado por los problemas diarios de sus existencia trivial del mundo pos moderno globalizado.

Espero morir con una vida grandiosa y ver la luz en una mente que surge desde las entrañas del sub mundo de los recuerdos y anhelos de NUOVO AMANECER

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