La Infame Ley de Arizona

domingo, 25 de julio de 2010

Borders

Ya hace un par de meses que se viene hablando de la tan mentada “Ley de Arizona”, supuestamente un mecanismo que servirá para endurecer la ya de por sí dura política migratoria del país del norte.

Muchos han sido los países que se han manifestado en contra de la mencionada ley; entre estos figuran, obviamente países de la región Latinoamericana pues, es por el Estado de Arizona por donde se registran los índices más altos de inmigración ilegal.

¿Por qué tanta controversia?

En teoría, la ley le da la facultad a las fuerzas policiales a arrestar a cualquier persona por cuyo aspecto sea, presumiblemente (y este término incluye la redacción de la ley), de origen no estadounidense, es decir, ya sea latino, árabe o asiático, de manera arbitraria, ser interrogada, encarcelada, procesada y condenada en el fuero penal bajo cargos criminales con penas de hasta 5 años.

El código de la ley es SB 1070 pero es comúnmente conocido como “Ley de Arizona” dado que fue en este Estado donde fue redactada y llevada a su normal proceso para aprobación y funcionamiento, el mismo que (de aprobarse) debería entrar en vigencia a partir del 29 de julio próximo.

Los usos políticos de la 1070

Sin embargo, y a pesar de haber polarizado a diversos sectores no solo de Arizona sino de Estados Unidos, ha llevado al autor de la mentada ley, Russell Pearce a señalar que no darán el brazo a torcer para lo que califican como el “cumplimiento de los derechos civiles y el mantenimiento del orden”. Declaraciones un poco demagógicas si tenemos en cuenta dos cosas:

La proximidad de los próximos comicios a realizarse en noviembre del presente año hace de este un tema rico en explotación en lo que respecta a votos y hacerse ver a muchos abanderados como los destinados a poner orden en temas tan sensibles como este.

Y segundo, que la grave crisis económica que sufre los Estados Unidos, aquella que ha golpeado a varios sectores sociales hace una predica consecuente buscar chivos expiatorios, en este caso los inmigrantes, aduciendo que el Estado gasta millones de dólares en su manutención, en su búsqueda, el hecho que sean una mano de obra barata quitando trabajo a los nativos y hasta su extradición.

Estos temas son caldos de cultivos que en épocas de vacas flacas pueden conllevar a resultados fatídicos como a soluciones draconianas por parte de personajes o instituciones con poca capacidad de gestión y/o con mucha bilis hacia cierto grupo social. Y ya sabemos lo sensibles y paranoicos que se han vuelto los estadounidenses a partir del 11 de setiembre.

Todos aquellos que deseamos cruzar

Sin duda, de aprobarse y aplicarse esta ley, alrededor de un 11 millones de indocumentados serían puestos bajo amenaza, y a eso sumémosle que habrá miles más que por casualidad, a pesar de su legalidad, pasarán el mal momento de ser abordados con todo el despotismo y cizaña de la policía estadounidense. Simplemente, una medida draconiana, que no está basada en un criterio lógico sino más bien en una desesperación ante un problema que no pueden controlar.

Para esto muchos plantean una reforma migratoria, pero los intentos por llevar a cabo una legislación coherente han sido nulos hasta el momento, y la tendencia es a mantener la actual legislación o ha endurecerla aún más.

Estar con todos y con nadie

En lo particular, opino que la mentada ley es exagerada, desesperada, pero responde no al sentir de unos cuantos, sino a millones de estadounidenses que ven amenazada su vida en sociedad, su trabajo e inclusive su seguridad por las hordas de migrantes que día a día cruzan la frontera en busca de una vida mejor de la que llevaban en sus países, unos tantos lo logran, pero otros muchos simplemente o entran en la delincuencia o siguen en ella (tal como en sus países de origen) convirtiéndose en la escoria, en el rostro negativo de los llamados “inmigrantes” siendo que por estos muchos de los sacrificados deben pagar insultos, persecuciones, tratos peyorativos y demás vejámenes.

A pesar de no estar de acuerdo con esta arbitraria ley, tampoco lo estoy a las declaraciones hechas por el presidente del Parlamento Andino, Wilbert Bendezú quien declaró que con esta medida se pone en “peligro la estadía de miles de migrantes indocumentados”.

Comparto su preocupación, pero no comparto el sentido de sus palabras puesto que (y es a mi parecer) está avalando la inmigración ilegal con tales argumentos de forma (aunque quizás de fondo no sea esa su intención) lo cual me parece aún tan condenable como la ley en si pues demuestra una falta de responsabilidad por parte de los gobernantes de los países involucrados y sus políticas de desarrollo.

Si bien es cierto que los Estados Unidos debería abogar por una reforma migratoria, es cierto que no todo depende de este país, sino de las naciones cuyos habitan migran masivamente a conseguir las oportunidades que en sus lugares de origen el Estado no les puede dar y en otros casos no les permite acceder.

Pero, y seamos honesto ¿quién quiere en su país gente ilegal, indocumentada, que vienen a probar suerte que, en muchos casos quita trabajo a otros que lo merecen, a muchos que serán tan o más delincuentes como lo eran en sus países? Creo que nadie; y desde ese punto de vista es comprensible el pavor que los norteamericanos tienen hacia los migrantes. Y no es para menos. Sin embargo, eso no justifica las medidas arbitraria y sin sentido que hoy desean con tanto tesón aplicar.

La cuestión es…..

La pregunta que debemos hacernos es ¿qué pueden hacer los países involucrados para evitar que sus ciudadanos se vayan de sus países pudiendo desarrollarse y forjar un futuro para sus familias?

Muchas podrían ser las respuestas, más inversiones, mayor atracción de capitales, una verdadero proceso de descentralización política y económica, reformas educativas y laborales que den cara a los problemas más urgentes y reales de cada sociedad, fortalecimiento de las instituciones encargados de sectores involucrados como educación, economía, producción, trabajo, etc. Sin embargo, lo que falta es la decisión política, la tan mentada decisión de los gobernantes y técnicos de concretar proyectos, reformas y leyes en beneficio de sus sociedades. Este es, en esencia, un tema político.

De lo contrario y como se viene haciendo hasta ahora, podremos seguir esperando que (en este caso particular) los latinoamericanos sigamos siendo vistos como escoria, basura, mugrosos, delincuentes y apestosos seres más inferiores que un ciudadano de “segunda clase” en un país que, burdamente, se jacta de su superioridad, que mira con desprecio a todo lo que sea ajeno a su inexistente “cultura” y que teme con pavor a todo elemento que pueda amenazar su perfecto “estilo de vida americano”.


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