Historias del Shock

domingo, 17 de abril de 2011


Era un sábado como cualquiera

Un sábado de abril como cualquiera, uno de esos sábados limeños que no sabe si sentirse el clima de invierno o de verano, esa duda tan típica que a todos nos confunden y nos maquilla el humor. Hacía sol y quemaba duro, tan duro que estaba un tanto irritado, pero salir era no una opción sino una necesidad pues me dirigía al banco a ver unos asuntos.

Pero no era el único motivo para salir de la pasividad sabatina de mi casa. Tenía una reunión con ex compañeros de trabajo. Iríamos a comer algunas delicias marinas y como ya tenía la hora encima me decidí a tomar un taxi.

Hay una costumbre que no puedo dejar de hacer (salvo cuando estoy de mal humor) y es que cada vez que me subo a uno de ellos, necesariamente, entablo conversación con los taxistas. Por lo general, el tema es el mismo: Política.

Alguna vez escuché decir, no se en un medio de comunicación, un líder de opinión o alguien que conozco, que la voz de los taxistas era la voz del pueblo. Creo que después de tantas conversaciones con ellos, podría afirmar que es así, efectivamente.

Pues bueno, me puse a conversar con el taxista, era un hombre a quien podría colocar en los 40 años, aproximadamente, llevaba unas gafas de sol blancas que me parecían una tanto cómicas. Se le veía ese típico limeño de rasgos mestizos, medio clarón, pero de talla baja. Pero antes de subir le dije a donde iba y este me preguntó que “cuánto pagaba” hasta donde me dirigía (es decir, a Prescott en San Isidro) entonces le dije que siempre pagaba 7 soles, a lo que este me miró y le dije “siempre me llevan por ese precio”, este, sin quitarme la mirada pero con esa sonrisa tan criolla me dice “hermano, usted es buen psicólogo, vamos por 7 soles, entonces”, y subí.

La voz del Perú

La conversación fluyó entre los estúpido que resulta toda esta situación electoral sobre el buen soldado de Chávez, Ollanta Humala y la hijita de papi, Keiko Fujimori. Ambos coincidimos en haber votado por PPK (quien resultara en el tercer lugar en la intención de votos). Ante la disyuntiva mortal de votar por uno o por el otro el hombre confesó que optaría por Fujimori y es donde empezó el tema sobre el gobierno de su padre, la necesidad del autogolpe de 92 y la aplicación de un shock económico cuya finalidad no era otra sino encarrilar al país económicamente.

El hombre me confesó haber tenido un negocio próspero, uno en el cual podía tener a su familia en una buena condición económica y vivir sin grandes ajustones, a pesar de la nefasta época en que el APRA y su doctrina socialdemócrata se encargaron de llevar el país a la bancarrota, a que el resto de países se negaran a darnos crédito, con las inversiones en tendencia a la baja y un terrorismo que no parecía disminuir en su actividad, a pesar de los grandes avances hechos por la Policía Nacional. Fue en ese tiempo, cuando el gobierno de Alberto Fujimori llevaba unos cuantos meses en el poder que se encuentre mientras transitaba por alguna calle de Lima al lado de su esposa a un amigo, al parecer empleado público. El hombre refirió que la conversación fluía amena, según me dijo, no se veían hace tiempo y era uno de esos encuentros un poco bizarros pero lleno de recuerdos y memorias, mas de pronto todo cambió cuando el hombre, el amigo del taxista apeló a otro asunto y, sin pensarlo mucho, le advirtió que todo el dinero que tuviese en el banco lo retirase de inmediato, que no espere el correr de los días, que todo cuanto tuviera lo sacara, que aquellos que le debían dinero les cobrase y que le pagarán todo cuanto tuviesen porque “en unos pocos días el aceite será un lujo, un tarro de leche te costará cuatro a cinco veces más”; el taxista me dijo que no parecía creerle, pero no me negó sentirse asustado con lo que aquél amigo le había advertido y su mujer, ni qué decir, se sentía ofuscada, le pareció un comentario de muy mal gusto, y no era para menos, después de lo que el APRA le hiciera al Perú, era lógico que escuchar algo como aquello trajera a la memoria fantasmas como las colas para comprar un kilo de arroz o azúcar con precios en los que uno necesitaba “una mochila” para comprar un par de productos.

“¡Que Dios nos ayude!” el shock

Pasaron dos días después del encuentro con el “amigo” cuando por la noche se encontraban el taxista y su señora observando la televisión (no puedo imaginar que estarían viendo porque yo tenía 5 años y los recuerdos no son claros) cuando de pronto, todos los canales son interrumpidos sin previo aviso y de manera brusca con lo que decían iba a ser el “mensaje a la Nación” del ministro de economía de ese entonces Juan Carlos Hurtado Miller anunciado un shock económico donde los precios se disparaban a tres o cuatro veces su valor real, mencionando ciertos productos, las razones por la cual era necesario hacer esto para finalizar con el ya histórico y contundente “¡Qué Dios nos ayude!”.

Aquella medida pasó a la historia bajo el nombre del “Fujishock” y productos como la leche pasaron “de costar I/.120.000 (intis) a I/.330.000 (175% más); un kilo de papa de I/.65.000 a I/.250.000 (284%), el pan francés, el alimento abanderado de las economías menos favorecidas de los tiempos modernos (pan y agua), pasó de costar I/.9.000 a I/.25.000 de un día para otro, el galón de gasolina de 84 octanos (estábamos en auto) subiría de I/.21.000 a I/.675.000 (30 veces más)”

El hombre se quedó paralizado, no podía creer lo que estaba escuchando, fue entonces que recordó lo que su amigo le había dicho (pero nunca me aclaró si le hizo caso tras lo advertido), se sobresaltó, se ofuscó, pero su impresión fue aún mayor cuando miró a su costado y vio a su mujer paralizada, como en “shock” con las lágrimas que le salían a borbotones, ella no lo miraba, su mirada estaba fija en esa pantalla que se había vuelto ya desde hacía unos años un mensajero de muertes y matanzas, de reportes de interminables colas, ahora lo era también de un problema más a una economía familiar que llevaba más de cinco años golpeada hasta el hartazgo producto de los subsidios indiscriminados a todo, de los malos manejos económicos, del populismo izquierdista en su sin razón total.

El negocio del hombre se fue a la quiebra, su economía familiar se desmoronó y se vio obligado a migrar a otro país buscando una mejor vida para sus hijos, para su esposa, es así como encuentra un refugio en Japón, país en el que vivió y trabajó por 10 largos años para luego regresar y poder hacer una mejor vida en lo que el me dijo es su “terruño”, darle una buena educación a sus hijos y volver a tener su hogar cerca de él.

Lo necesario y lo que queremos

Cuando le pregunto que opinión tiene a ese período (específicamente el shock) me contesta que a pesar que el se perjudicó admite que fue algo necesario porque la economía estaba por los suelos y que era necesario dar una medida tan extrema para volver a reinsertar al Perú en una economía de mercado, capaz de progresar en un tiempo determinado, Y la historia lo dice, un año después los precios comenzaron a reducirse gradualmente y la economía comenzó a andar a rumbo que no se ha detenido hasta ahora y que, con sus muchas fallas, el modelo ha demostrado dar sus frutos, aunque aún queda mucho por hacer y estabilizar, y eso nadie lo puede negar.

Cuando le pregunto sobre la posibilidad de que ganase Ollanta Humala, el hombre se ríe, pero son de aquellas risas que más alegría denotan un fuerte sarcasmo y vaticinio de algo negativo, no puedo evitar estar a favor de esa sensación. Y cito “Hermano, si gana Ollanta, nos vamos a la mierda, ese hombre lo único que quiere es mandarnos al diablo, vamos a retroceder demasiado” dentro de su simplicidad de argumentos una gran razón se halla implícita, y es que la opción chavista es, simplemente, la perdida y fracaso de ese progreso, que necesitamos mejorar, y que tanto nos ha costado.






P.D. A continuación dejó un video en el cual se muestra el mensaje a la Nación de ex ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado Miller anunciando el "Paquetazo", nombrando el alza de algunos productos básico y la frase final "¡Que Dios nos ayude!"


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