¿La Historia lo juzgará?

domingo, 5 de abril de 2009

En esta última semana, el ex presidente de la República, Alberto Fujimori Fujimori, en el proceso que se lleva en su contra por delitos de violación a los derechos humanos por los casos de las matanzas de Barrios Altos y la Cantuta dio su alegato final de defensa en el que, a percepción de la opinión pública, tuvo mucho de arrogancia y poco de reflexión.


La parte final de este proceso era la más esperada, aquella en la que el ex mandatario daría su punto de vista sobre el proceso por el que se le ha venido juzgando. No era de esperar reflexión de su parte pues, era predecible que, más que una condena a su juicio sería un alegato político con miras a las presidenciales del 2011.


Sin Remordimientos


Poco reflexivo, sarcástico, fue el diagnóstico que especialista y medios dieron al discurso del dictador y no es para sorprender con declaraciones en las que declara no arrepentirse de su política antisubversiva la cual, claramente demostrada por la fiscalía y la parte civil, tuvo dos caras: la legal, aquella que se seguía llevando a cabo desde el comienzo del conflicto que tuvo (hay que reconocerlo) claros avances durante el primer gobierno de Fujimori; y la segunda, que se trató de una estrategia de “guerra de baja intensidad” llena de mensajes psicológicos escondidos, asesinatos selectivos por parte de las fuerzas del Estado, la cual incluyó, resueltamente, la violación de los derechos de presuntos terroristas.

Ante esto, el ex presidente manifestó que durante su gobierno no existió tal política, aduciendo que si hubo excesos no fueron ordenados ni ideados por su persona, todo lo contrario, la culpabilidad estaría a cargo de militares irresponsables que incumplieron las directivas dadas desde el Ejecutivo.

Del mismo modo, añadió que poco le importaba el juicio que el tribunal en cuestión le venía siguiendo pues, según él, lo importante sería el juicio (valga la redundancia) que la historia, los pueblos alejados a los que dice haber acudido, allí donde ningún presidente fue antes, le reconocerían por restablecer, el orden y la paz del flagelo terrorista de Sendero Luminoso y el MRTA. Esto no le bastó y agregó que su gobierno es considerado por mucho el mejor que muchos hayan vivido y que debido a él el Perú es lo que es ahora.


Legado


Por otro lado, y siguiendo con el discurso político, expresó enfáticamente que su “legado” estaría a cargo de sus hijos Kenji y sobre de su hija, y única continuadora política con carisma para hacer frente una campaña presidencial, Keiko, dando a entender lo que se viene para el año presidencial y que, según revelan muchas encuestas, sería una de las fuertes candidatas para ocupar el sillón de Pizarro.

Sentencia Previa


El llamado “Juicio del Siglo” llegará a su fin este martes 7 de abril, en el que los jueces liderados por César San Martín darán el veredicto final sobre la culpabilidad o no del Alberto Fujimori. Sin embargo, y como era de esperar, los simpatizantes del “chinito” salieron a protestar por lo que ellos consideran un tiempo muy corto para un juicio tan largo y de implicancias tan importantes.

Cabe recordar que por los delitos de violación a los Derechos Humanos la fiscalía pide una sentencia máxima de 30 años de pena privativa de su libertad, pena que es considerada por los fujimoristas como “criminal” cargada de mucho rencor político.

Haciendo Memoria: El triunfo sobre el Terrorismo

Si hacemos un poco de memoria podremos encontrar que mucho de lo dicho por el ex presidente es cierto. Como por ejemplo que al momento de llegar al poder encontró un país en la bancarrota económica, asediado por el terrorismo y la población hastiada de su clase política incapaz de solucionar los problemas del día a día producto de la hiperinflación acentuada en el primer mandato de Alan García Pérez. Eso, no hay duda alguna es verdad, y aunque seamos férreos opo
sitores a las acciones de Fujimori, debemos reconocerle eso.

Ahora, cuando Fujimori afirma que fue su gobierno el que acabo con el terrorismo, aquél responsable por la captura del líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, hay un craso error, porque no fue su gobierno en franca alianza con las fuerzas armadas por medio de Montesinos, fue el minúsculo grupo de la policía creado a finales de los años 80, el GEIN, el cual evolucionó sus métodos de investigación, verdaderos responsables de cercar al líder terrorista en la capital, allanando la casa de la Molina donde fue encontrado material de propaganda, doctrinario, de acción y el famoso video del primer congreso nacional de Sendero Luminoso donde se ve a Guzmán danzando al compás de “Zorba el Griego”. Fueron ellos quienes dieron con la dirección en el año 92 donde residía Guzmán Reynoso.

Si alguien se atreve a decir que fue obra del gobierno fujimorista, ERROR, este grupo careció de apoyo por parte del Ejecutivo pues este estaba concentrado en el replanteamiento de la estrategia contrasubversiva con las Fuerzas Armadas, en especial con el Ejército. La captura del número uno de Sendero Luminoso por parte de las Fuerzas Policiales implicó el recelo de la oficialidad militar quienes se creían llevar la vanguardia en la guerra contra el terrorismo en el Perú.

Haciendo Memoria: El rescate económico del Perú

Fujimori señala que su gobierno fue el que rescató al Perú de la crisis económica que venía padeciendo el sistema populista. Y es verdad, pero una verdad a medias, y cabe señalar el por qué.

Para entender esto, debemos remontarnos a tres años antes de la elección de Fujimori como presidente del Perú. Al famoso mitin realizado en la Plaza San Martín debido a la decisión del entonces gobierno aprista de estatizar la banca, que posteriormente nos llevaría a la bancarrota. Este movimiento liderado por Mario Vargas Llosa y el economista Hernando De Soto, ambos de ideas neo liberales, nació a raíz de ese suceso; es a partir de entonces cuando se comienza a crear una agenda nacional para reestructurar al país del desfase económico de acuerdo a los postulados neo liberales, que desde finales de los años setenta los países del mundo habían adoptado, en tanto que el Perú fue uno de los últimos en aplicarlos.

Cuando la campaña presidencial de 1990 llegó a puertas todo parecía indicar que el Frente Democrático (FREDEMO) coalición de grupos entre ellos Acción Popular, Partido Popular Cristiano y el Movimiento Libertad, dirigido por Vargar Llosa, se llevaría la victoria sin mucho esfuerzo, ya que el hasta entonces rival más cercano, Luis Alva Castro, del APRA se quedaba por detrás e
n un segundo lugar.

Sucede que de pronto, surge un candidato que ni siquiera figuraba en las encuestas, un ingeniero y profesor de la universidad Agraria, se llamaba Alberto Fujimori, y en colaboración con el APRA que orquestó toda una campaña de desprestigio hacia el candidato de derecha hizo surgir a este chinito desconocido que fue calando en la simpatía popular.

Pero lo importante es esto. En síntesis, se podía decir que Fujimori no tenía un plan convincente, un outsider, sin rumbo ideológico fijo. Es así como el conglomerado de empresarios neo liberales migran a tienda de CAMBIO 90 y proponen una alianza política en la que ell
os tomarían las riendas del poder político ocupando carteras ministeriales claves para esto y aplicar el programa neo liberal planeado con Vargas Llosa.

Y eso fue lo que pasó. Fujimori no reestructuró el país económicamente, porque, sinceramente, creo que él estaba en la luna de Paita en ese asunto, su mérito radica en que supo aprovechar la oportunidad que en su
momento tanto empresarios como militares le ofrecieron para poder colarse de ellos y crear ese caudal político del que ahora tan simplonamente se ufanan ahora.

NUNCA MÁS

A los peruanos con conciencia solo nos queda reconocer los méritos que tuvo su gobierno (sobre todo el primero) porque los hay, aunque mucho cucufatos se rasguen las vestiduras; y del mismo modo condenar lo negativo, condenar que hubieron violaciones a los derechos humanos, prensa comprada, represión contra las voces que diferían de la línea del gobierno. Eso no lo podemos permitir.


Que este juicio sirva para despertar la conciencia de los peruanos que aún piensan con añoranza la época del fujimorismo, del mismo modo como aquellos que ven en el Velasquismo la solución a nuestros problemas. Ambas vías autoritarias solo traen malos recuerdos, una trajo atraso, la otra produjo la pérdida de valores a toda una nación. Evitemos que fenómenos como la violencia terrorista resurja, por medio de nuevas políticas inclusivas, con una distribución óptima de la riqueza nacional, que el Estado llegué a zonas donde antaño sus pobladores no saben de sus existencia. Si hacemos esto podremos esperar que la violencia y la añoranza autoritaria vuelvan a surgir.




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