Misántropo

miércoles, 21 de mayo de 2008

Las puertas del cielo pocas veces se han abierto para los mortales, quizás porque estas, en verdad, nunca hayan existido. Tal vez al escuchar una música profana y pagana mi alma no se corrompa, porque dichos demonios y dioses nunca han sido lo que las personas creen o creyeron que son.

Hoy me siento un misántropo, no porque haya sufrido un gran daño, sino porque el mundo y los humanos me parecen desdeñables, yo incluido. No si hable por toda la totalidad de mi ser o por el contrario, exprese una pequeña porción de mi que siempre se ha sentido, no anárquica, los anarcos apestan, si no mas bien desidiosa, ociosa, vulgar, extrema, violenta, inicua, profana, atea, impura, sangrienta y tormentosa, todo al mismo tiempo y con la misma intensidad.

Es verdad, a lo mejor muchos que conosco me dirán, es una desviación del burgués, o que el “fasccio” o el fachismo se apodera de mí. Nada más alejado de la realidad. No.

Me gusta sonreír, me inquieta la manera como las cosas funcionan o dejan de funcionar, viven y mueren, detesto la perfección pues esta es solo la aspiración mediocre de mentes abstraídas con vanalidades de la vida consumista occidental. Siempre la risa de un infante produce un cierto alivio para los tormentos de mi estrepitoso, o el beso profundo y sincero de la mujer que amas.

Pero ahora, no inspira decir cosas tiernas, y puedes reprenderlo, si tiene en gana, pero tengo mi lado de misántropo, ese que detesta a la humanidad por su inmundicia y decadencia, por su retroceso más que por su progreso.

Cuando niño, me fascinaban las historias de los romanos y de los Incas. En ese entonces y hasta entrada la adolescencia anhelaba vivir en aquellos pueblos. Pero ahora no. Esas civilizaciones si bien crearon también derramaron la sangre por sus tierras y fueron brutales y opresores nefastos con su población. No es que me guste el siglo XXI, pero comparado con lo de antes, este parece ser un lugar mucho más vivible, sin por ellos dejar de ser un panteón para la civilización humana.

Escucho algo de música y no encuentro razón para la chiclosa y espantosa música de amor que sueltan a cantaros las emisoras de radio. En todo caso, las letras de amor de los años 40 y 50, incluso los 60, eran mucho mejores, con más sentimiento y sentido que la basura nauseabunda que hoy se escucha. Sumado a eso, otra peste es el reggaeton, no entiendo como las tías se mueven al compás de ese esperpento musical cuando en sus “letras” (si cabe ese término) las mujeres son puestas como meros objetos para llegar a una segura eyaculación, Qué idiotas, por el amor de Dios o del mismo Lucifer (si es que existen, claro)

No es que sea cerrado, es que no entiendo la naturaleza del hombre de hoy, parece, por momentos todo tan superfluo, el mero placer por el placer, la mera diversión estúpida.

Muchas de las personas que conozco piensan en colectivo, el bien social, el bien familiar y toda esa sarta de santurronerías que hasta ahora con ningún sistema ni formula se ha podido alcanzar. Por el contrario, la sociedad se ha desvinculado cada vez de sus raíces, y la familia, al modo ortodoxo se ha quebrado y su decadencia es más que evidente. El mundo, como se muestra ahora es una cascarón en una etapa de transición, las sociedades cambian para bien o para mal, pero ya no evolucionan, el hombre ha dejado esta matriz y solo se espera de él, de nosotros el cambio que, dicho sea de paso, ahora no es más que para empeorar.

No creo en el mundo de hoy, creo en las personas, en algunas personas de hoy, que tienen no necesariamente un espíritu de cambio y de lucha, en determinados momentos es bueno luchar, en otros, solo esperar, depende la realidad, y otros que si tienen una noción de algo diferente, como sea, ambos tipos de personas son las pocas concientes que creo existen ahora, no solo de palabra, también de acción. Individual y colectivo, van de la mano, no puedes cambiar lo general si no modificas primero lo particular, no veo otro tipo de lógica.

Como sea, la misantropía consiste en el desprecio de la humanidad como especie, en sus actos y demás, pero esta palabra puede también envolver una necesidad de crítica dura contra aquello a lo que uno corresponde y, por imposición o autodecisión, pertenece. No se en cual de estos dos grupos me encuentre en realidad, pero si se que mi personalidad lleva marcada esa palabra desde que tengo uso de la razón mundana y algo más……

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