Draconys (el excelso camino)

lunes, 23 de agosto de 2010


Bajan los halos grises,
Nadie puede ver, nadie,
Hoy las mañanas crepitan solas,
Mi espíritu vaga solitario
En la luna negra, distante,
Apartado de los arrabales.

La espesa niebla del olvido,
El profundo abismo de la soledad,
El angustiante gemido de la decadencia,
La malvada sonrisa del abandono,
La tonta dulzura de la incomprensión.

Hacia los senderos de la desolación,
Entre las espinas de la desesperación,
Me abro paso sobre las negras sombras
De árboles caídos,
Todos salvo uno, allí me espera, negro,
Sin hojas, como muerto, como yo.

Y un dolor de ponzoña,
Y una fruta seca y roñosa,
Y un hábito sin destino,
Y un libro sin atino,
Y una vida sin sentido.

Las aves caen sobre los tejados,
Los hígados de mansos animales,
Descifran mi destino,
Ese destino que quiero y a la vez no,
No es un castigo, tampoco un regalo, es,
Solo la consumación de mis anhelos más calados.

Hay oscuridad en las almas de los humanos,
Hay densidad en mi alma corroída,
Hay un eterno dolor que nos separa,
Hay un hondo malestar que me abruma,
Hay un vacío que nadie coge ni llena.

El sol se cubre de sombras
Cuando cae el crepúsculo
Cantando sobre las fauces de la vida muerta,
Y la muerte se mofa y abre los caminos hacia su encuentro,
Y voy hacia ella, hacia el árbol de negra sombra,
Y veo que no tiene color tan solo heridas.

Las miradas sosas,
Las luces rojas,
Las estelas caídas,
Las horribles mofas,
Las hondas caídas.

Las ramas se extienden,
Parecieran llamar y tentar a mi alma,
Desgraciada esta hace caso y va allá,
Sujeta de una de las hondas ramas cuelga,
Se mece, yace, se denigra, se apaga,
Y vuelve a nacer, y vuelve a morir.


P.D. Este video pertenece a la banda alemana Sterbend y es un claro reflejo por la atmósfera que crea y lo abismal de su sonido que es la perfecta representación de mi soledad, desolación y demás sentimientos profundos que escapan a lo cotidiano del deseo mundano.



Kursed - Far From The Grace

Bien, es la primera vez que me dedico solo a colgar videos sin ningún trasfondo en "Manifiesto Bizantino". Sin embargo, creo que esta es la ocasión propicia para hacerlo, y de paso recomendar a los que así deseen entenderlo y ahondar en esta música miserable llamada Black Metal, del que, quienes me conocen, saben que soy un acólito hasta la médula.

Esta banda de estas tierras sudacas y proviene de mi vecino país sureño de Chile. La banda se llama "KURSED" y despliegan un BM suicida y misántropo. El track se llama "Far From the Grace" de su demo de 2009 "Into the Loneliness Path"

Desecraciones eternas a todos los demonios que escuchen, disfruten y entiendan este SACRO NECRO CULTO.....

ETERNOS HAILZ!!!

El rostro del invierno

jueves, 19 de agosto de 2010

El cobijo del abrigo

Las mañanas nublosas, con garúa siempre han sido y serán mis preferidas. Aquellas que tienen esa extraña capacidad de atraerme hacia rasgos melancólicos, depresivos, extremos, sulfurosos.

Quizás por convicción, quizás porque el invierno limeño sea de los más atmosféricos, tétricos y sobrecogedores que puedan haber. Es probable que sea el más crudo, extremo, ni húmedo; pero si entre los más sombríos, de aquellos que parecen tener la magia de cambiarle el semblante a las personas, de hacerlos más íntimos consigo mismos, adoptando una aparente vulnerabilidad y fragilidad como pocas veces he podido notar.

Nacer bajo las tardes frías de junio

Recuerdo haber nacido en una tarde de junio del 85. Lo más probable es que mi alumbramiento haya sucedido en un día frío y, por alguna razón que no logro comprender, estoy seguro que ese mes, esa hora y ese frío taciturno moldearon mi ser ni bien hube salido del útero de mi madre; cálido y tierno, hacia la pasmosa luz cegadora del mundo, mezclada con las luces falsas de una sala de parto de un hospital del Estado.

La pálida ciudad
Esta vez, y no como en otras ocasiones, esta cutre ciudad se remece de calambres, hartos dolores, mucho frío. La nieve aquí no cae pues yace a orillas de la costa, pero su humedad fornica con lo extremo, con su gente y se condensa con sus brechas, con sus mentes. Por eso, esta es la estación que define a las personalidades extremas, radicales, bizarras, extrañas, indeseables; solo basta mirar como hasta el color de los edificios residenciales, las casas estridentes de los barrios populares son invadidas por una mórbida esencia grisácea que las palidece, que las oscurece, que las sepulta con su halo de misterio, de sombras y de decadencia; como si reluciera la verdadera naturaleza de este mundo artificial.

La crudeza estúpida

El invierno sobrecoge, cobija, crudece, golpea con la ventisca, entumece, tulle toda débil esperanza o entidad que se digne siquiera desafiarla pues, es un dios tan solo por unos meses, al que muchos lo alaban, aman; otros, en cambio le desaíran. Y yo, aquí heme sentado a la postre de un ordenador, sintiendo el crujir de ms huesos, viendo como las personas palidecen en su andar, en sus maneras de hablar, de expresarse, de follar, dejan de intimar, se abstraen, se desvirtúan, se pierden en sus pequeños disparates que siempre se empeñan en creer que son los más grandes.

La fría indiferencia

Los medios anuncian que las heladas aún no cesarán, la gente teme, clama, y cómo no hacerlo si al meridiano muchos cientos de pobres han muerto sin que los llamados “grandes” y el resto de los mortales siquiera se enterase, sin que siquiera les importase; claro, es porque estos muertos no son claros, blancos, mestizos, tampoco adinerados, mucho menos acomodados; tampoco personas de una importante orbe. Pues NO. Ellos no importan. ¿Cuándo importaron? Creo que NUNCA, pues ellos son aquellos que las tapas de los libros de historia aplastaron sin piedad, borrándolos, inclusive, de las notas al pie de página. A nadie les interesan. Todos miran, pero a todos les rebota. Indecencia que se acrescenta con la llegada del crudo invierno limeño, ese que llega cada año sin falta (a veces con cierta demora) y cuyo encono desciende sobre esos “NN” allá tan lejos de acá. Como si de otro mundo se tratara.

Una luz sobre la niebla

Hoy puedo entender que mi ser noctámbulo, taciturno, meditativo, radical, extremo, nunca complaciente, insatisfecho; donde el exceso de luz, como dijera el NS de Vsarg, me ciega nublando la claridad de mis ideas fue influenciado por esta estación tan hermosa a la cual venero.

De este modo, recuerdo que fue en invierno cuando comencé a involucrarme en las ideas zurdas; recuerdo que fue a comienzos de un invierno que me introduje a ese culto malsano llamado Black Metal; recuerdo que escindí de los denigrantes pensamientos zurdos en otro invierno; recuerdo que fue en invierno cuando me convertí en un “libre pensador extremo”; recuerdo que los inviernos siempre estuvieron allí, coincidentemente, en mis giros más viscerales y radicales.

La sarcástica mofa

Los simples mortales creerían que el invierno y sus fantasmas no tienen sentido del humor, y puede que sea cierto, pero ahora, cuando parece ser uno de los más crudos que se hayan sentido desde hacía tanto tiempo muestra a los mundanos una risa tan sórdida como nefasta.

El invierno conoce la naturaleza maleable del ser humano y, cansado de solo mirar y dejar los vientos pasar, de cuando en cuando atrae al sol, lo enamora, le hace sentir importante, abre las grises nubes y le deja brillar. La felicidad del astro es sin igual, así como el de la gente abajo en la ciudad. San Isidro, Breña, Miraflores, el Centro de Lima, miran anonadados: “¡Qué clima para más loco!” dice el que menos. La colorida felicidad parece regresar.

Mas las ilusiones con el tiempo mueren. Lo mismo sucede con el sol y sus esperanzas sicodélicas. Ahora el invierno se mofa, sopla fuerte, estremece a los limeños desabrigados haciéndoles recordar que es él quien domina ahora los tiempos. La resignación se convierte en un trago amargo.

La noche desidiosa

Y cae la noche. Lima se tiñe de un negro amarillento por las luces de los faroles; algunos vapores ascienden desde bocas humanas, el ruido de los cláxones amaina, nadie parece tener la aplastante prisa matinal, solo se trasluce el cansancio, el aburrimiento, el desgano, el deseo que el infeliz que ocupa el asiento del colectivo baje del bus para que, en solo segundos, cinco o mas individuos se abalancen hambrientos a sabiendas que el viaje de retorno a sus hogares aún falta, por lo menos, una hora y media de recorrido.

El amanecer quejumbroso

Hoy, la mañana palidecía, inhóspita, con un leve olor a humedad rampante, una garúa que dejaba huella a medio mojar sobre cuanto se pueda tocar. Por las calles todos andan abrigados, con los labios en posición sinuosa dispuestos a tiritar. Una nostalgia que lo invade todo, se cuela en las paredes, en los semáforos, en los autos atiborrados de seres que pasan presurosos, en los rostros de las gentes, todos parcos, monocromos; como si de una maldición se tratase. ¡Los odio!

La ciudad a través de un falso cristal

Ya no es novedad estar dentro esas sardineras que transportan a la gente en la insufrible Lima. Mirar la ciudad desde un asiento de bus es una escena tan habitual que hasta me parece inherente, no fundamental. Mirar la ciudad a través de unos vidrios empañados en este invierno para muchos es la representación de todo lo que ellos no aceptan. Así, un mendigo luce más mendigo y miserable; un policía se ve más gordo y despreciable; una puta se ve más chusca y en otras deseable; un niño se distingue como un demonio y en otras la sublime manifestación de la inocencia. Ver el mundo desde un asiento frío, viejo y malgastado de bus me hace sentir menos natural y al mismo tiempo siento que me conecto mucho más.

Y no saber más, tan solo la certeza que la vida es rara, compleja, llena de belleza, una completa mierda, una intrínseca dualidad; así, reconozco que el invierno, el crudo y húmedo frío es parte de mi naturaleza, el molde de buena parte de lo que soy.

Y sigo mirando; impasible, inestimable, insoslayable, imperturbable, inquietante.

El Invierno es mi eterna estación.

Amanecer gris

sábado, 7 de agosto de 2010



Hoy amaneció demasiado gris, mas gris no está mi alma.

Aquella mañana de agosto de hace tantos años, cuando la vida era mínima, los sueños ensueños y los deberes tontas tareas de escuela, yo salía tan temprano con la niebla baja, los faros de mi ciudad aún en “ON” color amarillo sin que nadie ya los pudiera notar.

Hoy amaneció demasiado gris, mas el gris no lo encuentra a mi espíritu.

Cuando los grandes templos, los mundanos y paganos Dioses verdaderos merodeaban la tierra los hombres, yo, tu, ella, hubiéramos vivido, convivido, amado como lo hacían las criaturas de la mórbida noche: sin tabúes, sin falsas cogniciones, ni tampoco estériles connotaciones impuestas por la falaz vaguedad de una asexuada cruz.

No entiendo los códigos de la naturaleza, soy una bestia de la modernidad, la ciudad, las luces, el ser cosmopolita ha desnaturalizado parte de mi humanidad, actúo como los demás lo hacen, como el ser humano prepotente que mira sobre las murallas de su reino viendo lo de fuera como algo conquistable, un trofeo, una mercancía una fuente de vida, y no como una parte de la existencia misma.

Hoy amaneció gris, mas gris nunca estuvo mi corazón de melón.

Esos días de invierno en esta ciudad son los mejores. Esos días de invierno. Esos días de invierno como los de junio, si, tan gélido y acogedores. El frío de junio, si, junio, ese mes en que la vida y el calendario destinaron mi alumbramiento, y quizás sea ese mes, ese invierno, esas nubes grises casi pinceladas del cielo limeño, las garúas queditas y con olor a nada las que hayan condicionado mi determinación y falencias como ser humano.

Hoy amaneció gris, mas grises siempre he visto estas calles.

Yo me recuerdo caminar por las calles de mi Breña, andar bastante por las avenidas de Jesús María, transitar por pequeñas calles de la ambigua San Isidro y me veo pasear por los espacios añejos del centro de esta ciudad.

Rostros van, rostros ya no están, pero todos parecen copados, tan imbuidos en pensamientos, ideas, deseos. Tan ensimismados en sus minucias, cada quien tiene el sufrimiento más grande del mundo. Lima es una ciudad que vuelve a las gentes egoístas, no se si es su ritmo de vida, no se si es su clima, no se si es su herencia, no se si es, simplemente, que la gente somos una total mierda.

Hoy amaneció gris, mas grises no son los colores del ocaso.

El verano siempre ha sido la tortura de mi vida junto con mis alergias y último mis huesos. Mas aún, cuan insoportable sería este si antes del triunfo de la noche sobre la luz del día cayera como emisor de la oscuridad el crepúsculo, el ocaso, la luz que cambia los colores de la piel, la tonalidad de los colores, el sentido de las cosas, la bravura del mar, el regocijo de las aves, la estupidez de los peces, las risas de los bañistas, la dicha de las niñas.

Ese momento, ese preciso instante cuando el sol, poco a poco baja, vencido, resignado, mutando sus colores de intensos brillosos a oscuros naranjas con atisbos de rojo. El cielo tornado antes celeste o gris se vuelve de espaldas y deja caer la ambigüedad majestuosa del día moribundo; en tanto la noche acerca gustosa pequeños rastros de su morbosa sonrisa sobre la tierra invocando a los espíritus, amando a los no amados, deseando la profanación de todo cuanto la luz añoraba amar por siempre hasta el fin del tiempo sabiendo que ella volverá a triunfar cuando el alba resuena como jolgorio para saberse nuevamente vencida y así por toda la eternidad.

Hoy amaneció gris, mas gris no es el reflejo del espejo.

Dicen que los espejos son también portales que dejan atravesar a los espíritus hacia este mundo o, al menos eso es lo que creen en la existencia en un mundo alterno al que nosotros, seres de carne y esencia habitamos.

Yo no lo se, quizás nunca los sepa, quizás eso me de igual, ¿debería importarme? Ya no lo se. A lo mejor, si es que existe ese mundo alterno o adyacente a este, los humanos no estamos destinados a saberlo ¿por qué deberíamos saberlo, no? Quizás los espejos fueron creados con esa segunda finalidad, quizás son ventanas a otros lares y no tan solos reflejos de la verdad física del ser humano.

¿Qué veo cuando me miro al espejo? ¿Me miro al espejo? O ¿solo paso por el para cerciorar si todo en mi cabeza anda como debería estar? Me miro, si, unas veces sonrío, otras ni siquiera me inmuto, otras muchas yo paso desapercibido para mi mismo. Y es algo tan “normal”.

Hoy amaneció gris, mas gris no es mi soledad.

Ya no se cuando fue, no se cuando sucedió, mucho menos cómo se presentó, mas ella siempre ha sido alguien presente, intangible, nunca palpable, bastante silente, siempre penumbrosa, jamás quejumbrosa, a veces insípida, otras veces con aspiraciones suicidas, pero siempre ella, eterna, imperecedera, abstracta como solo ella no hay, incomprendida por casi todos, menos por mí. Soledad ¿hace cuánto que habitas en mí?

A pesar que los inviernos de mi vida sean un cuarto de siglo, mi esencia solitaria, mi naturaleza esteparia, necesariamente introspectiva y las lagunas en mis emociones han moldeado mi carácter austero y alejado de todos y de todos.

Los abismos de mi persona son las espinas de una rosa negra, brillosa, lustrosa, sedosa pero tan ponzoñosa. Raudas cercas que pocos pueden atravesar y no porque mi persona así lo quiera, es que es mi esencia la que aflora y crea esas barreras tan especiales, tan selectivas. Es pura y a la vez morbosa. La soledad que conlleva a la paciencia, a la espera, a la sabiduría, al autoconocimiento y realización espiritual, a quemar el cerebro hasta, simplemente distanciarse de todo aquello que el resto piensa debe ser “OK”, aquella que despliega su fría pero tierna mano hacia espacios densos, sombríos, melancólicos, destructivos, donde un renacimiento a la inversa sucede, la muerte del yo común y banal, para dar paso al avistamiento de un fulguroso resplandor, más vivo, más nítido, propio, mío.

Estar con todos y a la vez con nadie es mi sello personal, nadie lo nota porque nadie me nota, y eso me hace sentir bien porque el desprecio a ser el foco de atención es algo que me repulsa sobre manera. No porque tema al público, sino porque me veo a mí mismo como aquél individuo que centra su existencia en auto desarrollarse de manera secular, personalista y muy pero muy taciturnamente.

Hoy amaneció gris, mas gris es la esencia de aquellos llamados lacayos.

Las risas, mofas, desprecios, miradas burlescas son típicas de aquellos que no entienden y que, lo más seguro, no quieren entender a aquello que les sabe diferente y, pensándolo bien ¿a quién no? Cuando ven a un autoproclamado paria que habla con la soltura y desvergüenza que ellos no pueden ostentar no hacen sino blandir la ignorancia de sus chistes, toscas imitaciones y comentarios cargados de falsa moral.

¡Lacayos! Les llamo, pues hacen de la hipocresía, la mentira y la doble moral un juego de caballeros dignos, de paladines de su amada cruz. Si ese es el mundo que su Dios ha prometido pues yo, sin ningún temor ni compunción “me revelo hasta la muerte” y reniego y blasfemo todo aquello que los santos eunucos adoran y engañan con cada paso, palabra o acto que hagan.

Porque si ser fiel a lo que digo mediante lo que hago, si demuestro ser leal para conmigo, para lo que creo, si trasciendo más allá de la obras de “caridad” solo para no arder en el trono de Belcebú, si exhumo mi raíz santa para ser una estepa pagana, si puedo ser un animal provisto de razón y amor, en vez de un peregrino desprovisto de discernimiento y corazón, entonces puedo mirar la oscura noche, bañado en cáliz de su desgracia, mirando incólume la ignorancia de tantos, mientras todo yo renace y se vuelve uno en armonía con todo cuanto me rodea.

Así, un espíritu libre no se ata a falsas libertades típicas de una sociedad rebozante de mentiras y falsas decantaciones, un espíritu libre no experimenta la libertad en las fauces del alcohol, un espíritu libre no siente la libertad en un “tono” embrutecedor. Un espíritu libre goza de la libertad cuando está más allá de cualquier ansia mendaz.

Hoy amaneció gris, y el gris no es tan blasfemo como el negro.

Cuando las sombras siempre se desplegaron sobre mi aura, cuando estas me acogieron en su seno, cuando estas me enseñaron el sendero verdadero de esta vida, lo que ella me tenía deparado, la negritud es su luz, el exceso de luz me cega hasta el punto de permitirme ver mi camino, aquél que yo he elegido y deseo seguir.

Porque escupir una cruz no se hace con el esputo sino que nace como idea insurgente, se vuelve vehemencia cargada de inconsistencia para tornarse una percepción consciente de lo que es el mundo que detesta, la negación de la falsedad imperante y todo aquello cuanto los seres humanos rampantes dicen creer pero no hacer.

El viento sopla en diversas direcciones, hacía los horizontes, la corriente de los tiempos arrastra a miles a cientos de destinos infames, sin final, sin sentido. Yo elegí condesarme con los viejos que se desprende de los habituales y andar por las zonas donde el pensamiento humano no se atreve a adentrar, donde la menudea del hombre solo encuentra consuelo en la mofa boba o en el desprecio sin articular.

Soy un mundano, un despojo de la sociedad actual, pues si esta ve a sus ovejas autómatas como verdaderos hijos de la luz, yo, que soy esencia pensante y de libertad, soy una lacra, un “outlaw” lleno de vitalidad, lanzo una mirada orgullosa por ser lo que soy a aquellos cuya sombra llena de sorna tratan de envenenarme.

Hoy fue otro amanecer gris.

El testimonio de Vartouhi (sobreviviente del genocidio armenio)

domingo, 1 de agosto de 2010


La señora (de muy avanzada edad) se llama Vartouhi tiene un poco más de 100 años, vive en Argentina desde la década del 20 del siglo pasado, es de procedencia armenia y es una de las sobrevinientes del olvidado “genocidio armenio” perpetrado por los turcos en 1915.

Su testimonio fue grabado por una asociación de armenios que radican en Sudamérica por tal el documento contiene subtítulos en castellano.

Las declaraciones de la señora Vartouhi, a mi criterio concuerda con todo lo dicho por los especialistas respecto a este crimen, así como cuenta cosas tan inhumanas y salvajes que los turcos cometieron contra este pueblo y cómo los armenios por un instinto de supervivencia hicieron cosas que en una situación normal de existencia serían consideradas degradantes e incluso asquerosas y que, sin embargo, en esta ocasión, para muchos determinaron la vida o la muerte de varios.

Espero que aquellos que vean este testimonio se sientan conmovidos por la historia narrada y traten de imaginar lo que este pueblo entero sufrió.


PARA NO OLVIDAR





Una pequeña historia de un pueblo admirable: ARMENIA


A veces, la historia suele ser tan cruel en algunos casos; en otras es tan constante y nunca deja de contarnos aquello que sucedió. Sin embargo, estos hechos son de los que la humanidad se encuentra prevenida y advertida, pero son aquellos sucesos que pasaron al olvido los que aún retumban en las cavernas de la historia reclamando recuerdo, memoria, reflexión y justicia.

La Primera Guerra Mundial fue un evento como nunca antes había tenido lugar en la historia humana. Alrededor de 20 millones perdieron la vida en los campos de batalla así como en las ciudades; los bandos en contienda eran Inglaterra, Francia y Rusia contra Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano (luego Turquía).

Estos últimos, en su época de mayor esplendor abarcaron territorios ocupando casi todo Oriente Próximo y en Europa se hicieron de todos los Balcanes, Grecia y estaban a puerta de la capital austriaca, Viene. Para finales del siglo XIX los territorios europeos (cristianos) se independizan dejando al poderoso Imperio Otomano con tan solo la parte más cercana de Asia.

En los límites más orientales habitaba un pueblo cristiano ortodoxo llamados los armenios, con una propia cultura, religión costumbres y territorio.

A lo largo de los siglos que los otomanos dominaron a la nación armenia, estos se adaptaron pacíficamente a las leyes impuestas por los amos turcos sin sufrir mayores percances. Sin embargo, en un país musulmán radical como era (o sigue siendo, acaso) el otomano los no musulmanes no estaban en igualdad de condiciones a comparación con los creyentes en Alá.

Para finales del siglo XIX, como consecuencia de la liberación de los pueblos cristianos de los Balcanes, los armenios empiezan pedir igualdad de derechos ante los turcos y musulmanes. Los turcos, preocupados con nuevas revueltas sometieron y exterminaron alrededor de 200 mil armenios.

Tras ello y en los primeros años del siglo XX el sultán otomano es depuesto por un grupo de turcos que se hacían llamar “Los Turcos Jóvenes” ellos pensaban que era necesario cambiar el viejo orden si querían que Turquía fuese un país moderno y avanzado.

Durante este período, los turcos jóvenes dieron libertades políticas y ciudadanas a los armenios (como, por ejemplo, formar parte del ejército). Entonces se respira vientos de cambio entre la población armenia que sumaban un poco más de 2 millones de personas.

Sin embargo, la llegada de “La Gran Guerra” cambiaría el curso de estas reformas.

Durante el conflicto, el enemigo natural del Imperio Otomano era la Rusia zarista, por lo cual decidieron atacar al Imperio Ruso por la parte meridional del Cáucaso. La campaña fue un total desastre. Los turcos fueron masacrados sin piedad por las fuerzas zaristas.

En sus enfrentamientos se toparon con el hecho que dentro de los regimientos rusos habían muchos armenios (Rusia controlaba en la parte meridional de su imperio alrededor de un millón de armenios) pero su sorpresa fue mayor cuando entre las filas eslavas encontraban soldados armenios que hacía poco formaban parte del ejército otomano.

Una vez enterados los líderes del gobierno de los turcos jóvenes, señalaron a toda la nación armenia como una “amenaza” para el Imperio Otomano. De tal manera, hacen oficial directrices para trasladar a esta población de su lugar de origen hacia Siria. Pero eso no sería lo peor.


El Estado otomano, oficializó mediante decretos, mediante mensajeros que el asesinato de armenios era permitido y hasta celebrado.

Pero esta acción estuvo precedida de un plan bien pensado, el que consistía (antes de las deportaciones y demás) en cortar la cabeza intelectual y pensante de esta nación. Así, todos los escritores, pensadores, agitadores, políticos, artistas fueron arrestados, sus pertenencias confiscadas, sometidos a brutales torturas para luego ser asesinados. De esta manera se cortaba la cabeza de un pueblo que ya se desangraba en una penosa orfandad.


Para que esto funcionara, el Estado otomano, oficializó matanzas arbitrarias, incentivo a la gente a hacerlo (incluso se les decía que asesinar armenios abriría las puertas del cielo) soltó prisioneros que harían las veces de verdugos, de vigilantes durante el genocidio, así como torturadores.

Todo esto comenzó en 1915 y duró hasta 1918, año en que concluyó la Primera Guerra Mundial con la derrota de Alemania y sus aliados.


En su momento, la recién formada Sociedad de Naciones declaró que este suceso lamentable era un “crimen contra la humanidad”. Los tres responsables de este genocidio fueron juzgados y condenados a muerte, a pesar que estos habían huido de Turquía.

Tras esto y tras la formación de la República de Turquía el tema quedó estancado y pasó al olvido, a pesar que diplomáticos y soldados de diversos países fueron testigos de las atrocidades que los otomanos hicieron con el pueblo armenio, sumado a ello que el Estado turco oficializó una política en la que negaba lo sucedido como “crimen contra la humanidad” y posteriormente “genocidio”.

Las consecuencias de este aborrecible crimen fue el saldo de casi un millón y medio de muertos. Uno de los peores exterminios conscientes y dirigidos desde el Estado, sobre todo si tenemos en cuenta que la población armenia en el otrora Imperio Otomano era un poco más de dos millones de personas, es decir, que se EXTERMINO EL 70 POR CIENTO de la nación armenia.


Hoy por hoy, pocos saben de este genocidio, en parte por el olvido de las grandes potencias, el olvido de la historia y el hecho que los turcos invierten todo lo posible para que tanto internacional como nacionalmente niegue que aquello fuera un genocidio, alegando a razones superfluas y poco fundadas para ello.

Y todo sucedió por una falsa visión nacionalista, por una falsa idea de traición (y quizás justificable ya que no eran una nación libre), una falsa idea de crear la Gran Turquía; ideas muy parecidas a las que luego comunistas y nazis creyeron válidas para llevar a cabo las grandes matanzas no solo del siglo XX, sino también de la humanidad.

El siguiente documental trata sobre estos hechos. Fue producido por The History Channel y cuenta las raíces, qué lo produjo testimonios y cómo se desenvuelve el debate en la actualidad respecto al “genocidio armenio”. Espero que los que lo vean lo disfruten y aprendan más sobre lo que producen las ideologías depravadas cuando llevan al paroxismo de la verticalidad.


PARA NO OLVIDAR.


















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