Deliberaciones Felonezcas

jueves, 21 de abril de 2011


A primera vista

La primera vuelta electoral en Perú ya terminó y el resultado parecía cantado pero, aún así, a muchos les duele tanto (o nos duele tanto). Keiko Fujimori y Ollanta Humala, aquellos candidatos que generaron y siguen generando los más grandes rechazos no solo por la clase política sino por una buena parte de la sociedad peruana en general.

El resultado no es como muchos le atribuyen a la gente “ignorante” sino es un claro indicador que hay una falla en la sociedad peruana, una ruptura que aún no podemos superar porque no sabemos que está allí o nos hacemos los suecos con ella, y no estamos preparados para aceptarlo, porque ello implicaría renunciar a nuestra cómoda utopía urbana que hemos construido en este bastión de modernidad y enajenación llamada Lima, sumida en los chispazos de una globalización que no sabemos canalizar y de un crecimiento y desarrollo que no entendemos cómo redistribuir.

Partiendo de allí es posible entender por qué propuestas consideradas como “antisistema” o “autoritarias” han logrado cuajar, han logrado estar hoy más cerca que nunca de hacerse con el control del Estado. La culpa no es de aquél que se siente olvidado por el Estado que prometió darle las herramientas para generar su propio desarrollo, tampoco es culpa de aquellos quienes muy alejados del mundo “civilizado” (con todo el sarcasmo, por si acaso) no cuentan, ni siquiera, con los servicios básicos, ni mucho menos los ciudadanos que son víctimas de la inseguridad generalizada que sufre la sociedad en estos días. No. No es raro, pues, que estas opciones estén tan próximas a ser gobierno, situaciones como estas siempre radicalizan y polarizan las aspiraciones y deseos de las sociedades, de las comunidades, de las personas. Las personas, en esos entornos se ven en la necesidad de querer soluciones rápidas, con mano dura, con firmeza, gente que proyecte fuerza, control y demás cosas que, muchas veces, escapan de los sacrosantos ideales de la “democracia”. No es culpa de ellos, es culpa de los gobiernos que endulzaron con maravillosos cuentos las esperanzas de millones de personas, que llegaron como grandes demócratas garantizando darle un rumbo más humano al desarrollo del país, pero que, una vez sentados como jeques en su trono republicano dieron la espalda a ese pueblo que los eligió en su desmedro absoluto, en su abandono, en la intolerancia ante cualquier reclamo surgido de la impotencia del olvido.



Algo práctico

Pero, llorar sobre la leche derramada es un oficio que los tontos e ilusos desarrollan a lo largo de su vida sin buscar el sentido práctico de las situaciones difíciles y adversas como las que hoy, nuevamente, el elector peruano se ve en la necesidad de enfrentar; y recurrir, una vez más, a aquel dicho trillado de “entre el mal menor y el mal peor”. Y la situación demanda una actitud más práctica que ética y moral pues, de lo contrario nos la pasaremos deliberando sin sentido sobre la democracia, los derechos humanos y demás taras hasta las próximas elecciones, bueno, si es que hay elecciones para dicho año (risas)

Es momento de dejar de lado las consideraciones éticas y morales porque ambos candidatos, de acuerdo a dichos puntos son criticables y descartables para conducir los destinos de un país como el Perú. Muchos pensaron en aferrarse al voto en blanco, a anular su voto, a viciarlo, mas esa es una actitud poco responsable, simplona y digna de la gente mediocre. Tan solo decir que quienes por esta opción no tienen la autoridad “moral” para reclamar algo en tales cuestiones pues ellos dejar que otros decidieran por ellos cual niño dependiente de las decisiones de la madre.


EL buen soldado mira el alba

Ollanta Humala es para muchos la mejor opción, el único capaz de salvar a la patria de la corrupción, de ordenar la casa, de imponer disciplina, pero sin cambiar el modelo económico, sin promover estatizaciones, ni reprimir las libertades básicas como la de expresión. Claro, eso es ahora cuando que parece ser todo menos rojo, menos revolucionario, conciliador, demócrata; y todo gracias a ese par de brasileños importados del gobierno de Lula y que, muchos dicen, pagados con el dinero de Huguito Chavez, quienes han demostrado ser la dupla idónea para pulir a un ser inferior como es Humala. Que no se engañe la gente con tal sujeto pues de conciliador no tiene nada. No se puede creer en alguien que presenta un plan de gobierno totalmente alineado a los postulados chavistas, para luego, antes los medios, en las concentraciones decir, totalmente lo contrario, mostrarse moderado, rozando con liberal y hasta católico conservador. No se puede creer en alguien decir admirar el gobierno de Velasco que significó un retroceso de más de 30 años, o de un modelo argentino que le ha quitado las pensiones a millones de argentinos que hoy se han quedado sin un dinero para sus últimos días, alguien que promovió un levantamiento el cual dirigió mientras fungía de agregado militar en Corea, mientras que sobre su hermano cayó toda la responsabilidad sobre el hecho, el cual ahora niega haber comandado, sacando el cuerpo y dejando a su propia sangre solo a su suerte. Tampoco se puede creer en él cuando su hermano mayor sale a declarar que su proyecto tiene el objetivo de perpetuarse en el poder, de modificar la constitución para amoldarla a sus ambiciones, que no piensan en las libertades ya reconocidas en el mundo. No se puede creer en alguien cuyo padre declara abiertamente que a sus hijos les inculcó dos maneras de llegar al poder: la revolución y el golpe de Estado, y cuyo mismo padre cuenta que bajo esas ideas sus hijos han crecido y se han nutrido.

Pero claro, hoy la moda es ver a la centro izquierda, la vieja izquierda y a los caviares unirse a él queriendo darle un perfil socialdemócrata, algo así como un Lula lorcho, pero la inocencia, estupidez y comodidad de los caviares, comunistas rancios y toledistas es más grande que su razón (y, claro, qué conciencia se le puede pedir a personas que tienen como catecismo una ideología que solo ha traído muerte y pobreza en nombre de una inhumana “igualdad”) y ni que decir de aquellos niñatos que juegan a tener “conciencia social”, muy conscientes, muy lúcidos según ellos, mucho idealismo pero poco practicismo en una hora tan crítica, son igual (no más) de detestables que el sujeto y esbirros por el que están dispuestos a votar pues, en este momento, su moralina de medio ferro, resulta siendo egoísmo puro en desdén del futuro de los demás. La democracia no es una panacea, ni mucho menos un ideal, sino una herramienta más para hacer bien las cosas y ya.

Eso, respecto a “humala” (no me da la gana de poner su apellido en mayúscula)

La “chinita” hijita de su papá

Keiko Fujimori, hija del ex presidente a quien una mayoría desmemoriada para unas cosas y para otras no, califica de dictador y tirano, como una de las dictaduras más atroces de la región (bueno, si hubiera sido de las más atroces por qué tendría, entonces, tanta acogida en los sectores más golpeados, o será porque dejó sin empleo a los viejos políticos y partidos, así como a los barones de los medios de comunicación), siempre hubieron y habrán anticuerpos por parte de quien escribe hacia lo que representa (no a su persona). No negaré que la defensa irrestricta de su padre a veces resulta empalagosa y chirriante, pero el hecho que muchos de los “corruptos” del régimen se encuentren nuevamente en la palestra da mucho que desear. Y eso nadie lo puede negar.

A muchos se le ha dado la moda (iniciada en Facebook) de decir “De Ollanta tenemos dudas, pero de Keiko tenemos pruebas” y yo me pregunto ¿es esto un chiste? Es decir, está bien, digan de su padre lo que quieran, con pruebas o sin ellas, que es un violador de derechos humanos, un genocida, un corrupto y dictador, pero ¿pruebas de keiko? O sea ¿keiko es responsable política de Barrios Altos y la Cantuta? O sea ¿Keiko dio la orden de dar el autogolpe el 5 de abril? O sea ¿keiko desarrollo la estrategia contra subversiva (y de la que Ollanta Humala fue comandante con delitos por violar los derechos humanos en la comunidad de Madre Mía y quien sabe cuántas más)? O sea ¿keiko recibió dinero con Montesinos o se alió con él para robarle al Estado? Es decir ¿qué pruebas son esas? La mujer era niña y adolescente en ese entonces. ¡Por favor!

El Perú del 2011 es otro escenario, la gente se llena de dudas sobre cerrar el Congreso, sobre un nuevo “autogolpe”, por allí dicen que la juventud es “cojuda” por criticar a Gana Perú (agrupación del buen soldado peruano de Chávez) y apoyar a Keiko, pero, creo que más “cojudos” son estos porque no ven la realidad del Perú en comparación a los años 90´s, les guste a muchos o no, el autogolpe fue una medida extrema, necesaria en una situación extrema, es verdad que sirvió para legalizar muchos hechos nefastos del régimen, pero también propició cosas muy positivas y eso, tampoco se puede negar.

Keiko, malo que bueno, garantiza continuar con el modelo, malo que bueno da la seguridad que el sistema que hoy goza el Perú y que buenos réditos nos ha traído va a seguir en curso, Keiko, tiene la oportunidad no solo de mantener lo bueno del sistema, sino, de redistribuirlo de una manera más óptima, porque el sistema tiene fallas (quien piense que hay un sistema perfecto pues, cae en la incredulidad de no vivir la realidad) pero estas se pueden subsanar, superar y mejorar dentro del mismo sistema.

Apelando por una pizca de practicidad

Mussolini expresó, acerca de la comprensión del fascismo, algo como “nosotros somos tan revolucionarios como reaccionarios, tan aristócratas como proletarios” y lo decía en el sentido que no debe existir dogmatismo que condicione la realidad sino que uno debe amoldarse a las realidades en su momento determinado. En ese sentido, estoy convencido que lo que ahora necesita el Perú no es la aventura de un militar populista rodeado de una horda de viejos comunistas y pensadores caviares que intentan sumergir al país en un experimento social que no necesitamos. Muchos dicen que esto es un miedo al cambio, pues no, no es un miedo al cambio, porque el cambio ya se dio en los 90´s, tampoco podemos dejarnos llevar por el idealismo de unos mocosos que siguen pensando en la revolución o en una errada noción de conciencia y justicia social y que, a cualquier personajete que aparezca con un discurso “rebelde” se inquietan dejándose llevar más por su ímpetu que por su razón y coherencia.

Dicho lo anterior, no es la intención de este post (directamente) persuadir a algunos a votar o no votar por cualquiera de ambos (aunque está un poco claro mi tendencia) sino que dejen de un lado la moralina que hoy para haber cubierto al electorado peruano y pensar con practicidad donde caben un par de preguntas vitales. Poniéndonos en los extremos ¿Con quién pierde más el Perú como sociedad, como economía, como nación? ¿Con Humala? ¿Con Keiko? Dejar de lado los estereotipos que hay hacia ambos y ver las cosas con cabeza fría, sin romanticismo, sin idealismos, sin miedos. Solo así podremos encontrar una respuesta que nos de la calma, confianza y seguridad que este 5 de junio se definirá.



P.D. dejo este comentario extraído de un diario limeño

"Ya tengo 50 años e hijos que mantener como para jugármela en aventuras electorales sólo porque aparece un militar charlatán sin mayor currículum y rodeado de rojos prometiendo de todo y haciéndose el buenito, como el pícaro con la enamorada sonsa, para que lo elija. Lo siento, pero soy adulto, no soy un chiquillo idealista, un filósofo de ética o un millonario que vive en España como Vargas Llosa, y por eso voy a votar con la cabeza para defender lo que tengo y el futuro de mi familia".

Historias del Shock

domingo, 17 de abril de 2011


Era un sábado como cualquiera

Un sábado de abril como cualquiera, uno de esos sábados limeños que no sabe si sentirse el clima de invierno o de verano, esa duda tan típica que a todos nos confunden y nos maquilla el humor. Hacía sol y quemaba duro, tan duro que estaba un tanto irritado, pero salir era no una opción sino una necesidad pues me dirigía al banco a ver unos asuntos.

Pero no era el único motivo para salir de la pasividad sabatina de mi casa. Tenía una reunión con ex compañeros de trabajo. Iríamos a comer algunas delicias marinas y como ya tenía la hora encima me decidí a tomar un taxi.

Hay una costumbre que no puedo dejar de hacer (salvo cuando estoy de mal humor) y es que cada vez que me subo a uno de ellos, necesariamente, entablo conversación con los taxistas. Por lo general, el tema es el mismo: Política.

Alguna vez escuché decir, no se en un medio de comunicación, un líder de opinión o alguien que conozco, que la voz de los taxistas era la voz del pueblo. Creo que después de tantas conversaciones con ellos, podría afirmar que es así, efectivamente.

Pues bueno, me puse a conversar con el taxista, era un hombre a quien podría colocar en los 40 años, aproximadamente, llevaba unas gafas de sol blancas que me parecían una tanto cómicas. Se le veía ese típico limeño de rasgos mestizos, medio clarón, pero de talla baja. Pero antes de subir le dije a donde iba y este me preguntó que “cuánto pagaba” hasta donde me dirigía (es decir, a Prescott en San Isidro) entonces le dije que siempre pagaba 7 soles, a lo que este me miró y le dije “siempre me llevan por ese precio”, este, sin quitarme la mirada pero con esa sonrisa tan criolla me dice “hermano, usted es buen psicólogo, vamos por 7 soles, entonces”, y subí.

La voz del Perú

La conversación fluyó entre los estúpido que resulta toda esta situación electoral sobre el buen soldado de Chávez, Ollanta Humala y la hijita de papi, Keiko Fujimori. Ambos coincidimos en haber votado por PPK (quien resultara en el tercer lugar en la intención de votos). Ante la disyuntiva mortal de votar por uno o por el otro el hombre confesó que optaría por Fujimori y es donde empezó el tema sobre el gobierno de su padre, la necesidad del autogolpe de 92 y la aplicación de un shock económico cuya finalidad no era otra sino encarrilar al país económicamente.

El hombre me confesó haber tenido un negocio próspero, uno en el cual podía tener a su familia en una buena condición económica y vivir sin grandes ajustones, a pesar de la nefasta época en que el APRA y su doctrina socialdemócrata se encargaron de llevar el país a la bancarrota, a que el resto de países se negaran a darnos crédito, con las inversiones en tendencia a la baja y un terrorismo que no parecía disminuir en su actividad, a pesar de los grandes avances hechos por la Policía Nacional. Fue en ese tiempo, cuando el gobierno de Alberto Fujimori llevaba unos cuantos meses en el poder que se encuentre mientras transitaba por alguna calle de Lima al lado de su esposa a un amigo, al parecer empleado público. El hombre refirió que la conversación fluía amena, según me dijo, no se veían hace tiempo y era uno de esos encuentros un poco bizarros pero lleno de recuerdos y memorias, mas de pronto todo cambió cuando el hombre, el amigo del taxista apeló a otro asunto y, sin pensarlo mucho, le advirtió que todo el dinero que tuviese en el banco lo retirase de inmediato, que no espere el correr de los días, que todo cuanto tuviera lo sacara, que aquellos que le debían dinero les cobrase y que le pagarán todo cuanto tuviesen porque “en unos pocos días el aceite será un lujo, un tarro de leche te costará cuatro a cinco veces más”; el taxista me dijo que no parecía creerle, pero no me negó sentirse asustado con lo que aquél amigo le había advertido y su mujer, ni qué decir, se sentía ofuscada, le pareció un comentario de muy mal gusto, y no era para menos, después de lo que el APRA le hiciera al Perú, era lógico que escuchar algo como aquello trajera a la memoria fantasmas como las colas para comprar un kilo de arroz o azúcar con precios en los que uno necesitaba “una mochila” para comprar un par de productos.

“¡Que Dios nos ayude!” el shock

Pasaron dos días después del encuentro con el “amigo” cuando por la noche se encontraban el taxista y su señora observando la televisión (no puedo imaginar que estarían viendo porque yo tenía 5 años y los recuerdos no son claros) cuando de pronto, todos los canales son interrumpidos sin previo aviso y de manera brusca con lo que decían iba a ser el “mensaje a la Nación” del ministro de economía de ese entonces Juan Carlos Hurtado Miller anunciado un shock económico donde los precios se disparaban a tres o cuatro veces su valor real, mencionando ciertos productos, las razones por la cual era necesario hacer esto para finalizar con el ya histórico y contundente “¡Qué Dios nos ayude!”.

Aquella medida pasó a la historia bajo el nombre del “Fujishock” y productos como la leche pasaron “de costar I/.120.000 (intis) a I/.330.000 (175% más); un kilo de papa de I/.65.000 a I/.250.000 (284%), el pan francés, el alimento abanderado de las economías menos favorecidas de los tiempos modernos (pan y agua), pasó de costar I/.9.000 a I/.25.000 de un día para otro, el galón de gasolina de 84 octanos (estábamos en auto) subiría de I/.21.000 a I/.675.000 (30 veces más)”

El hombre se quedó paralizado, no podía creer lo que estaba escuchando, fue entonces que recordó lo que su amigo le había dicho (pero nunca me aclaró si le hizo caso tras lo advertido), se sobresaltó, se ofuscó, pero su impresión fue aún mayor cuando miró a su costado y vio a su mujer paralizada, como en “shock” con las lágrimas que le salían a borbotones, ella no lo miraba, su mirada estaba fija en esa pantalla que se había vuelto ya desde hacía unos años un mensajero de muertes y matanzas, de reportes de interminables colas, ahora lo era también de un problema más a una economía familiar que llevaba más de cinco años golpeada hasta el hartazgo producto de los subsidios indiscriminados a todo, de los malos manejos económicos, del populismo izquierdista en su sin razón total.

El negocio del hombre se fue a la quiebra, su economía familiar se desmoronó y se vio obligado a migrar a otro país buscando una mejor vida para sus hijos, para su esposa, es así como encuentra un refugio en Japón, país en el que vivió y trabajó por 10 largos años para luego regresar y poder hacer una mejor vida en lo que el me dijo es su “terruño”, darle una buena educación a sus hijos y volver a tener su hogar cerca de él.

Lo necesario y lo que queremos

Cuando le pregunto que opinión tiene a ese período (específicamente el shock) me contesta que a pesar que el se perjudicó admite que fue algo necesario porque la economía estaba por los suelos y que era necesario dar una medida tan extrema para volver a reinsertar al Perú en una economía de mercado, capaz de progresar en un tiempo determinado, Y la historia lo dice, un año después los precios comenzaron a reducirse gradualmente y la economía comenzó a andar a rumbo que no se ha detenido hasta ahora y que, con sus muchas fallas, el modelo ha demostrado dar sus frutos, aunque aún queda mucho por hacer y estabilizar, y eso nadie lo puede negar.

Cuando le pregunto sobre la posibilidad de que ganase Ollanta Humala, el hombre se ríe, pero son de aquellas risas que más alegría denotan un fuerte sarcasmo y vaticinio de algo negativo, no puedo evitar estar a favor de esa sensación. Y cito “Hermano, si gana Ollanta, nos vamos a la mierda, ese hombre lo único que quiere es mandarnos al diablo, vamos a retroceder demasiado” dentro de su simplicidad de argumentos una gran razón se halla implícita, y es que la opción chavista es, simplemente, la perdida y fracaso de ese progreso, que necesitamos mejorar, y que tanto nos ha costado.






P.D. A continuación dejó un video en el cual se muestra el mensaje a la Nación de ex ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado Miller anunciando el "Paquetazo", nombrando el alza de algunos productos básico y la frase final "¡Que Dios nos ayude!"


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