Soy, básicamente, un hombre (como si lo escribiera un misógino)

lunes, 21 de noviembre de 2011


Cuando un hombre se deja llevar mucho por sus emociones entonces es visto con ojos de extrañeza, como si no lo fueras solo por mostrar algo de sensibilidad; si te muestras muy animal, muy espermático entonces eres sucio, vulgar, cochino, una decepción. Bueno, es una decepción que un hombre genere tamaña incomprensión.

Y no es que como dicen las del otro bando que un hombre es más simple de entender. No pienso lo mismo; hay una gran complejidad que ni nosotros mismos logramos dominar, controlar, entender, mucho peor las mujeres que, por lo general, parecen bastante sumidas en que uno se ponga en sus zapatos mas ellas hacerlo por nosotros no es algo que se arriesguen, siquiera, a contemplar.

Cuánto asco y repulsión siento cuando conozco, me acerco a una mujer, a una chica, a una tipa que solo se pasa sus días queriendo que todos giren en su entorno, hablando de sus cosas como si estas fueran las únicas de las cuáles conversar, a esas que buscan ecos y no propuestas. Siento arcadas, siento que todas son vacías, ni una erección, ni una parada de pito me generan de solo saberlas así, frívolas de sentimientos compartidos, escasas de feedback, ineptas en reciprocidad.

Estoy hastiado, asumo, y se que muchos como yo lo están de toparse como muchas así; diera la impresión que ahora todas han salido de este modo, no lo se. No negaré que con los años me he vuelto un coqueto encantador; hasta, a veces, me resulta increíble verme como el tímido de antaño y ahora un conversador de labia eficaz. Creo que esto me llevará a la cama con muchas en reiteradas ocasiones; entonces, aparece esa desazón de no sentir una conexión más allá de lo visual, externo y cierto rasgo personal atrayente pero que, en el fondo, no me llena, no me satisface, no me importa, me aburre, lo desecho, lo dejo atrás, no por el ánimo de jugar con alguien, sino por razón que todas ellas saben igual, a un plato vistoso que puede llenarte de momento pero que pasadas unas horas te das cuenta que no cumple su función, porque es un engaño, una fantasía que con el tiempo y mientras la vas conociendo, se va cayendo.

Es por eso que ahora la palabra amor se me ha vuelto una aceptación de algo que no pasará (y con esto no hablo de toda la vida, sino de algo específico y concreto) así que me mato la vida tratando de buscar algo, alguien que pueda semejarse a ello, pero juego y juego; más esos juegos fatuos, sosos me resultan; así que regreso a mi casa sonriendo pero sintiendo vacío emocional, espero que no haya nadie, prendo mi pc y miro algo de toda la pornografía que tengo acumulada; me corro la paja para mitigar o retraer ese impulso amoroso junto con esa necesidad erótica que no encuentran el lugar ni la persona ideal con la cuál liberarse. Entonces, un monitor, unos gemidos fingidos y unas vulvas pomposas se transforman en una forma de terapia seminal, y yo solo digo que eso no me vuelve loco, sino más deseoso.

Y me duermo sintiéndome la perra de estas esas chiquillas y chicas tontas que voy conociendo. Soy lo que soy pero con ellas soy la dulzura hecha miel. He aprendido a ser lo que ellas quieren que uno sea y, cuando puedo, atino a crecer conforme ello sucede. Las chicas, tan egoístas como ellas solas, tan ensimismadas en su egoísmo, en sus tonterías de mujeres nunca se ponen a pensar que solo “me escondo detrás de una sonrisa y ojos comprensivos”. Eso es ser un mierda, pero vamos, las quiero porque me generan una emoción, incompleta, si, pero emoción al fin y al cabo, y por eso las quiero y por eso siempre las querré y por eso siempre me gustarán y por eso siempre querré besarlas y por eso siempre querré tomarlas. No soy un semental, ni tampoco el “macho” follador, ni mucho menos, pero he aprendido, lentísimamente, a aprovechar las ventajas que la “naturaleza” me dio, y no hablo de mi pene, por si acaso, porque este es de un tamaño bastante estándar, nada trascendental de forma.

No es tan fácil vivir en el mundo cuando eres un hombre, sobre todo cuando eres hombres y vives acompañado de mujeres con mentes y cuerpos tan etiquetados, estigmatizados como el de las mujeres de hoy, cogidas por el cerebro y por atrás a querer jugar a ser intocables, con el complejo de siempre querer demostrar que son mejores que los hombres, siempre compitiendo contra ellos poniéndose en rivalidad con nosotros sin que a nosotros nos interesara porque, en el fondo, solo queremos dos cosas de ellas: sus cuerpos y sus corazones; pero ellas quieren ser más que nosotros cuando no lo son ni lo podrán ser porque, en definitiva, somos totalmente diferentes y, sin embargo, su complejo no las hace ver más allá de ello. A mi me da risa. No siento que una mujer sea igual a mi, ni que yo sea igual a una de ellas pues somos distintos y eso es rico; en esa diferencia se basa nuestra convivencia, nuestra atracción, nuestra preservación. El sexo es una muestra de ello: fornicar es un acto natural que muestra cuán diferentes somos y debemos ser.

Si, hoy me siento rechazado, como una canción desolada para corazones rotos, no resignado, mas si compungido hasta los huesos, si, esos huesos que de cuando en cuando me hacen recordar lo frágil que cada día se torna mi organismo, entonces esa sensación de vacío, desamparo, de no satisfacer el sentimiento que es desairado educadamente, pero desairado al final de cuentas, entonces regreso a mi máquina, me pongo a escribir algo con la cabeza llena de semen, como si estuviera ebrio, como si el vino hubiese afectado mis sentidos, pero es mi testosterona que se siente quebrantada la que obnubila mi animosidad y me vuelve una verga flácida y ansiosa de desfogar, y me pongo a escribir cosas que, a lo mejor, solo yo entiendo, que otros u otras se dirían “pero ¿de qué carajos habla este chalado?”, pero es así. No soy el mero sujeto con algo que le cuelga entre las piernas, hay más sustancia en mi que ello, de eso si me puedo jactar. Y cuando haya acabado, buscaré alguna foto “guay” en alusión a un falo para ponerlo de foto de inicio como nuevo post en mi blog (este donde ahora lo lees) entonces lo publicaré y luego buscaré un poco de porno, para masturbarme, una vez más y soslayar mi depresión emocional y retraer, diciendo una vez más, mi impulso amoroso y mi deseo erótico.

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