El Libre albedrío (dependencia consentida)

viernes, 11 de febrero de 2011


Recuerdos de la infancia

Recuerdo que desde que era niño las personas siempre agradecían al dios cristiano por las buenas cosas que les hubieran pasado en una situación “X”. Recuerdo, del mismo modo, que cada vez que una tragedia (si, esa de las grandes) se cernía sobre una persona, le achacaban la culpa al mismo dios cristiano.

Aquello siempre fue algo que me pareció extraño, es decir, con mi edad de infante, de adolescente no terminaba de entender ¿por qué había tal dualidad? ¿Por qué amar a ese dios cuando algo sale bien y, por otro lado, por qué reprocharle por lo malo, negativo?

Libre albedrio “ma non troppo”

Siempre escuché que hablaban de algo llamado el “libre albedrio”, ¿libre albedrio? What the fuck is that? Me decía hacia mis adentros. No tardé mucho en comprender, a grandes rasgos que el tan mentado libre albedrio es la capacidad de actuar libremente que “dios nos ha dado”, de tal manera que depende de los humanos elegir el “camino del bien o el camino del mal”.

Bien. Si se supone que esto es así también se infiere que el dios cristiano no interviene en ningún momento en la vida de las personas por más dichosa o apesadumbrada que esta sea, ¿no? Pues de lo contrario no tendría lógica humana el libre albedrio (a no ser que los caminos del señor sean tan misteriosos e inentendibles para los humanos que el libre albedrio es dejar al hombre vivir como mejor le parezca “ma non troppo”)


Contradicción en si misma

Pero el juedo-cristiano es un hombre extraño, de naturaleza misteriosa e inentendible, incluso entre ellos mismo, no logran entenderse que, haciendo uso de este derecho, de mal usarlo con su doble moral decadente, de aquellos que por fuera se encargan de simular ser hombres probos, pegados al dogma, intransigentes cuando otro parece distanciarse de tales ideas, cometen la contradicción de achacar a su dios cuanta penuria y cuanta alegría sobre ellos caiga.

Esto es una contradicción.

Siempre veo que los curas les dicen a los feligreses que oren a dios para que les ayude, para que les cuide y proteja de todo lo malo, pero, ¿qué sentido tendría esto, teniendo en cuenta el “libre albedrio”? Orar no es lo mismo que involucrar a un dios en el destino de tu vida, tengo la seguridad que son dos cosas distintas, aunque, supongo que los cristianos no lo verán así. Entonces ¿Dónde quedó el libre albedrio? Claro, muchas dirán que NO, que dios solo ayuda algunos pues no lo puede hacer con todos, BIEN, entonces no es tan omnipotente ni omnisciente como les gusta pretender a los cristianos.

Y, en si, el solo hecho de agradecer o increparle al dios por las cosas buenas o malas resulta ser, nada menos que contradicción y, por qué no, un aberración conceptual. En tal sentido, resulta un acto de falacia echarle la culpa al dios cristiano por los errores o desavenencias de la vida; así mismo, resulta un acto de total y pacata hipocresía agradecer al mismo dios por los hechos buenos, positivos que ocurren en el devenir de los días.

Hallando una respuesta

Pero sucede. ¿A qué se debe esto?

La respuesta bien podría encontrarse en el carácter mismo de la cultura y tradición judeo cristiana, siempre tendenciosa, proclive a contradecirse por la simple razón que solo busca reducir la capacidad mental y abstractiva del ser humano.

Así mismo, eso también es una muestra de la moral inestable, sin formación y decadente del judeo-cristiano, de una doble moral que entra en contrasentido con su propio dogma, con las propias enseñanzas. Pero no resulta tan extraño cuando se entiende que esta religión de muerte tan solo quiere llevar a los seres humanos a un cementerio espiritual y mental, y que no quepan aquellos ilusos que se la pasan excusando todo bajo el tonto argumento que son los hombres quienes pervierten las ideas, políticas y religiones; existen muchos dogmas nacidos para matar, nacidos para esclavizar, concebidos para bloquear la capacidad de todo aquél que se siente en su regazo. Eso, también es un hecho, y el judeo-cristianismo lo es.


1 Blasfemias:

Rodolfo Plata dijo...

Friedrich Nietzsche señaló con verdadero espanto ¡la indiferencia de la generación actual ante el nihilismo! El exacerbado racismo criminal y genocida serial del Libro de Israel, y su falta de significado para los que no somos judíos, llevó a Nietzsche a pregonar: ¡la muerte de Dios! Grandes multitudes abandonan la religión judeo cristiana ante su falta de congruencia de sus dogmas con la realidad. El reto es superar el nihilismo de la sociedad actual formulando un cristianismo que se pueda vivir y practicar, no en y desde lo religioso y lo sagrado, sino en y desde el humanismo secular laico, la pluralidad y el sincretismo resaltando la importancia genérica de Cristo y sus enseñanzas. Y para poder lograrlo tenemos que actualizar la teología, la cristología y la liturgia, enmarcadas en la doctrina y la teoría de la Trascendencia humana, conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.).Sincretismo religioso expresado por Raimon Panikkar fruto de sus frecuentes viajes a la India: «Me marché cristiano, me descubrí hindú y regresé budista, sin haber dejado de ser cristiano».http://www.scribd.com/doc/48104400/Nietzsche-y-La-Lucha-Contra-El-Judeo-Cristianismo-Por-El-Cristianismo

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