El vuelo estimulante

domingo, 13 de febrero de 2011


Subiendo en aires

Para muchas personas alrededor del mundo, las drogas son el veneno de la sociedad, aquella sustancia que está condenando a la juventud y a muchos adultos a una vida parásita, sin objetivos ni metas, sin presente ni futuro. El Perú no es la excepción y, en plena campaña presidencial los postulantes al “sillón de Pizarro” salen a dar su opinión sobre si se debe legalizar y despenalizar el consumo de estos alucinógenos o todo lo contrario.

La propuesta dicha y luego rectificada la lanzó el ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006), la misma que, no pasadas muchas horas, todo el mundo saliera a criticarle por tal comentario; Toledo, fiel a su estilo poco serio, dijo que no había dicho lo que dijo, sino al revés (típico) y es que así comenzó todo el asunto de legalizar o no el consumo de drogas en el país.

La verdad es que es un tema complejo, teniendo en cuenta que somos un país productor de droga, sobre todo de cocaína, y habiendo voces muy fuertes e influyentes que pretenden eliminar todo rastro de la hoja sagrada en nuestro país (la solución no es que nosotros la dejemos de elaborar, sino que en Estados Unidos y Europa se la dejen de aspirar), otro punto es que la sociedad peruana tiene los estigmas y complejos respecto al consumo de drogas; en tal sentido, no me parece exagerado decir que el común denominador vea en cualquier “consumidor” a un adicto, un junkie sin salvación, ni remedio, un paria de la sociedad; y tercero que el tema se está usando y se usará políticamente.

Hablando de los im”pases”

Sobre lo primero, muchos opinan que permitir el consumo es abrirle la puerta al narcotráfico, a actuar con impunidad, lo cual es totalmente falso, desde mi punto de vista pues, si bien la producción y el consumo están ligados, esto tampoco los hace inseparables uno del otro, presente siempre está el ejemplo de Holanda, pero nunca faltan en este lado del mundo los puristas y monásticos que creen que volándose toda la selva productora van a acabar con el problema. Ahora, la erradicación del cultivo de coca pasa por darle la alternativa a los campesinos de cultivar un producto igual de rentable que la coca y no como se ha tratado tontamente de hacerlo con productos de valor increíblemente menor, lo que ha hecho que los agricultores retomen su viejo oficio.

En el segundo punto, el referido a los estigmas y complejos de la sociedad peruana respecto al tema drogas, es uno de los mayores impedimentos para que esto se llevara a cabo. La mentalidad peruana tiene programado en su psique que las drogas sin importar el grado de consumo, son malas. De ese modo, no es de esperar que muchas veces se suela decir “prefiero que seas un borracho a un fumón” cuando la bebida, el alcohol, es también una droga igual de adictiva que la marihuana, la cocaína y tantas más, sin embargo, el consumo de alcohol es aceptado y visto con orgullo, no se si un mal necesario, pero si una costumbre bien aceptada. En ese sentido, sería contraproducente una ley de aprobación de consumo dada la falta de madurez de la población respecto a este tema, y porque creo, casi con seguridad, que los consumidores peruanos, al menos en un primer momento dispararían los índices de consumo a nivel nacional, haciendo impopular la ley, dando la “razón” al sector conservador en contra y obligando a anular dicha ley. Lo mismo que nada.

El tercer punto, el uso político que se le va a dar al tema le restará la seriedad e importancia que amerita. Los políticos han salido en medios de comunicación dando declaraciones en contra del consumo, contra de la despenalización y legalización del mismo, sin embargo, y sin temor a equivocarme, lo hacen por la simple razón que avalar tal idea les restaría una considerable cantidad de votos y, por el contrario, mostrarte en contra de la misma, saben, les sumará algunos votos cruciales, sobre todo para aquellos que aspiran llegar a la segunda vuelta electoral. Pero ¿y qué pasará terminadas las elecciones, con nuevo presidente y nuevo parlamento? Mi visión al respecto es que una sociedad inmadura en ciertos temas se ve reflejada en sus representantes y de igual modo, los representantes de la nación representan y llevan consigo los estereotipos y virtudes del pueblo que dicen velar. Bajo esa visión creo que el debate sería extenso, pero infructífero, sin llegar a un punto, al grado de no modificar ni endurecer la ley pertinente.



Las alucinadas de los medios

Por otra parte, la responsabilidad de los medios a generar un debate al respecto ha caído en la simpleza de las declaraciones de un candidato y su supuesto pasado de consumo de cocaína, tratando de hacer una gran tara de ello. Yo me pregunto si acaso el consumo de la droga que sea puede hacer que un gobernante sea pésimo. Pues, creo que no y la historia lo demuestra; grandes hombres de la historia, grandes regentes de vastos reinos, imperios o convulsiones han tenido sus grandes adicciones a ciertas sustancias y eso no les ha quitado la lucidez de sus ideas y acciones en el plano político y social. En tal sentido, sería saludable que los periodistas traten de enfocarse en el tema de fondo y no en el morbo que dicho estereotipo puede generar, bajando los niveles de una campaña presidencial y dándole al pueblo más clichés, estigmas y complejos de los que ya cuenta en su imaginario colectivo.

Después de la pasada

Para concluir, tan solo basta decir que, en lo personal, estoy de acuerdo con una ley que planteé la despenalización y consumo de drogas, siempre y cuando enmarcada en ciertos parámetros y limitaciones que impidan que esto se expanda y produzca el aumento de adictos a estas sustancias. Sin embargo, y a pesar de lo dicho, estoy consciente que el Perú no se encuentra en una situación política y social lo suficiente madura para llevar a cabo una la promulgación de una norma como esta, por lo que creo que esta debe esperar a que la sociedad se encuentra más proclive a aceptar que a rechazarla.

Con todo, a mi modo personal de ver las cosas, las drogas no son dañinas, desde tiempos ancestrales, en distintas formas y orígenes han sido usadas para generar ciertas experiencias en las personas, siendo parte de las culturas e incluso han dado la chance a los grandes descubrimientos de la ciencia y demás ramas. No todo consumidor es un adicto, ni tampoco el alcohol es mejor que las sustancias alucinógenas modernas, están en el mismo nivel de daño y adicción cuando su consumo se da en exceso.

Esto es algo en lo cual vale la pena razonar. Es complicado convencer a las personas de mayor edad sobre esto, puesto que vienen de una época donde las drogas fueron satanizadas, pero es menester de las organizaciones responsables y de la sociedad en si, tomar conciencia del tema enseñando las cosas positivas y negativas, lejos de estereotipos y usos políticos, con la seriedad que esto requiere pues, si bien es cierto que pueden dar al individuo una experiencia distinta, o un buen rato, también es cierto que llegan a destruir la vida de muchas personas, y esa tampoco es la idea.

Cuando los niños pierden su niñez

viernes, 11 de febrero de 2011


Recuerdos de niñez

Cuando niño, recuerdo que era común reunirme con mis amigos del barrio los fines de semana, salir a jugar pelota era algo “obligado”, una actividad que no se podía dejar pasar, armar tu arco con los ladrillos o piedras que hubieran por allí, las escondidas en la quinta donde nací y crecí en alguna cuadra 5 de Breña y tantas cosas más que han marcado la niñez de mi generación, la última generación urbana con un desarrollo como el de aquellos.

No es nostalgia decir que la infancia los niños de hoy no tiene nada que ver con ello, sino todo lo contrario, si antes la socialización era algo preponderante, plausible, necesario, hoy eso parece haber pasado de “moda” siendo reemplazo por el autismo que los tiempos del internet y diversas consolas de juego ofrecen a los niños como “diversión”.

El barrio ha muerto

El barrio ha muerto, o al menos entró en franca decadencia, entre otras razones por el aumento de la inseguridad ciudadana que se ha hecho cotidiana en la Lima del sigo XXI; cuando las personas se ven obligadas a levantar cercas en sus cuadras con un mofletudo vigilante vestido de marrón que sirve como defensor del derecho a crear su propia "utopía" suburbana, haciendo que los niños se recluyan en la intimidad de sus hogares, negando así el proceso de socialización, llevándolos, entre otras cosas a apartarse del mundo por medio de unos aparatos que reflejan imágenes maleables en el televisor u ordenador.

No puedo negar que mi generación disfrutaba de los juegos de video, pero era distinto (si, los juegos, juegos son) pues había límites y horarios para ello. Recuerdo que a mis primos y a mí no nos dejaban jugar consolas de video de lunes a viernes puesto que eran horas de estudio, eran los fines de semana los espacios donde podíamos ir a un establecimiento donde se ofreciera este servicio, teniendo como tiempo promedio una hora, con suerte hora y media y como casi nunca, dos horas. Esa era nuestra relación infantil con los videos (y hablo de los años 90)

El mal de la infancia

Podríamos decir que el mal de la infancia actual se debe a la sociedad pos moderna, la sociedad de consumo, la sociedad de la información, el mundo de la ciencia y el avance tecnológico, y es verdad, pero también es cierto que la familia como institución también se encuentra en franca decadencia. Hoy, más que nunca se ha vuelto atípico familias juntas (es decir, padre, madre, hijos) este entorno, de una manera u otra sentaba las bases para la socialización de los niños. Hoy en día, esta situación, agravada por el acelerado ritmo de vida ha hecho que los padres (jóvenes y no tanto) tengan temor de dejar estar a sus hijos en la calle (teniendo en cuenta que solo un padre se hace cargo del hijo o hijos) por la misma inseguridad que hoy cunde, en tal, quebrando las amistades que se hacen en el entorno social primario, importante en el desarrollo emocional y cognitivo de un niño.

Lo siguiente es delegar la función a un par de aparatos que mantendrán al niño en casa y que, sin embargo, también formarán en él su carácter y manera de pensar (muchas veces, sin orientación de los padres), es decir, la televisión y los juegos de video. Y esto no resulta exagerado pues es un hecho tangible, hay datos sobre ello y es una realidad, francamente, alarmante.

Necesidad, prioridad, mundo

Lo primero que sucede en estos niños es (y lo digo porque tengo un sobrino y un primo de 8 y 9 años respectivamente, y a todos los menores que veo en similar edad) una abstracción y desinterés por aquello que les rodea transformando en necesidad esa maquinita que les brinda esa distracción que, a su edad, resulta más que atrofiante (no así a la de un joven o adulto, aunque hay excepciones)

Lo segundo es que, una vez consolidado el habito de “necesidad” esto empieza a presentarse como prioridad, de tal manera que se vuelve parte de la vida diaria del niño, (así como en mucho adultos el msn, facebook, twitter o demás), de esta manera esto empieza a salirse de control para el propio padre quien, la mayoría de las veces, no ve la culpa que él tiene en esto como responsable del menor, achacándole a su crio, las amistades, e incluso a la consola misma. De este modo, ya no se respeta un patrón de conducta que pueda regular esta actividad desmedida por parte del niño (a eso me refería cuando dije lo relacionado con la pérdida de control del tutor) porque, seguramente, no hubo anteriormente.

Cuando esto se vuelve prioridad la personalidad del menor se distorsiona, se pervierte creando un individuo aislado, ensimismado, retraído de una manera distinta a la convencional, a veces uraño, pero proclive a hacer de ello una adicción. Es allí cuando esto se convierte en su “mundo”, acaparando todo cuanta actividad, pensamiento o conversación se manifieste. Es entonces cuando el niño está más cercano a la ludopatía infantil que a un desorden de atención regular.

En este tercera “etapa”(déjenme llamarla así), es decir cuando los video juegos se vuelven el “mundo” de los niños es cuando la personalidad, conducta y carácter de estos se modifica gravemente haciendo de este un ser vacío, con problemas emocionales, existenciales que antes no se presentaban a temprana como consecuencia de una infancia anómala, sin un modelo de identificación (socialización, interactividad con otros niños), con serios problemas de conducta, adaptación y, lo peor de todo, sensibles a fuertes depresiones.

No es tanto una culpa compartida

Es bastante triste ver a los niños del presente tener estas aflicciones, estos vicios tan propios de gente “grande”, desprovistos de una infancia más que necesaria para que tengan el background inherente necesario para poder afrontar al mundo y las personas que lo conforman y, sin embargo sucede y, sin embargo nadie hace nada por controlar esto. No creo que sea tanto la culpa de las corporaciones que venden estas consolas (pues ahora estos productos tienen como principal target al adulto-joven y adultos) como si de la familia misma, como del entorno de familias desunidas con padres y madres que deben afrontar solos el cuidado y crianza de sus hijos, no así como la comodidad de muchos otros padres que, bajo infinidad de pretextos traspasan su función educara a un par de aparatos electrónicos, entre muchas más.

Este problema, desde mi punto de vista no se puede legislar, sería un absurdo (tampoco pensemos en controlar el ingreso de estos aparatos) El tema de todo esto yace en el criterio familiar, en el compromiso y madurez de los padres en reconocer esto, primero como un error de ellos, pues son
son ellos quienes han permitido (por “X” razones) que aquello suceda y, al mismo tiempo, buscar la manera que estas tres etapas no se concreten pues, de llegar a cumplirse sería imperiosamente necesario la ayuda de un especialista que permita controlar esto hasta reducirlo a un grado aceptable (porque también es cierto que no podemos quitarle una diversión a los niños. Como dije, no es culpa de las consolas, sino de los padres que lo permiten)

Game over

Quiero ponerme en un plan fatalista y pensar que si dejamos que esto siga impregnando a la infancia moderna no podemos esperar un mejor futuro para los futuros jóvenes y adultos de esta era, no podemos sino esperar personas inestables, inseguras, retraídas, desidiosas, escapistas (pues esto último es consecuencia de ello, sin duda) y, pero no por ello menos importante, sujetos sin una identidad que los permita identificarse con su comunidad, nación, grupo social e, inclusive con su propia familia, y lo que queremos no son sujetos así sino, personas comprometidas, con valores y experiencias que les permitan identificarse unos con otros pues de lo contrario seguiríamos el gran patrón que hoy asesina al mundo moderno, desprovisto de identidad, de intereses comunes, lleno de trauma, fobias, rencores y complejos propios de una globalización parasitante.

Pero eso, empieza desde casa. Un hecho.

El Libre albedrío (dependencia consentida)


Recuerdos de la infancia

Recuerdo que desde que era niño las personas siempre agradecían al dios cristiano por las buenas cosas que les hubieran pasado en una situación “X”. Recuerdo, del mismo modo, que cada vez que una tragedia (si, esa de las grandes) se cernía sobre una persona, le achacaban la culpa al mismo dios cristiano.

Aquello siempre fue algo que me pareció extraño, es decir, con mi edad de infante, de adolescente no terminaba de entender ¿por qué había tal dualidad? ¿Por qué amar a ese dios cuando algo sale bien y, por otro lado, por qué reprocharle por lo malo, negativo?

Libre albedrio “ma non troppo”

Siempre escuché que hablaban de algo llamado el “libre albedrio”, ¿libre albedrio? What the fuck is that? Me decía hacia mis adentros. No tardé mucho en comprender, a grandes rasgos que el tan mentado libre albedrio es la capacidad de actuar libremente que “dios nos ha dado”, de tal manera que depende de los humanos elegir el “camino del bien o el camino del mal”.

Bien. Si se supone que esto es así también se infiere que el dios cristiano no interviene en ningún momento en la vida de las personas por más dichosa o apesadumbrada que esta sea, ¿no? Pues de lo contrario no tendría lógica humana el libre albedrio (a no ser que los caminos del señor sean tan misteriosos e inentendibles para los humanos que el libre albedrio es dejar al hombre vivir como mejor le parezca “ma non troppo”)


Contradicción en si misma

Pero el juedo-cristiano es un hombre extraño, de naturaleza misteriosa e inentendible, incluso entre ellos mismo, no logran entenderse que, haciendo uso de este derecho, de mal usarlo con su doble moral decadente, de aquellos que por fuera se encargan de simular ser hombres probos, pegados al dogma, intransigentes cuando otro parece distanciarse de tales ideas, cometen la contradicción de achacar a su dios cuanta penuria y cuanta alegría sobre ellos caiga.

Esto es una contradicción.

Siempre veo que los curas les dicen a los feligreses que oren a dios para que les ayude, para que les cuide y proteja de todo lo malo, pero, ¿qué sentido tendría esto, teniendo en cuenta el “libre albedrio”? Orar no es lo mismo que involucrar a un dios en el destino de tu vida, tengo la seguridad que son dos cosas distintas, aunque, supongo que los cristianos no lo verán así. Entonces ¿Dónde quedó el libre albedrio? Claro, muchas dirán que NO, que dios solo ayuda algunos pues no lo puede hacer con todos, BIEN, entonces no es tan omnipotente ni omnisciente como les gusta pretender a los cristianos.

Y, en si, el solo hecho de agradecer o increparle al dios por las cosas buenas o malas resulta ser, nada menos que contradicción y, por qué no, un aberración conceptual. En tal sentido, resulta un acto de falacia echarle la culpa al dios cristiano por los errores o desavenencias de la vida; así mismo, resulta un acto de total y pacata hipocresía agradecer al mismo dios por los hechos buenos, positivos que ocurren en el devenir de los días.

Hallando una respuesta

Pero sucede. ¿A qué se debe esto?

La respuesta bien podría encontrarse en el carácter mismo de la cultura y tradición judeo cristiana, siempre tendenciosa, proclive a contradecirse por la simple razón que solo busca reducir la capacidad mental y abstractiva del ser humano.

Así mismo, eso también es una muestra de la moral inestable, sin formación y decadente del judeo-cristiano, de una doble moral que entra en contrasentido con su propio dogma, con las propias enseñanzas. Pero no resulta tan extraño cuando se entiende que esta religión de muerte tan solo quiere llevar a los seres humanos a un cementerio espiritual y mental, y que no quepan aquellos ilusos que se la pasan excusando todo bajo el tonto argumento que son los hombres quienes pervierten las ideas, políticas y religiones; existen muchos dogmas nacidos para matar, nacidos para esclavizar, concebidos para bloquear la capacidad de todo aquél que se siente en su regazo. Eso, también es un hecho, y el judeo-cristianismo lo es.


Ayahuasca stoner trip

domingo, 6 de febrero de 2011


El siguiente es un reportaje documental francés habla sobre el Ayahuasca, esa planta venenosa que tiene la capacidad, según los relatos de quienes la han experimentado, de ver cosas de tu pasado, presente y futuro, así como la capacidad de poder conocer la raíz de tu problema físico o espiritual. Una planta que, según la mitología de las tribus de la selva peruana fue un regalo de la deidad femenina del río Amazonas hacia la humanidad.

EL documento relata el viaje de un ciudadano francés a la selva peruana en busca de una solución a sus problemas de adaptación, para lo cual, cree él le será de mucha ayuda el tratamiento que se le pueda dar por medio de esta hierba ancestral.

En su periplo se topará con un centro de rehabilitación cuyo principal instrumento son las sesiones donde se ingiere el ayahuasca con la finalidad de conocer sus problemas internos, físicos así como enfrentar por un determinado tiempo, entre 6 a 8 meses.

En un principio, el muchacho francés se muestra escéptico a la cura planteada por dicha institución, por lo que decide continuar su travesía adentrándose aún más en la selva peruana, llegando hasta Iquitos, en la región Loreto donde tras muchas sesiones con diversos maestros en este arte siente que no encuentra aún la respuesta que buscaba. Sumado a ello, que no se siente predispuesto a aceptar algo que escapa a su “lógica”, hasta, casi terminando el documento, decide regresar al punto de donde partió.

El reportaje muestra interesantes testimonios tanto de personas que avalaban el carácter curativa del ayahuasca así como aquellos que la muestran como un alucinógeno más. Sin embargo, lo que el documento deja a entender (sobre todo pensando en aquellos que desconocen de esta planta) que esta es una de las tantas vías alternativas que pueden ayudar a curar y entender aquello que la “sacrosanta” ciencia no puede y tal vez nunca llegue a demostrar.

Y debo reconocer que para ser un documento creado, elaborado y editado enteramente desde Europa es bastante objetivo y hasta abierto a este tipo de medicación alternativa, sin ridiculizarla y tocando con suma cautela el aspecto mítico que esta tiene en la cosmovisión de la selva peruana, donde la aparición misma de esta planta, condice con la aparición misma del río amazonas y de la humanidad.

Sin más que agregar, les dejo a continuación este documental. Espero lo disfruten.





















Winterdepression (a modo de ensayo)

domingo, 23 de enero de 2011



Como introducción

El pensamiento regular es que la depresión es un sentimiento negativo, una emoción destructiva, una de esas “taras” que a casi toda la humanidad le gustaría, simplemente, extirpar y negar, pero ¿es en verdad este “mal” como lo pintan y ven la mayoría de las personas?

En teoría, la depresión es un trastorno del estado de ánimo, reflejado en el abatimiento y la infelicidad que puede ser temporal o bien permanente. Nadie podría negar dicha definición (quienes la hemos sufrido sabemos que es así)

Sin embargo, a dicha definición le haría yo objetaría si en verdad un trastorno del estado de ánimo es negativo o que al inferir que uno siente infelicidad no se intuye que uno debe estar, necesariamente, todo el tiempo “feliz”.

Depresión: ¿algo por lo que temer?

Me resulta bastante extraño cuando tu le dices a cualquier conocido que has tenido depresión hace poco, o peor aún, que la vienes sufriendo, es decir, tan solo basta mirar la expresión de su rostro, me resulta como si en ellos hubiese caído una piedra enorme, de terrible dolor, de espantoso pesar. Es una expresión como si en una desgracia te hubieras sumergido. Para muchos si que lo es, para la gran mayoría, para mi y unos pocos más, no lo creo.

No miento cuando digo que en la última era, si, la era de la globalización, la tecnología, la sociedad de la información, el sistema de consumo, el mundo pos moderno es cuando se han registrado mayores casos de depresión. Por lo general la ciencia se remite a decirte muy tendidamente qué es la depresión, mas carecen de argumentos al momento de explicar por qué se produce la depresión. A mi criterio existen dos factores: los sociales y los personales.

El factor “social”

Cuando hablo de factores “sociales” intento englobar a aquellos asuntos de la sociedad moderna que afligen, reprimen la voluntad y acomplejan la mentalidad del ser humano. De este modo, no resulta raro ver que las personas se desviven por poseer todo aquello que el sistema de consumo nos impone constantemente en afiches, comerciales, textos, programas, “modelos a seguir”. De este modo, la depresión surge como consecuencia de la ansiedad, la ansiedad de no ser como los medios dictaminan, la ansiedad de querer poseer, obtener algo que realmente no necesitamos, el hecho de tenerlo e, incluso aún, seguir sintiendo la misma ansiedad, hasta mucho más fuerte, luego de eso, el siguiente paso es el vacío emocional, previo a este tipo de depresión.

A mi modo de ver, este tipo de depresión es una enfermedad más que otra cosa, pues nace como consecuencia de un sistema de valores decadentes que tan solo busca la automatización del ser humano, la enajenación de los sentidos, la pérdida de identidades (hecho concienzudamente por el orden establecido) para vaciarlo totalmente y llenarlo de una sin razón tan antinatural y anti humana que el propio ser no sabe como reaccionar sumiéndose en un círculo vicioso en el intento por tratar de hallarse a si mismo, sin saber que no podrá hacerlo.

Depresión

La depresión como factor personal es lo que podría denominarse (desde mi punto vista) como la DEPRESIÓN REAL al ser parte de un entorno, situaciones y problemas dentro de lo humanamente razonable, que devienen del accionar natural e instintivo de la vida personal de los seres humanos y en colectividad.

Se puede decir que la depresión se sustenta en una parte esencial de la naturaleza humana tan inherente como el solo hecho de amar u odiar; este deviene de un acto de amor no comprendido, más por acto de amor debe entenderse todo aquello que hacemos con gusto, voluntad y pasión cuando esto es rechazado, ignorado, distendido por los seres queridos, por quienes nos rodean, por el colectivo. La depresión es un acto de auto destrucción en si mismo, el cual conduce a una nueva interpretación del ser tal y como lo concebimos antes que este proceso apareciera.

En esto no hay nada de malo, nada que pueda horrorizar. Más allá de eso, la depresión es un proceso natural al que toda persona está expuesta, necesario de experimentar. La depresión es una parte del proceso de aprendizaje y de conocimiento de su propio ser, es un motor por medio del cual uno tiene la oportunidad de morir una y tantas veces sea posible, para renacer superior al individuo que fue antes; ese es el “valor agregado” que se le puede y debe dársele a esta experiencia.

La sabiduría y el gozo

La depresión no es como el amor, el amor no se enmarca dentro de los parámetros del conocimiento, la sabiduría, el aprendizaje, la superación; es cierto que este es una emoción-sentimiento maravilloso, digno de vivir y gozar, pero restringido a eso que, por su misma carga subliminal y endulzadora no puede conducir a lo antes mencionado; la depresión, en cambio, tiene una naturaleza tal que si permite llegar a esto.

En ese sentido, la depresión no debería significar tristeza ni aflicción, mucho menos horror, todo lo contrario, es el hecho de vivir el sentimiento depresivo, de disfrutarlo el tiempo que deba durar mas aún saber canalizarlo para, de este modo, permitir que nuestra persona salga fortalecida, madura, superada y con una conciencia aún mayor que la que teníamos antes de empezar este período. La depresión se debe disfrutar como se disfruta el sentimiento del amor, pues está al extremo de este sentimiento, así como está enajenada del odio, pues la depresión nace del dolor, la tristeza, la soledad, del desamor, la desesperanza, la escases de un ideal, no del odio, no de la ira, tampoco de la cólera furibunda. Es por eso que entender a la depresión de este modo, requiere de una mentalidad capaz de verlo así, presta a la disciplina del espíritu, de entender los procesos internos de una manera más allá del estándar establecido por la sociedad moderna que busca desarraigarnos de nuestras emociones primarias, personales y colectivas para volvernos autómatas fieles servidores del consumo y los estereotipos.

La debilidad del suicidio

Por otro lado, al entender la depresión de esta manera estamos negando, automáticamente, el cliché que hay al asemejar este estado con el suicidio; eso no es sino una debilidad de las personas. El suicidio responde, en este tiempo, a la debilidad de las personas a afrontar los embates de una vida que no terminan por entender (ahora ya no existe el suicidio por honor o cuando uno llega al entendimiento real que ya cumplió su ciclo de vida en la Tierra). La verdadera depresión no tiene, en lo absoluto, nada que ver con eso, pues trasciende las ideas de muerte por las ideas de disfrute, dolor, pena, así como las de superación, fortalecimiento y forja del orgullo individual una vez superada.

Toda depresión es superable, a mi criterio, por más fuerte que esta sea, por más tenebrosa y absorbente que resulte, se puede superar, la voluntad humana es más fuerte que todos sus procesos, mientras que la mente es la punta de lanza de todo desarrollo emocional, sentimental y cognitivo. Si dicen que el cuerpo puede curarse a si mismo, sucede de la misma manera con el espíritu sumergido en depresión real. No hace falta de un cuchillo, un frasco de pastillas o un precipicio para acabar con ella.

Cerrando

Para finalizar, tan solo queda por decir que el camino en la búsqueda del conocimiento es amplio y misterioso, los senderos por los que el ser humano debe atravesar son un océano tan vasto que pocas veces podemos lograr comprender la verdadera dimensión de sus intenciones; las opciones son muchas, variadas y diversas, una de ellas, una vital puesto que esta dentro del mismo humano es la depresión, ella puede marcar la diferencia entre lo que uno es y lo que aspira ser como ente individual conectado con su propio yo en la búsqueda de la supremacía del hombre introspectivo.




La Caída del Imperio Inca (Atahualpa y Francisco Pizarro) DOCUMENTAL

sábado, 22 de enero de 2011


El siguiente post trata de uno de los acontecimientos más importantes de la historia, la caída del Imperio Inka a manos del reino de España vista desde un enfoque menos lineal, menos de hechos, donde la relación entre dos hombres es la base de todo el argumento e ilación; me refiero al emperador inka Atahualpa y al conquistador (antiguo porquerizo y analfabeto) Francisco Pizarro.

El documento ha sido realizado por la cadena “Discovery Channel” la cual está inspirada en los testimonios recopilados de las crónicas de la época, así como de los archivos generales de Indias en España y las declaraciones de historiadores peruanos como el ya fallecido historiador (y gran hombre) José Antonio del Busto, entre otras fuentes documentales.

La historia trata acerca de la llegada de los españoles al Perú, del encuentro entre Atahualpa y Pizarro en la ciudad de Cajamarca (norte peruano), de la relación de extraña afinidad que ambos mantuvieron, sobre como el oro (la sangre del dios Sol para los “Runa Simi”) fue uno de los motivos por el cual se dio la conquista del Perú y de cómo este terminó siendo la codicia enferma de los españoles quienes, ni con todo lo “civilizados” que presumían ser, no pudieron evitar caer presa de la codicia, el salvajismo y la guerra entre camaradas que, incluso, acabó con la vida del hombre que les había concedido la gloria, Francisco Pizarro.

El documental toca puntos que para muchos que desconocen los hechos reales de la historia son más que factibles y verificables: por ejemplo el sistema de alimentación y producción del mismo mucho más avanzado y desarrollado que el feudal sistema que aún persistía en el reino de España, o las avanzadas técnicas de metalurgia, por mencionar solo algunos, o la estupenda red de caminos que a nivel universal son equiparados con las vías de la Roma imperial.

El documental toca de manera tácita lo que sería la raíz del proceso de mestizaje e incluso, el propio José Antonio del Busto hace mención de ello.

En lo personal, el documental me parece de un valor visual, informativo y aleccionador bastante interesante pues, sirve para conocer como fue esta síntesis cultural que fue el Imperio Inka, para conocer a quien fuera uno de los hombres más poderosos de la historia, así como la semilla de lo que constituiría el Perú moderno.

Sin embargo, hay ciertas cosas que el documental no menciona y en otras cae en incorrecciones. Por ejemplo, no se hace mención que al momento de la llegada de Pizarro y compañía el imperio acababa de terminar una guerra civil en la que Atahualpa había vencido a las fuerzas de su hermano elegido para regir, Huascar y que la situación política se mantenía un tanto inestable, lo cual facilitó (irrefutablemente) el triunfo de los españoles; así mismo, en la última parte del documento se dice que fue con la muerte del emperador que el imperio llegó a su fin, sin oposición alguna, lo cual no es cierto pues a la muerte de este la resistencia emergió encabezada por sus tres principales generales, Rumiñahui, Calcuchimac y Quizquiz, o la resistencia de los inkas de Vilcabamba, cuya resistencia duró de 1537 a 1572.

Habiendo dicho todo lo necesario, dejo este valioso documento para que lo vean.



















But in a funny way

miércoles, 12 de enero de 2011


Es una sensación rara, extraña, pero conocida la que desde hace un par de días me embarga hasta el punto de embriagar mis sentidos con esa sustancia de nulo sabor, llena de subliminal sensación, que estimula tu cerebro y te hace pensar que la belleza proviene de ese músculo llamado “corazón”.

De estos veranos ya han pasado tres desde la última vez que experimenté una sensación tan apabullante, tan inmensa, superior en grandeza y nobleza a mi ser entero. Desde aquella vez en que sentí flotar mi esencia en los bizarros pero siempre fantásticos enlaces y conexiones que los sentimientos producen en el ser humano.

Para ser honesto, la sensación no me la produce una mujer que hace poco haya conocido, sino una que siempre parezco volver a conocer una y otra vez, a quien siempre encuentro cada vez más adorable, más hábil, más lúcida, tan despistada al momento de actuar, caminar, pensar, pero tan bien coordinada a la hora de fundamentar.


Todos quienes me conocen, o creen conocerme, me ven como un tipo un tanto inexpresivo, poco sensible, quizás menos cariñoso que todo lo anterior, y sin duda un hígado andante como el que en verdad siento que soy, y no lo voy a negar, soy renegón, y creo que esto, al final, entre otras cosas, me va a terminar por matar (no solo mis huesos, ah, jajajaja) y estoy seguro que esta persona del mismo modo que el resto. No creo que eso esté mal, al final de cuentas, si algo hago es siempre mostrar lo que quiero mostrar, es así, mostrar lo que deseo, hacer pensar a los demás lo que quiero que piensen; además, porque siempre he sido (y aunque unos creen que no) y, seguramente seré, un tipo tímido, bochornoso, que teme a las respuestas de los demás cuando siento mi alma abrirse ante cual o tal persona, como en este caso. Así que me queda la escritura, algo que creo no hago tan mal.


Recuerdo que por mucho tiempo, es decir, desde un poco más de dos años, pensé haber suprimido el sentimiento hacia esta lindura. Por meses, por años, por gustos banales que vinieron y se fueron como la fugacidad de la moda, pensé que había logrado olvidar aquello hasta remitirlo a un simple gusto físico. Sin embargo, en uno de esos días indecisos de diciembre del año que hace poco se acaba de ir, pensando sobre ella, acerca de ella, en ella, tras varios días de confusión, como esa espesa niebla que todo lo oculta hasta el punto de invitarte a caminar en una penumbra eterna, me di cuenta, cual revelación oculta, que en verdad todo este tiempo, si, TODO ESTE TIEMPO, nunca la dejé de querer, no dejé de tenerla tan metida en la espesura de mi alma como las paredes que forman mi ser.

Fue así que ese período tan extraño, vulnerable, angustioso en el plano sentimental se terminó; el hecho de saber que desde enero del 2008 no he querido en el fondo a nadie salvo a ella fue algo que, incluso a mí mismo, me sorprendió. Y no hago desde entonces sino disfrutarlo.

Haciendo honor a la verdad, desde hace tiempo yo he extirpado de mi cabeza, de mis nociones, de mis ideas, pensamientos, de mi cerebro, el hecho que alguna vez ella y yo llegásemos a tener una relación más allá que el trato amical. Es como aquellas sensaciones que das por ciertas a pesar que en tu interior se anide tan solo una chispa de ilusión para que sucediera, absolutamente, todo lo contrario. Tantas veces me pregunto por qué he llegado a tal conclusión y no se qué responderme: a lo mejor sea que resultara al final alguien realmente “bored” para ella, quizás las expectativas de cada uno, quizás el hecho que en cosas sensibles seamos militantemente diferentes, quizás que yo sea (así de simple) un pobre y triste “huevón”.


No me queda mucho por decir, no me queda mucho por expresar en estas líneas que tan solo sirven como un motor hacia una especie de confesión “ahogada”, pero si deseo sentir aquello que en estos momentos estoy sintiendo, no importa si de ello nada voy a lograr (que es lo seguro) pues esa no es la finalidad, sino la de dejarme llevar por aquello que hoy se alza como una experiencia que llena mi espíritu de jubileo, de una “alegría” que hacía tanto no experimentaba.

No importa con quien fuera, por quien fuera, pero esto se siente genial y, como escuché en la cita a algún escritor cuyo nombre ahora no recuerdo, lo más importante del amor no es que nos amen, sino cuando nosotros amamos, estoy de acuerdo con ello, y por eso mismo quiero que esto fluya, que pase cuando deba pasar, que se prolongue si se debe prolongar, que se expanda si así el espíritu lo designa, que tan solo venga de la manera que mejor sea, y disfrutarlo todo cuanto implique, esa es la consigna que voy a implementar.

Para finalizar, pues, yo sigo soñando. Eso lo acabo de comprobar.

Una historia sobre segregación (Nudo y Epílogo)

domingo, 2 de enero de 2011


Sobre el “sujeto”


Sobre el relato antes mencionado, una vez que estuve caminando hacia mi casa bajo los faroles teñidos de un amarillo extraño me puse a pensar en aquél sujeto, no tanto en su persona, como en lo que me sabe representa, sobre la metáfora de su ser a la realidad de tantos, y sobre aquellos que sin pensarlo y bajo un sesgo ultra irracional hablan acerca de la igualdad entre todos los seres humanos, entre todas las etnias y culturas.

Ese tipo nunca será mejor o superior a mí, de antemano su condición de ladrón, de andrajoso, de ser un patético predicador individualista lo hace ya inferior a mucha gente, sin embargo la cultura que el ha rechazado por la que ha acogido, es decir, el conjunto de valores sub normales que glorifican el hedonismo, el facilismo, la decadencia moral y el sin sentido de las acciones lo hace un ente desechable, falso, una marioneta de un sistema que tan solo quiere, necesita sujetos así para poder subsistir y seguir envenenando a las personas. Este esperpento cayó bajo el influjo del latrocinio y la droga, otros lo hacen bajo la farsa de la religión, otros bajo el hedonismo del dinero, el sexo, el éxito sin escrúpulos, o la misantropía.

Sin temor a una exageración, este “nigger” bien podría representar la idiosincrasia judeo-cristiana del peruano común. Hagamos de lado el hecho que sea un parásito social de esta sociedad (ladrón, fumón y andrajoso) y enfoquémonos en su discurso, su perorata acerca de dios, su condición sub normal y con ello vendrá todo lo demás.

Pensando en mí pueblo de manera distinta

El Perú, una nación andina-amazónica, se funde en la tradición de sus pueblos paganos, la verdadera identidad de este territorio está en su tierra, en el honor, orgullo y fuerza que hicieron despliegue los antiguos reinos a imperios que habitaron aquí y que, en muchos aspectos eran superiores en modos, técnicas, usos y estructuras a las civilizaciones europeas que la invadieron y dominaron (de eso no hay duda alguna).

El Perú, se consolida como tal con llegada del europeo, aquél quien trajo su civilización, ritos y religión, la judeo cristiana y con ella todas sus taras. Lo que la civilización española hizo fue pervertir el natural orden de cosas con su fe decadente, su dogma de muerte (el único aspecto negativo del período conocido como la “Colonia”)

El judeo-cristianismo, como en el resto de naciones donde se asentó se encargó de calificar como “adoración satánica” la cultura pagana de nuestro pueblo, destruyo nuestros templos de culto y adoración para levantar sus muros de piedras, sus recintos donde pregonar la muerte, descartó nuestro legado como legítimo para dar paso a la única historia posible de admitir, la del judío crucificado y sus doce eunucos.

Y como en otras naciones, el culto de muerte se expandió a todos los ámbitos de la sociedad, de la vida diaria, íntima y colectiva, quemando los viejos vínculos que nuestros gloriosos antepasados tenían con nosotros, castrando nuestra raíz cultural materna, adoptando el mórbido flagelo de un padre resucitado.

Misantropía: el legado del hebreo

No piensen que esta cultura (otros le dicen anti cultura, de acuerdo con ello) promueve la paz, la verdad, el amor y solidaridad pues son meras fachadas para encubrir el hedonismo, la mentira, la misantropía, la flojera y la comodidad parásita.

Yo me pregunto si el sujeto que se encontraba en el colectivo conmigo hace sus plegarias al dios judío para ¿sentirse protegido y resguardado en la tierra? ¿Si acaso no pide por otros salud, bienestar para que luego él sea recompensado por su “desprendimiento” una vez que llegue al “reino de los cielos”? La respuesta es si.

La religión, el sistema judeo-cristiano se funda en bases individualistas. Uno hace acciones buenas porque te dicen que solo así podrás vivir a la “diestra del padre” una vez la muerte con sus largas alas haya alcanzado tu existencia. Del mismo modo, las obras malas son bien recibidas, aceptadas y hasta justificadas porque luego basta que uno se hinque, junte las manos, ponga el rostro compungido, mire al cielo con temor para pedir a su dios el “perdón de sus pecados”, tener la absolución divina, la del padre, o el de la conciencia para saberse salvo y seguir andando como si nada, para garantizar un espacio en el cielo. Un fin indiscutiblemente mezquino e individual.

El pueblo sin espíritu

El peruano es una caminante sin orgullo, un guerrero sin espíritu, un pagano sin identidad. ¿Por qué? el primer factor, sin duda, es la llegada de la cultura judeo-cristiana, el segundo, pero no menos importantes ha sido la llegada de otras culturas inferiores como la africana, o la colie china, la japonesa que, en el caso de la negra, no han hecho si no pervertir los valores que se fundían entre las culturas andinas y europeas; en tanto que las dos últimas han sido parasitarias al no aportar nada en ningún sentido posible.


Es allí donde nace la “cultura peruana”: desvirtuada, sin cohesión, sin identidad, la nación más alienada de América Latina, una vez la tierra pre colombina más importante, una vez la colonia más trascendental del reino de los castellanos, y hoy solo un punto más en la cultura importada de fuera, aquella que intenta eliminar cualquier iniciativa por encontrar la verdadera identidad de nuestro pueblo. Fuimos el punto clave para librarnos de la dominación española, en tal podemos ser el escenario primario para romper las cadenas del sistema judeo-cristiano.

La perversión de quienes dicen “somos iguales”

El sistema imperante, cuyo motor ideológico es la globalización, se ha encargado de decirnos que no hay diferencia alguna entre las culturas, que todas las personas somos iguales. Nada más falso que esto. De ser así, ¿aquél sujeto en el colectivo, un verdadero parásito, tiene los mismos derechos que yo? ¿Los terroristas comunistas que por 20 años desangraron a mi pueblo tienen los mismos derechos o son iguales a mí? Yo digo que no. Eso no me convierte en un conservador capitalista, eso me convierte en un hombre de honor que entiende los niveles, categorías en los que se desenvuelve la vida humana de acuerdo a las decisiones de cada uno.

Ahora todos, tanto blancos, mestizos, como indios están dominados por esta plaga que los ha desvirtuado, que los incita a vestirse como gente de un gueto negro, a desligarse de los asuntos de interés, a voltear la mirada dando importancia a temas flatulentos y de perversión como, por ejemplo, las drogas, la desidia, la música sin darle un sentido, un valor agregado, una acepción de identidad; cuando todo se vuelve un mero pasatiempo para mitigar el vacío que el sistema produce en las personas a nivel general.

Hasta las formas de conseguir sexo se han degradado a tal punto que hoy veo, con la mayor repulsión y desagrado, como una mujer es abordada con la más alta carencia de sentido común, digno de personas identificadas con sub-culturas decadentes que hoy han emergido de otras culturas sub normales y parasitarias. Esta falta de respeto es (también) fomentada por las mismas mujeres quienes, igualmente contaminadas por estos valores decadentes permiten su degradación, su transformación a meros objetos de placer, reducidas a una simple “pussy”. Dejamos que un judío bajo la forma moral y valorativa de un “nigger” abuse de nuestras mujeres y se perpetúe en el tiempo su sangre, su linaje pervertido mediante el sexo. Las mujeres decadentes buscan ligar con el nigger más guay, porque ser nigger ahora está de moda, es lo "IN". El “nigger” es para América Latina lo que el judío fue y, en muchos caso es, para Europa; no es un grupo de personas de cierto color o ascendencia, necesariamente, son personas con cierta escala de valores y costumbres degradadas.

Por ejemplo, que el sujeto de mi historia sea a la vez un ladrón, un adicto, un degradado y un cristiano no es ninguna coincidencia pues, teniendo en cuenta que en el fondo esta religión solo fomenta el individualismo, la misantropía, la desidia moral, el hedonismo no resulta sorprendente, pero si alarmante cuando vemos que el capitalismo y el socialismo, los órganos políticos del judeo-cristianismo se han encargado: el primero de llenar de la búsqueda de la individualidad pervertida, del goce a través del dinero y el sexo sin sentido; mientras el segundo ha llenado el cerebro a las personas de una filantropía tan escasa de conciencia, del inhumo sentido de igualdad, del materialismo entronizado y camuflado bajo las banderas del pluralismo.

La aurora de otoño

Vivimos en naciones decadentes, mediocres, occidente es una civilización decadente, el Perú es un país mediocre, y esto lo digo con la mayor de las penas, de saber que mi pueblo, el suelo donde nací, una vez habitado por hombres orgullosos que comprendían del honor, la familia, la comunidad, la sangre, la fuerza, el amor y el orgullo; hoy todo eso se ha venido abajo. Pero, y a pesar que una postura franca y abierta como la mía a muchos les sepa aborrecible y la os ignorantes risible, me reconforta saber que en este camino me he topado con gente de la misma ligazón ideológica, individuos que entienden al Perú en una escala superior a la establecida por la mentira capitalista-comunista y eso es lo positivo de este relato, de esta memoria, que de a pocos, estamos levantando la cabeza, conociendo lo que nos rodea cuando aprendemos a observar; que la aurora de otoño puede y es posible para nuestro pueblo, que el verano esponjoso pronto terminará y con ello esta gloriosa nación en pasado, historia, cultura, descendencia y ascendencia retomará las riendas de su destino. Seguramente yo y mis compañeros no lo veamos llegar, pero estaremos contentos si es que al llegar el suspiro frío de la muerte las cosas se sienten más que prometedoras.

Una historia sobre segregación (El preámbulo)


I

Sucedió un día antes del año nuevo, me encontraba regresando de un encuentro amical con una persona a quien estimo mucho, me dispuse en el paradero, esperaba a que, como ya es típico en Lima, pasase un colectivo el cual no estuviese tupido de una masa ansiosa por llenar dicho transporte.

Llegó el momento en que pude subirme a un colectivo de tamaño grande, espacioso, de esos que me dejan tan cerca de mi casa sin preocuparme por el espacio o asiento que pueda o no haber. Esta vez (asumo que por el loquerío de fiestas de fin de año) tan solo habían disponibles dos asientos al fondo del colectivo (no suelo sentarme al fondo por razones de seguridad) me dispuse a ir hacía allá.


II

A lo largo del corredor del colectivo una voz estruendosa, chirriante, asquerosa se hacía notar. Parecía decir algo al conductor, un boca a boca que el cobrador trató de calmar mandando al fondo al hombre. Era un sujeto de estatura baja, de físico insignificante, no era gordo, tenía esa delgadez escasa de salud, aquella que no es de enfermedad, sino de aquellas que miras y te producen un tanto de repulsión. Sus ropas andaban acompañadas con el color de la mugre (ya sabes a cuales me refiero) amplias, sueltas, como de aquellos que tienen preferencia por coger lo que no es de ellos y en la moda de los guetos afroamericanos y centroamericanos.

El sujeto estaba en aparente intoxicación, no pude reconocer si era bajo el influjo del alcohol o acaso algún psicotrópico volador, el hecho es que estaba en “otra nota”. Sentado atrás donde fuera recluido hablada de “dios”, que era un hijo de dios, que a los ojos de dios todos son iguales, que solo dios sabe la verdad, que todos le ignoran porque es “negro” (para mi más tiene de zambo y mulato, que de negro) salvo la verdad de “dios”, y en una ocasión, recuerdo, preguntó a la gente si preferían que robara a que hablara de “dios”. Por supuesto, nadie le hizo son ni mucho menos le respondió.

III

Muy pronto, el asco y la repulsión me invadió los sentidos, me crispaba los nervios escuchar a ese parásito balbuceando cosas que ni él creía y mucho menos practicaba (supongo que es un reflejo de lo que es ser cristiano hoy, mucha palabra y poca acción en la vida real, todos se rasgan las vestiduras pero ninguno de ellos vive de acuerdo a su dogma). Pero no era tanto su perorata insuflada de autocompasión cristiana lo que me encabronaba, sino el hecho que este sujeto, este “NIGGER” apestoso se moviera, hablara e incluso se dirigiera a alguna mujer que le miró espantado con toda la sorna del mundo.


IV

Al poco rato, cuando un par de personas se levantaron próximas a bajar, la mujer que estaba a mi lado y yo, nos fuimos, asqueados hacia delante, ambos, nuevamente, en el mismo asiento. Miento, ella lo hizo temerosa, yo lo hice lleno de arcadas, con deseos de tener en mi mano, en mi puño, una pistola, un cuchillo para acabar con la “inexistencia” de ese batracio (la justicia debería tomarse en ciertos casos bajo la propia mano, y esta debería ser abalada por un Estado verdaderamente consciente de esto, aunque la mentalidad del peruano común y simple, subdesarrollada, solo degeneraría en desorden y anarquía).

V

No tardó mucho cuando alguna otra persona en los asientos personales de adelante descendiera del colectivo, ante lo que este sujeto aprovechó para dirigirse raudo hacia el primer asiento, el que por lo general también se reserva a las personas con discapacidad, a las madres con bebés, niños pequeños, mujeres embarazadas y personas ancianas. El individuo sin sentirse avergonzado posó su raquítico culo en el sitio comenzando a hablar, nuevamente, sobre dios, que ante sus ojos todos somos iguales, una escena de por sí patética, y hasta se acomodaba dando consejos relacionados con la fatalidad a cualquier que, a propósito o casualmente, le mirase. Un sujeto desechable, déjenme decirles.


VI

Pronto llegó la hora en que yo debía bajarme, llevaba mis audífonos puestos, en parte porque no soporto la música que ponen en dichos lugares, en parte porque no soporto las aglomeraciones de gente, en parte porque detesto el sonido del griterío de las personas en espacios tan pequeños, en parte porque quiero hacer de mis viajes momentos subliminales que la música y la lectura me provocan, y pasé al costado del individuo, pareció mirarme por un microsegundo para luego continuar incansable con su cháchara cual monólogo barato, yo descendí y el “hombre” (o imitación de uno) se mantenía allí, abriendo la boca sin saber para qué sirve esta.

Ansiedad del vacío incondicional (no decanto la navidad)

sábado, 25 de diciembre de 2010


La navidad es una de esas fechas extremas donde todo parece subliminal, donde la gente parece estar llena del espíritu hiperbólico de fraternidad, amor, solidaridad. Cuando los medios te bombardean con mensajes lindos acompañados de un producto en el cual hay que gastar, aquél que garantizará la felicidad tuya y de los demás.

Una de las fechas de mayor hipocresía por el mercantilismo descarado del que todos hacen uso, usando como pretexto valores manoseados, venidos a menos para justificar el materialismo que a esta fiesta ha consumido.

Hoy es un día especial porque la gente está decidida a ser miserablemente “buena”, a sonreírle costumbrísticamente al que viene de lado, al frente o por detrás, no importa hoy si es alguien a quien detestas, no interesa si es alguien a quien no llevas mucho, no importa si es el nigger al que siempre miras con escozor. No. Porque hoy es “navidad”.

El que menos pensaría que estas fechas me fastidian y que si por mi fuera las “aboliría”. Pues no, no me molestan, crecí con ellas, hacerlo implicaría borrar o negar parte de mi niñez, parte de mi adolescencia y muchos buenos momentos en ella. Lo que no soporto, lo que he llegado a detestar del supuesto nacimiento de Cristo es la mentira, la impostación de las personas a jugar a la bondad, de simular ser todos buenos en memoria y respeto a su Dios, cuando mañana por la mañana, cuando abran los ojos, cuando los champagnes se hayan cerrado, cuando los cohetes cesen sus estruendos, todos volverán a ser lo que son en realidad, las bestias sin conciencia, moral o piedad.

Algunos me dicen que por qué critico la actitud bondadosa de estas personas; no lo se, yo critico todo, a todos, a mi mismo. No repulso la bondad, repulso la mentira, repulso la hipocresía que representa dicha actitud.


Sumado a ello, el “espíritu navideño” es algo que me carcome el alma pues, mientras en el mundo civilizado, globalizado todo se desenvuelve con un aire de esperanza, bondad y fina alegría, el resto del globo se sigue muriendo de hambre: millones de familias pasaran una noche como tantas, sin llevarse un pan, o algún que otro pan a medio pasar por la boca, No es un sentido humanitario por lo que trato de abogar, al contrario, lo que muchos denominan en estas fecha “humano” me parece de lo más bizarro, ajeno, hueco. La humanidad que en estos días se proclama es otra a la que yo tenía en mente.

No creo en Dios, y lo saben quienes me conocen, quienes me leen, y creo que esta fecha es pura sorna capitalista globalizada, de la cual hasta los zurdos, progres y caviares forman parte, se adhieren a ella (como siempre) como algo IN. Yo creo en el sentido de reunión de compartir un buen momento. Detesto los nacimientos, tan caros, tan pomposos, tan llenos de ornamenta que te dan qué pensar sobre la naturaleza de las creencias del hombre, sobre si dios, si es que es dios y si existe arriba o donde sea, le place ver tal acto de no devoción a través de una simulación de ella.

Esta fecha, desde que mi conciencia se ha vuelto más amplia, mi espíritu más crítico y mi conocimiento más abstracto, no hace sino producirme una enorme desazón, una profunda desesperanza respecto a la esencia del espíritu humano, un vacío que se cuela como depresión en mí, que me incita al sueño, al aburrimiento, que genera una ansiedad por algo que no logro descifrar, no lo se. Lo entiendo y a la vez no. Algo no encaja en todo esto, algo que no está “OK”, algo que parece absorber a todos, y a los que no, nos ataca de manera brutal punzando las emociones, las sensaciones.

La navidad no es algo que pueda decantar hace ya y más allá. Eso ahora, no se mañana que será.


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