Reflexión anti-limeña

domingo, 29 de noviembre de 2009

Usualmente se suele pensar en el Perú como un gran país, con un potencial increíble (afirmación que no carece de verdad), cuyo desarrollo a partir de los años 90 no ha sido sino una serie de superaciones “macroeconómicas”.

Sin embargo, me es difícil de pensar como un país como el Perú se puede decir estar en franco desarrollo, camino hacia la modernidad del mundo globalizado cuando la idiosincrasia de sus habitantes sigue siendo todavía la de un país atrasado. Esto lo digo pues, a pensar de toda la occidentalización y la apertura cultural, nuestro país sigue sumido en viejos complejos y actitudes que no parecen (a pesar de todo) tener cuando desaparecer.

Ya está de más decir que el país donde vivo y al cual amo se caracteriza por ser un país mojigato, donde la cultura criolla da paso a la viveza de la gente, donde las viejas salen de sus iglesias cristinas tras darse una serie de pechos para pedir la absolución de su dios para una vez fuera rajar de la otra como si aquello que prometieran “al señor” se lo hubiera llevado el mismo Diablo. El racismo que abunda por todas partes. Esas son cosas que ya la mayoría que lee esto conoce, porque todos, sin excepción hemos caído y caemos en estas taras.

Pero ese no es mi fin al escribir este post.

Cada vez que hago memoria sobre mi país y recuerdo algunas de sus glorias me doy con la sorpresa que la mayoría de sus rostros y ocasiones tienen cabida en una sola ciudad, como si esta representase a toda nación. Si. Es la ciudad donde yo vivo, es la capital de mi país. Se llama Lima y si, ella te consume y nubla tu visión de todo aquello que existe en su caótica existencia.

No hace mucho que un conductor de un programa televisivo de rock nacional decía muy a menudo “Lima no es Perú, Perú es Perú”, parece una frase algo boba, pero teniendo en cuenta la realidad nacional se vuelve todo un slogan que posee mucha fuerza y ánimos de renovación, lo cual le hace falta a una sociedad tan desfasada como la peruana y sobre todo la limeña.

Si me pongo a meditar someramente sobre el asunto, me doy cuenta que el limeño tiene una mentalidad que se podría definir como neo feudal, es decir, que es una mezcla de un cosmopolitanismo muy burdo mezclado con la pacatería criolla de las clases medias.




Eso significa que el limeño, o la gran mayoría de ellos, tienen (muy inconscientemente quizás) la idea que Lima representa todo lo que el Perú es, mientras que lo que sucede con las así llamadas “provincias” (como si Lima no fuera una provincia más) tiene poco que ver o afectar a la tranquilidad capitalina.

Del mismo modo, la actitud limeña siempre ha sido, históricamente de preferencia hacia lo extranjero. Por ejemplo; en cuestiones de viaje la mayoría siempre preferirá irse al extranjero que conocer más su propio país.

Claro, ahora habrá alguno que diga que eso ya no es así, y es cierto, pero lo que yo percibo es que ahora al Perú se lo ve como una moda, y los propios peruanos ven a su país como una moda. De la noche a la mañana todo lo que antes era visto como huachafo o “de serranos” es aceptado y difundido, se ha vuelto una expresión una expresión más dentro del “mainstream” limeño. A pesar de ello, yo no creo que esto responda a un proceso de integración, pienso que esto se debe, en parte, a que los extranjeros empezaron a usar ponchos propios del ande peruano, lo occidentalizaron y lo devolvieron al Perú para gusto y fascinación de todos los peruanos. Ahora no era ya un atuendo horrible que usan los cholos y serranos “Si los gringos lo usan, por qué nosotros no”. En tal asumo que esa moda un día pasará (pues toda moda está destinada a terminar) y lo que no puedo vislumbrar es que si eso que se inició como moda pasará a formar parte de la cultura peruana siendo un elemento de integración poderoso. Eso, desde mi punto de vista dependerá mucho en el cambio de mentalidad de nosotros los peruanos para integrarlo a nuestro sistema de valores, o dejarlo pasar como cualquier objeto de consumo y mera diversión.





Ahora bien, desde mi experiencia personal debo decir que como un viajero que siempre me he considerado hasta los 16 años andaba por varias ciudades pero con la típica visión exótica del extranjero que llega a una tierra nueva, a pesar que sabía generalmente que aquellos pobladores eran mis hermanos de nacionalidad, peruanos como yo. Lo que pasa es que yo era limeño. De la misma manera, la mayoría de personas que viajan a otras ciudades, pueblos, etc. lo hacen con la visión de un extranjero, ajeno a que los problemas de dichos lugares le pueden incumbir dado que son compatriotas.

A mi me sirvió de mucho haber vivido en alguna ciudad de la sierra, si, por un corto período, pero no bastó más para regresar a Lima con otra percepción de lo que mi país era.

En tanto miro a esta ciudad me doy cuenta lo intransigente que es con aquellos que no están dentro de su órbita. Soy un simple y vulgar periodista, sin interés alguno por la política ni la economía, pero si siento que hay mucha desidia, mucho conformismo. No baste recordar que cuando estalló la violencia de Sendero Luminoso y el MRTA en los años 80 Lima pensó que eso era una “pleito de serranos” y nadie, autoridades del Estado y gobierno, partidos políticos, las fuerzas sociales ni la sociedad civil en su conjunto hicieron nada hasta que a finales de las misma década los terroristas decidieron llevar la violencia hacia la capital, fue entonces cuando un par de bombas hacían salir a las calles a pedir la muerte de esos “hijos de puta” y con justa razón, pero ¿Por qué así no salieron a pedir su muerte cuando entraban a masacrar y arrasar a pueblos enteros en las alturas de la puna ayacuchana?

No me queda mucho por decir, pues este post no tenía la intención de hacer un análisis, nació de una reflexión sobre la nación en la cual coexisto, pero si algo más puedo agregar solo me queda decir que depende de cada uno comenzar a entender su propia situación como “peruano” dentro del Perú, este será un proceso social cuando se materialice primero como un proyecto de cambio individual y en ese caso, cada quien debe contribuir con un poco reflexión que a nadie le hace daño.


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